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Una ley de autarquía consensuada y resistida – lanacion.com

Publicado por habitués en Agosto 16, 2008

Sábado 16 de agosto de 2008 | LA NACIÓN.COM
Teatro Colón: en la mira

Una ley de autarquía consensuada y resistida

En Pro dicen que será aprobada dentro de un mes
Por Alejandro Cruz
De la Redacción de LA NACION

Todo indica que la aprobación de la ley que propone la creación del Ente Autárquico Teatro Colón, que daría a la sala autonomía funcional y autarquía financiera, es cosa de días. Claro que de aquel proyecto que el Ejecutivo porteño envió a la Legislatura a fines de febrero al que se está discutiendo por estos días en la Comisión de Cultura de la Legislatura poco y nada quedó. En aquel momento, Mauricio Macri defendió la idea diciendo que la autarquía iba a permitir al Teatro estar “más allá de los vaivenes políticos”. En los actuales momentos, mientras los legisladores de los bloques mayoritarios afinan acuerdos, las voces de algunos sindicatos y algunos trabajadores del Colón expresan públicamente su oposición a la ley.

“Al proyecto lo podríamos haber sacado sin problemas porque Pro tiene los votos necesarios, pero nos pareció mejor lograr consenso. Esa es mi forma de trabajo”, se jacta Avelino Tamargo (Pro), vicepresidente de la Comisión de Cultura. Cuando se dio a conocer el anteproyecto, la presidenta de la comisión, la kirchnerista Inés Urdapilleta, puso el grito en el cielo. “Más que el régimen de autonomía, agencia o lo que sea, hay que discutir qué van a hacer en el Colón, para qué lo quieren, cuánto más van a salir las obras de remodelación, cuándo se van a terminar y quién se hará cargo de pagarlas. Instalar el tema ahora es una maniobra distractiva”, aseguró la legisladora a principios de marzo. Sin embargo, cambió de opinión.

En este lapso, el legislador de Pro considera que el punto más complejo fue, justamente, diferenciar el anteproyecto de las polémicas, retrasadas, cuestionadas y delicadas obras de infraestructura de las cuales todavía se sabe poco porque la empresa que obtuvo la licitación, Syasa, no presentó su plan de acción (tiene plazo hasta fin de este mes), aunque el Ministerio de Desarrollo Urbano había informado que eso ocurriría esta semana.

En este marco tan complejo, los legisladores de Pro, del Frente por la Victoria y de la Coalición Cívica fueron “amasando” un nuevo proyecto basado en acuerdos. Pero no todo fueron rosas. El 21 de julio la diputada Patricia Walsh (MTS) emitió un dictamen con la intención de frenar la discusión. “Este proyecto es inoportuno en el tiempo, ya que el teatro ha sido dañado en su infraestructura [...]; mercantilista en su contenido, ya que abandona el

modelo histórico de teatro de producción propia a fin de alentar otro distinto [...]; y engañoso en su formulación, ya que no se establece una verdadera autarquía”, dice el dictamen que analiza al proyecto original.

¿Era, o es, el momento de impulsar la ley? Teresa Anchorena, otra integrante de la comisión de Cultura, sostiene: “Desde la Coalición Cívica nos pareció que sí porque el Colón todavía no está abierto. Es el momento de plantear cambios para que, cuando abra, la sala funcione de otra manera defendiendo siempre a la gente que trabaja allí”. La ex funcionaria de la Alianza pone otros ejemplos: “Al especificar en la ley que los talleres históricos del Colón sigan funcionando ahí, obligamos al Ejecutivo a que el plan de obra tenga que adaptarse a lo que dice la norma. En este tiempo también logramos que se respete el régimen de trabajo”.

Tamargo, que llegó a la política de la mano del ex menemista y ex kirchnerista Gustavo Beliz, habla de algunas “minirresistencias” en algunos sectores de los trabajadores. No quiere nombrarlos, sostiene, para no darles entidad. “El bloque del Pro, con la más absoluta complicidad del Frente para la Victoria y de la Coalición Cívica y con el visto bueno del Sutegba, está empecinado en votar y sancionar esta ley que significaría la muerte del Colón”, afirmó hace poco Máximo Parpagnoli, vocero de ATE, gremio minoritario en la sala. Tamargo insiste: “Logramos un texto consensuado con los trabajadores y hasta tomamos en cuenta un boceto de autarquía que había presentado el ibarrismo y alguna sugerencia del bloque de Patricia Walsh. Todos cedimos”.

En el marco de esta disputa, anteayer, tuvo lugar otro acto contra la autarquía. El mismo fue organizado por (algunos) trabajadores del Colón y el sindicato de músicos, Sadem. “El objetivo del gobierno es convertir al teatro en una sala de alquiler donde se realicen negocios privados, en detrimento de sus trabajadores y de su producción propia”, expresa un comunicado. Al rumor de privatizaciones encubiertas el representante macrista le pone el pecho: “Si hoy quieren disolver a los cuerpos estables, pueden hacerlo. Con la ley eso no podrá suceder. El verso de las privatizaciones es eso: un verso”.

Hecha la ley

Luego de largas jornadas de debate (léase: negociación), los representantes de los bloques que responden a Macri, los Kirchner y a Lilita Carrió fueron acercándose a un borrador cuya redacción está en sus tramos finales. Con su aprobación, ese texto debe ser remitido a las comisiones de Hacienda y Constitucionales hasta llegar al recinto. Eso, según Tamargo, sucedería el mes próximo.

Con muchas idas y con tantísimas venidas, el mes pasado el macrismo se había entusiasmado con la idea de ver a su jefe, el mismo que no apareció en la celebración de los 100 años del Colón, anunciando la nueva ley. Pero esa puesta en escena tendrá que esperar. Es que la cosa se volvió a empantanar cuando Anchorena firmó en disidencia un inciso de la ley ligado al mecanismo de aprobación de la programación.

En un principio, la fuerza que ella representa impulsó la creación de un directorio como mecanismo de control interno. Con el tiempo, se acordó que dicho directorio esté integrado por el director general, el director ejecutivo, dos vocales “de reconocida trayectoria en el ámbito cultural” y un representante elegido por los trabajadores de la sala. Menos este último, el resto sería elegido por el Ejecutivo con salarios de rango de subsecretario (para el primero) y de director general (para los restantes).

“Habíamos propuesto que el director general informe al directorio la programación -apunta Anchorena-. Pero en una de las últimas reuniones, el Frente por la Victoria apareció con un inciso que dice que el director general presenta al directorio la programación para ser aprobada. Yo me opuse porque la huella del director general es la programación, es su creación. Sus decisiones pueden ser discutidas desde lo económico pero no desde lo artístico. ¿Qué pasaría si el director general propone una programación y el directorio le dice que no? Así no se funciona”. Del despacho de Urdapilleta aclaran que ella prefiere llamarse a silencio y esperar la reunión que el martes tendrá la comisión que ella preside. En lo formal, el hecho de que Anchorena haya firmado en disidencia no traba la ley pero puso los pelos de punta a algunos legisladores.

Más allá de este ítem, con este esquema organizativo se dejó de lado otras variantes. Algunos, en off, interpretan que en la decisión de apostar a vocales elegidos por el Ejecutivo pesaron los acuerdos políticos y sospechan que la presencia de estos dos vocales irá a parar a la oposición (hasta circularon algunos nombres). “Acá todo se negocia”, dicen, y esta ley parece formar parte de una negociación más importante entre los bloques mayoritarios.

En la reunión del martes primará la búsqueda de consenso, caballito de batalla de Tamargo, o la decisión política de avanzar cueste lo que cueste. De una forma y otra, la aprobación de ley de la autarquía del Teatro Colón parece tener los días contados mientras escasean las novedades sobre las obras de infraestructura en la sala, dos directivos de la sala pasaron a retiro y la frágil programación artística perdió otra sede.

En Pro dicen que será aprobada dentro de un mes Foto: Archivo

Una ley de autarquía consensuada y resistida – lanacion.com

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