Orquesta de Cámara de Munich – lanacion.com

La Nación | Miércoles 15 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
Clásica / Concierto
Orquesta de Cámara de Munich
Deslumbrante concierto de la formación dirigida por Daniel Giglberger
Hay pocos, muy escasos conciertos en los cuales todo luce absolutamente perfecto de principio a fin. En esas ocasiones, la crítica podría reducirse a arrojar elogios y alabanzas en serie, y no estaría mal. Pero cuando se trata de explicar las razones del milagro, las disquisiciones y los comentarios se revelan como insuficientes para abarcar cada uno de los costados del fenómeno. Con todo, vale la pena el intento. La Orquesta de Cámara de Munich es lo más parecido que hay a ese tenista ideal que debería conseguir el célebre Grand Slam, esa suma de victorias en los cuatro torneos más importantes, cada uno de ellos en un tipo de superficie diferente.

Con gran soltura y una eficiencia impecable, los muniqueses asombraron y dieron una clase magistral en cuatro obras/superficies absolutamente diferentes. Y la victoria en cada uno de ellos fue irreprochable. Pasaron con firmeza y a pura música por una cantata del barroco italiano tardío; se adentraron en la oscurísima y maravillosa sinfonía de cámara de Shostakovich, a quien cuesta incluir de un modo reduccionista (y falaz) dentro del realismo socialista; ofrecieron una lectura intensa y pasional de una sinfonía del preclasicismo, y concluyeron con suficiencia y arte con una complejísima obra del romanticismo tardío, una verdadera pintura del expresionismo musical vienés. Pero además, y realmente no es poca cosa, estuvo Christiane Oelze, una soprano de capacidades ilimitadas y una musicalidad admirable.

Miradas

La mecánica y el ajuste de esta orquesta de cuerdas son deslumbrantes, y parecería que estuviera exenta de imprevistos. La veintena de músicos se sientan en dos semicírculos paralelos y dan toda la sensación de tocar solos, sin necesidad de mayores indicaciones. Daniel Giglberger, el concertino y director, apenas si señala los comienzos y finales, y sólo se remite a mínimas miradas o gestos mientras toca, ciertamente, de un modo estupendo. Por lo demás, los toques de la orquesta son completamente diferentes según cada pieza: los tempi y las intensidades son exactamente los ideales para cada una de las propuestas, y el sonido general es impecable, afinadísimo y siempre claro y transparente, aun en los momentos de mayor intensidad.

Para demostrar que los modos interpretativos son múltiples y no únicos ni canónicos, Oelze y la orquesta arrancaron con una versión sumamente teatral de una cantata de Pergolesi. La gestualidad de la soprano y su dramatismo parecieron pertinentes y hasta necesarios. En la Sinfonía de cámara de Shostakovich, se detuvieron pacientemente para destacar la tragedia, el dolor, las alegrías y los arrestos emocionales de una obra que no es sino una metáfora sobre la vida misma, la de Shostakovich en este caso. Sorprendente fue la manera de ilustrar el empfindsamer stil característico de la música de Carl Philipp Emanuel Bach, un compositor habitualmente presentado con mayor recato. Los contrastes, los silencios y la pulcritud de la ejecución se reunieron para dejar una interpretación ciertamente diferente y apasionante. En el final, Oelze, tal vez para demostrar eclecticismo y talento, volvió para ofrecer, junto a la orquesta, una interpretación extraordinaria del segundo cuarteto de Schönberg.

En el cierre, y fuera de programa, llegó "Ombra mai fu", la célebre aria de Serse, de Handel. En todos los terrenos y con suficiencia, la Orquesta de Cámara de Munich y Christiane Oelze demostraron que el Grand Slam es posible, algo que hasta ahora ni siquiera han logrado Federer o Nadal.

Pablo Kohan

Orquesta de Cámara de Munich

Christiane Oelze, una soprano de capacidades ilimitadas y una musicalidad admirable. / Fabián Marelli

Concertino y director: Daniel Giglberger. Solista: Christiane Oelze (soprano). Programa: Pergolesi: Cantata Orfeo; Shostakovich: Sinfonia de camara Op. 110; Carl Philipp Emanuel Bach: Sinfonia Hamburgo Nº 1; Schönberg: Cuarteto de cuerdas Nº 2 Op. 10. Organiza: Mozarteum Argentino. Sala: Teatro Colon.
Nuestra opinión: Excelente.

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