El tango y el Colón, un solo corazón – lanacion.com
Publicado por habitués en Agosto 17, 2008
Domingo 17 de agosto de 2008 | LANACION.COM
Entrelíneas
El tango y el Colón, un solo corazón
La ciudad apuesta con gran acierto, por estos días, a los festivales del 2 x 4, pero no se la nota tan entusiasmada en rescatar, de una vez, al primer coliseo
Los prejuiciosos, que nunca faltan, dirán que uno representa el arrabal y el otro, a la aristocracia. Tan irreconciliables que parecen, sin embargo, sus caminos terminan por cruzarse más de una vez, como sucedió anteanoche, cuando, sobre el escenario del teatro Avenida, Mauricio Macri se disponía a inaugurar el 10º Festival de Tango (ver pág. 8). Fue entonces cuando bajó de los palcos altos un anónimo y estridente improperio que lo emplazaba a reabrir las puertas del hoy cerradísimo Teatro Colón.
La fuerte carta que en materia de inversión, imagen y programación el gobierno autónomo de la ciudad de Buenos Aires viene jugando auspiciosamente desde hace unos días, para instalar “en el cronograma mundial” (como puntualizó durante el mismo acto el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi) agosto como el mes del tango deja por contraste, con mayor evidencia, la impresión pública de que no existen los mismos cuidados oficiales para revertir los inciertos destinos de nuestro primer coliseo.
No sólo porque las múltiples celebraciones por el centenario de la apertura del Teatro Colón, en mayo último, fueron poco difundidas y resultaron más bien modestas y carentes de mayor brillo (a excepción de los conciertos de Daniel Barenboim) y porque contaron con la “inasistencia perfecta” del jefe de gobierno, lo cual no hizo más que ratificar la falta de real y sincero aval político para solucionar con eficacia y rapidez un problema tan crucial, sino porque el mismo Lombardi reconoció anoche públicamente que Macri le pidió que se le diera prioridad absoluta al tango, por sobre las demás políticas culturales que lleva adelante la ciudad. Desgraciadamente, el Colón vive y sufre en una suerte de “limbo”, ya que, si bien aún depende formalmente del Ministerio de Cultura, allí flota una suerte de prescindencia sobre sus destinos, a la espera de que salga de una vez la demorada y discutida autarquía.
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La ciudad invierte en cultura 469.468.372 pesos, lo que representa un 3,55 por ciento del presupuesto total de la ciudad ($ 13.083.591.570). La mitad se va en el pago de sueldos de los 5528 empleados que revistan en esa órbita, más otros 33.214.052 pesos, que figuran en el rubro honorarios.
Anteanoche, también todos aquellos que nos acercamos hasta el Avenida nos encontramos, a las puertas del teatro, con las ruidosas protestas y panfleteadas de representantes de talleres culturales de los barrios, que reclamaban su continuidad y los haberes impagos. Cuestionaban, de paso, que el gobierno porteño prefiriera gastar en festivales, que duran unos pocos días, a hacerlo en actividades más permanentes como la de esos talleres.
Actualmente, la ciudad gasta en la organización anual de cuatro festivales -Bafici (cine), Ciudad Emergente (cultura joven), Mi Buenos Aires Querible (patrimonio) y Tango Buenos Aires- y tres bienales -Jazz, FIBA (teatro) y Tango Danza Contemporánea- 11.366.201 pesos.
Los festivales permiten “intervenir” artística y culturalmente temáticas, personajes y geografías de la ciudad, y no sólo involucran y dan cohesión a quienes siguen y trabajan habitualmente en estos temas, sino que pretenden interesar al vecino común y desprevenido, saliéndole al paso con un sinfín de atractivas actividades, la mayoría de ellas gratuitas o con entradas muy accesibles. Por un lado, expone y consolida públicamente lo más representativo que se produce en cada una de las materias mencionadas amalgamando tradición y vanguardia, al contribuir a fijar una muy rica y heterogénea identidad cultural colectiva. Se trata de despertar nuevas vocaciones, y estimular las nacientes, para garantizar que en el futuro la explosión de creatividad no cese nunca y se multiplique.
Así como el campo produce alimentos (carnes, vegetales, lácteos) y las industrias manufacturan artefactos (autos, heladeras, teléfonos, etc.), las grandes ciudades construyen identidad hacia adentro (para sus propios habitantes) y hacia afuera (el turismo) y la exhiben en sus múltiples maneras de ser en sus calles, el arte, la música, los espectáculos, la literatura, el deporte y la gastronomía.
Muchos de los rubros mencionados son intangibles y delicados: requieren la atención constante y sensible del Estado y, especialmente, de los particulares (desde el campo privado, individual y de las organizaciones sociales no gubernamentales). La cultura no sólo es naturalmente inclusiva y forma mejores personas y ciudadanos, sino que termina siendo una mercancía muy redituable (¿de qué vive Europa, sino de la cultura que emana de sus principales ciudades?).
Hay que aplaudir, pues, la muy buena idea del gobierno porteño de haber fusionado el Festival de Tango y el Mundial de Baile que garantiza una imponente movilización de artistas y público (calculan unos 350 mil espectadores) hasta el 1º de septiembre en torno de la música más característica de esta ciudad, en bares notables, centros culturales, teatros y el legendario salón Harrods. Diez puntos por eso, pero…
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…cero puntos por el Teatro Colón, cuya inigualable acústica y prestigio (que despertó un sinfín de vocaciones musicales en nuestro medio) supo dar la vuelta al mundo y que hoy languidece, con su edificio cerrado y herido, y su programación dispersa temática y geográficamente. Su presupuesto anual asciende a 89.582.772 pesos. Aparte de pagar los sueldos de sus empleados, ¿no habría que pensar mejor en qué gastar el resto para que luzca más mientras la sala siga clausurada? ¿Por qué la ciudad no hizo del centenario de esa sala una movida tan ostensible como la que hoy hace, con gran acierto, con el tango?
El Teatro Colón y el tango son las dos caras de una misma moneda: son equiparables emblemas muy significativos y valiosos no sólo para la ciudad de Buenos Aires, sino para toda la República Argentina. Tampoco pasan inadvertidos en el extranjero que, como pasa con nuestras carnes y cosechas, también están deseosos de consumir (¡¡¡si los dejamos!!!).
Podrá Macri arreglar todos los baches de esta ciudad y hasta lograr su sueño de contar con una policía propia, pero ni aunque lograse imponer el tango como melodía mundial, su paso a la posteridad no estará asegurado si no se involucra ya, y de manera personal y convincente, en el salvataje integral e inmediato del Teatro Colón.
El tango y el Colón son (¿qué duda cabe?) la sístole y la diástole del corazón porteño.
FOTO
Foto: Alfredo Sabat
Por Pablo Sirvén
El tango y el Colón, un solo corazón – lanacion.com
Agencia Xinhua de China:
::Abrió el mes del tango en Buenos Aires, Argentina Por Atilio Medina ::
Esta entrada fue publicada el Agosto 17, 2008 a 8:01 am y está archivada en Notas periodísticas. Etiquetado: autarquía, Lombardi, Macri, Sanguinetti. Puedes seguir los comentarios a esta entrada a través de RSS 2.0 feed. Puedes deja un comentario, o trackback desde tu propio sitio.

leticia escribió
no hay duda que a Macri no le interesa para nada el Colón; con poca inteligencia parece no darse cuenta que si interesa mucho al turismo internacional y que al menos para eso podría servir si estuviera en condiciones.
Del punto de vista cultural no vale la pena decir nada, parece ser una mala palabra para las actuales autoridades.