Paloma Herrera: "Soy una adicta al trabajo, no puedo evitarlo"
Publicado por habitués en Agosto 19, 2008
CLARÍN – Martes 19 agosto 2008
Paloma Herrera: “Soy una adicta al trabajo, no puedo evitarlo”
La argentina es primera bailarina del American Ballet Theatre, con el que acaba de terminar una gira por los EE.UU y Oriente. Vuelve para actuar en el Luna Park a fin de mes. Triste por la situación del Ballet del Colón, se pone a disposición de Olga Ferri, directora de Danza de la entidad y su primera profesora de baile.
Por: Silvia Maestrutti
A esta altura ya se sabe que Paloma Herrera no es una diva, pero igual sorprende escucharla decir que se le amontonó mucha ropa para lavar después de haber terminado en California una gira con el American Ballet Theatre (ABT), y que deberá hacerlo en el poco tiempo que le resta antes de viajar a la Argentina, donde los días 29, 30 y 31 de este mes bailará en el Luna Park con el ballet de Teatro Colón. “Vuelvo a Nueva York y tengo la valija llena de ropa para lavar y, además, después de estar un mes de gira, llego a casa y se me cae el correo encima, me tengo que poner al día con todo”, se preocupa.
Cuando habla de su casa neoyorquina se refiere al coqueto departamento a metros del Central Park en el que ha vivido desde que llegó en 1991 para bailar en la prestigiosa compañía, muy convenientemente ubicado cerca del Lincoln Center, donde baila el ABT. La ecuación, de casa al trabajo y del trabajo a casa, no puede ser más perfecta para esta primera bailarina reconocida internacionalmente por su disciplina y su pasión por la danza.
En Orange County, un municipio donde vive gente muy acaudalada, a 80 kilómetros de Los Angeles, está la mejor playa de la zona. Pero Paloma no se hizo tiempo para visitar Laguna Beach durante la semana. Su hotel está, por supuesto, enfrente al Centro de las Artes, donde junto al elenco del ABT estrenó para la costa oeste de EE.UU. una coreografía de Twyla Tharp, Rabbit and Rogue. El crítico del diario Los Angeles Times aseguró que Paloma hace lo suyo muy bien, pero que está “desaprovechada”. “Es una coreografía muy loca, los bailarines entran, salen, saltan, por momentos el escenario se queda vacío, a los críticos les resulta raro ver tantas estrellas haciendo parecer muy fáciles movimientos muy difíciles. No es la típica técnica clásica que uno está acostumbrado a ver. Es muy Twyla”, defiende. Y se ríe de las zapatillas brillosas que le hizo poner la diseñadora Norma Kamali.
Es domingo, la mañana posterior a su última función y por la noche debe tomar el avión a Nueva York. De haber sido por ella hubiera aprovechado el día para ensayar La Bayadera, el ballet que bailará con el primer bailarín del ABT, el español Angel Corella, en el Teatro Real de Madrid después de las funciones del Luna Park. La lesión del pianista le permitió tomar en cambio una clase. “Soy una adicta al trabajo, no puedo evitarlo”, confiesa riéndose. Al entrar al restaurante del hotel saluda muy amablemente a sus compañeros de baile. Se siente apenada por algunos de ellos, los del elenco estable, que no descansan nunca. “No tienen vida, es muy raro”, dice. Y aclara que ella, primera bailarina desde los 19 años, tiene al menos un día para recuperarse entre función y función.
“Anoche había una energía increíble en la sala cuando nos despedimos, fue maravilloso, es que no sólo es el término de la gira, venimos de antes, de hacer la temporada habitual en Nueva York, los meses de mayo y junio. Terminó la temporada, el domingo tuvimos día libre y el lunes nos fuimos a Japón”, recuerda. Está fascinada con Japón, dice que le encantan su cultura y su gente. Tuvo la suerte, además, de que la visitara su novio Fernando, el abogado argentino que ganó su corazón hace dos años y medio, quien se quedó acompañándola por dos semanas. “Fui la única que estuvo con su pareja en la gira, todos los demás la pasaron solos”, se solidariza.
¿Cómo funciona una pareja que vive en distintos países?
Yo voy muy seguido a Buenos Aires y él viene a visitarme o me acompaña en las giras. Lo manejamos muy bien, estamos muy bien. Todas las relaciones que tuve siempre fueron a full. Todo lo que hago tendrá sus cosas positivas y sus cosas negativas (se ríe), pero no soy una persona de hacer cosas a medias. No es mi personalidad.
¿Mantener una relación a distancia no es hacer las cosas a medias?
No. ¿Cuánta gente está con una persona porque no tiene nada mejor que hacer y en vez de estar solos prefieren estar con alguien? Yo jamás fui así. Siempre fui muy solitaria y disfruto mi tiempo estando sola. Pero cuando estoy con alguien es porque estoy cien por ciento con esa persona. Me convendría mucho más, o al menos sería mucho más barato con tanto viaje y tanto teléfono, estar con alguien que viviera a la vuelta de mi casa. Pero no estaría con alguien sólo porque me queda cómodo.
¿Tienen planes de casamiento?
No tenemos. El anillo de casamiento no te asegura nada. Lo más importante es donde está parado uno.
Te deben preguntar seguido si planeás tener hijos…
Todo el tiempo. Soy muy familiera. Es una responsabilidad enorme, pe ro pienso que se va a ir dando. Cuando llegue el día lo voy a saber. Esas cosas no se tienen que forzar.
¿Ninguna asignatura pendiente?
Ninguna. Soy muy agradecida por eso. Sé que no todos pueden disfrutar como yo de su trabajo. Bailar es mi pasión.
Tenés 32 años, a esta altura Julio Bocca ya estaba anunciando con anticipación su retiro. ¿Cómo planeás tu futuro profesional?
Lo de Julio nunca lo entendí, pero cada uno tiene su forma. Hay bailarinas que tienen 45 y siguen bailando. Tuve la suerte, y toco madera, de no haber tenido lesiones, porque uno pone el físico al límite. Mis años fueron a full, desde que entré a los 15. He tenido una carrera increíble, he viajado por todos lados, sigo teniendo roles nuevos. Para mí el ballet es puro placer. Lo que sé es que jamás estaría en el escenario si empiezo a ver que es desgastante, que me cuesta. Porque hay bailarines que ves que están sufriendo cuando bailan. Eso jamás me va a pasar.
Paloma dice “toco madera” y se golpea la frente con los nudillos. Tiene un anillo gigante que le regaló su hermana y se la pasa cambiándoselo de mano. Viste un top negro y una pollera larga rosa, el cabello negro atado en una cola, apenas unos aros colgantes. Muy sencilla, acapara las miradas a su paso por la forma elegante en que camina. Aunque su padre, abogado, ganó el juicio que le hiciera Carolina Herrera por el uso del nombre, no se ve teniendo un perfume, “al menos por el momento, uno nunca sabe”.
Asegura que no es cierto que los bailarines vivan en una burbuja, al menos no en su caso. “Mis papás se han encargado de decirme que la danza, aunque es mi pasión, no es lo único en la vida”. Y aunque no sabía cómo le había ido esa mañana a las selecciones de fútbol y básquet en los Juegos Olímpicos, se excusa por la diferencia horaria, pero jura que está más o menos enterada de lo que pasa en su país. Está ansiosa anticipando lo bien que la va a pasar en Buenos Aires, “después de que duerma una semana entera”, rodeada por su familia, con su novio, visitando a sus amigos, caminando una ciudad que dice amar con locura.
¿Volverías a vivir en Buenos Aires?
Volvería a la Argentina, claro. Hoy estoy en Nueva York por mi carrera, supongo que si no fuera por mi carrera ya estaría viviendo allá.
Olga Ferri, tu primera profesora de baile, es ahora directora de Danza del Colón y dice que está herido y en terapia intensiva. ¿Cómo pensás ayudarla?
Olga es mi mamá de la danza. Por supuesto que me pongo a su disposición para lo que necesite. Creo que es fundamental que tengan más funciones, que puedan bailar más y que los bailarines se vayan reciclando, dejándole lugar a las nuevas generaciones. Ojalá que se pueda renovar rápido el teatro para que tengan un lugar dónde bailar. Uno trabaja mucho, porque sabe que va a estar en el escenario. Si no hay funciones, es muy triste.
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