Bocca se enamoró del suelo uruguayo – Diario EL PAIS – Montevideo

El País (Montevideo) | Domingo 30.08.2009
Vive en malvín hace un año
Bocca se enamoró del suelo uruguayo
Varias fueron las causas que lo llevaron a radicarse en Montevideo donde encontró la paz. Así como lo hace en Buenos Aires, colaborará aquí con la danza para popularizarla. Habla de todo: Bailando por un sueño, adopción gay, la Riccetto, las alegrías y tristezas de su carrera. Y está furioso que Argentina destinara US$1.500 millones para televisar el fútbol cuando existen tantas carencias en su país.
"En ciertas cosas me pasa lo mismo que en Argentina: me da bronca cuando se tienen todos los elementos, como el Sodre y el Solís, pero no se explotan", dice.

MAGDALENA HERRERA
Durante 40 años su vida transcurrió entre escenarios, impactantes saltos, cinco estrellas, interpretaciones de Romeo o del Quijote que cosecharon excelentes críticas y premios, aplausos, Nueva York o París, y más aplausos. El 22 de diciembre de 2007, con 40 años, y tal cual lo había previsto desde tiempo atrás, colgó las zapatillas con un espectáculo memorable en el Obelisco porteño, frente a trescientas mil personas.
Sin embargo, nadie previó que el reconocido bailarín argentino Julio Bocca elegiría Montevideo para radicarse definitivamente. Hace más de un año armó las valijas y se vino, primero a la casa de unos amigos, y luego compró la propia sobre la Rambla de Malvín. Nada como despertarse y ver el mar, nada como ir de compras al supermercado sin que nadie repare en él (salvo la de la confitería que llora cada vez que lo ve), nada como la tranquilidad que encontró en la capital uruguaya.

Por supuesto que sumó la cercanía con Buenos Aires, donde continúa liderando la compañía que creó hace casi 20 años, el Ballet Argentino, semillero del que han salido artistas que hoy tallan a nivel mundial. También preside la Fundación que lleva su nombre, que tiene como cometido promover la formación de individuos en disciplinas como la danza y la comedia musical, y continúa con una cruzada que él mismo se propuso cuando aún giraba en las tablas: llevar ese arte al público masivo. Dice que los uruguayos también deberían plantearse ese desafío, que los elementos están, que sólo falta voluntad. Y que él está dispuesto a poner lo suyo.
"Montevideo me brinda tranquilidad. Necesitaba esa paz. Y cuando la comparo con Nueva York es justamente por eso, porque durante los casi 20 años que viví allí podía salir relajado al supermercado, a un restaurante, al teatro. En Buenos Aires no logro soltarme, aunque la gente no me moleste. Siento que me pueden estar mirando, que van a acercarse, sacar una foto escondida para mandar a algún lado. Es más un problema mío que de los demás", reflexiona el artista.
Es cierto que pensaba que en Uruguay encontraría mayor seguridad. "Supuse que estaría más tranquilo, pero está cada vez peor también. Me mudé y al mes me robaron la casa. Fue algo vendido, de alguien que trabajó mientras la refaccionaba, porque sabían bien dónde estaba cada cosa. Tuve que poner rejas y alambres eléctricos. Digamos que vivo en un bunker, pero esas cosas suceden en todos lados".
Pese a la mala experiencia, siente mayor armonía aquí que en su país. Describe a los uruguayos como tranquilos, intentando unir en lugar de separar. "Las leyes llegan desde el Congreso y no desde arriba. Siento que existe un respeto institucional, como en Dinamarca o Estados Unidos, los otros países donde viví. Y es lindo".
Cuando se refiere a decretos gubernamentales, y aunque se declara completamente apolítico, no puede ocultar el enojo que le provocó una de las más recientes decisiones de los Kirchner: desembolsar 6.000 millones de pesos argentinos (más de 1.500 millones de dólares) para el fútbol, para su trasmisión en televisión. "Me duele mucho que se vaya a gastar esa suma para que todos vean fútbol, y no se la destine a algo cultural, educativo, como culminar las obras del Teatro Colón. Es apenas un ejemplo, que quizás a mí me interesa, pero hay tantas otras carencias que se podrían paliar con ese dinero, que tienen que ver con la situación de la salud, con el estado de las calles. No entiendo eso de gastarlo en el fútbol, que de por sí cuenta con sponsors y dinero importante que ingresa en venta de entradas. Son cosas que no se entienden, sobre todo en un mundo como el de hoy. ¡Todo para que la gente vea gratis fútbol! Preferiría que todos pudieran leer un libro. Como artista, todo eso me cayó muy feo".
También se refiere a la escasa programación nacional cultural argentina, que queda en evidencia en el Colón. Ahora están muy avanzadas las obras, pero dice que cada gobierno cambia las directivas y la programación, y se debe comenzar de cero nuevamente. "No hay coherencia ni progreso en ese y otros temas".

-Pese a eso, ¿no se extraña vivir en una ciudad cosmopolita?
-Extraño a mi familia y amigos, pero ahora con Internet estoy en contacto continuo. Por primera vez en 42 años, en Semana Santa mi abuela, mi madre, hermana, cuñado y sobrinos vinieron a `mi casa` a pasar un fin de semana. Antes nunca pude hacerlo. El ritmo de vida no lo extraño en absoluto. Cada vez que voy vuelvo tenso, cansado, todo es a las corridas, el tráfico es un desastre. Quizás algún día pueda volver a vivir allá, me gustaría. Pero hoy no, necesito tranquilidad. Y además, en Montevideo hay muy buenos espectáculos.

-Se decía que era muy tímido, ¿es cierto?
-No, no me siento tímido. Soy una persona tranquila. Quizás se pensaba que era tímido porque no me gustaba hablar. Sobre todo más joven, porque había un montón de cosas que no sabía. Tuve la suerte de tener una carrera muy rápida, desde muy chico, pero no pude terminar mis estudios. Entonces, cuando iba a una gala y me reunía con personas de la Ópera de París, del Bolshoi o del Royal, sentía que ellos tenían una preparación educativa en otras áreas. Hablaban de cosas que yo no sabía. Por eso me quedaba callado. Cuando me hacían entrevistas, hasta me preguntaban cosas que no entendía ni las palabras, no sabía su significado. Entonces me era más fácil quedarme en silencio. Quizás di esa imagen, ¿pero cómo voy a ser tímido si salía al escenario frente a miles de personas? También esa protección que me puse sirvió luego para mantener una relación de respeto mutuo con la prensa.

-Tuvo una carrera explosiva desde joven, ¿se le fue a la cabeza en algún momento?
-Al comienzo sí. De golpe uno sale del barrio Munro, de viajar en tren o colectivo, y pasa a hoteles cinco estrellas. Y bueno, el ego comienza a salir, y además uno es argentino. Empecé a darle órdenes a mi madre, y a tratar mal a la gente alrededor mío, quizás en una forma despectiva. Pero tuve la suerte de encontrar un representante, Lino Patalano, que no sólo se preocupa por lo económico sino también por la persona. Me dio un papelito con el nombre y teléfono de su psicólogo, y me mandó allí. Me sirvió muchísimo, no sólo en ese momento sino también en otras etapas de mi vida en que me costaba decir cosas, o verlas y aceptarlas.

-¿Patalano fue un padre ante la ausencia del suyo?
-Primero fue representante, luego amigo, después amigo-padre y hoy socio. Existe una gran amistad. Lino es de esas personas por las que pongo las manos en el fuego. Fue una suerte de padre, pero lo que más me gustó de él era que estábamos trabajando por lo mismo. Le gusta el arte, y que éste sea para todos. Y eso era lo que yo más deseaba.

-¿Cree que Bailando por un sueño ayudó a popularizar la danza?
-Existen lugares en el mundo donde ese formato de programa se hace en forma seria. Cuando lo hacía (Marcelo) Tinelli, no era así. No es `bailamos por un culo`. Debe haber un estilo, una filosofía, y lo más importante: educar a la gente correctamente.

-¿Qué fue lo más triste que vivió a consecuencia de su carrera?
-No haber podido despedirme de mi hermano por estar de viaje. Falleció cuando yo tenía 20 años. Ni siquiera pude hablar por teléfono porque mi familia no me quería decir nada para que no me preocupara. Fue algo que después se habló porque a veces por protección no te dejan ser vos mismo. En lo laboral, quizás lo más triste fueron las operaciones, siete mientras bailaba, y dos el año pasado, a consecuencia de la danza. Pero sirvieron para cuidarme más. Llegué a presentarme hasta en 200 funciones anuales, y a veces estaba en un espectáculo en la tarde en Londres y en la noche en Italia. No me cuidaba y además no existían, como ahora, los pisos flotantes o aire acondicionado. Eran otras condiciones, pero igual lo disfrutaba como loco.

-Después de crear su propia compañía, tuvo críticas en cuanto a que uno era el Bocca que bailaba en el American y otro el del Ballet Argentino. ¿Las sintió mucho?
-Lo sentía más que nada en compañeros que tenían esa mentalidad de que la carrera tenía que ser como la hizo (Rudolf) Nureyev o (Mikhail) Baryshnikov: quedarse en una compañía toda la vida. En parte hice eso, ya que integré el American Ballet por 20 años. Pero el Argentino significaba volver a casa, hacer las cosas que me gustaban, trabajar con otros coreógrafos, y me divertí mucho. No me preocuparon las críticas y lo seguí haciendo. Fue maravilloso. El último tema del espectáculo con que terminé mi carrera fue A mi manera, y no fue casual. Hice mi carrera y mi vida a mi manera, y no como estaba estipulado. Pero siempre fue con profesionalismo. Durante veinte años, un maestro iba a todos lados conmigo. Si me preguntas qué bailarín viajó siempre con maestro: ninguno. Ni Nureyev ni Misha. Fue otra forma de ver las cosas: intenté llevar el ballet a algo más popular, que todos lo pudieran ver y elegir. Congregué 300 mil personas en el Obelisco. Mis invitados, bailarines extranjeros, no lo podían creer. Se puede hacer de otra manera. No tiene que ser necesariamente lo aceptado. Yo hice hasta desnudos para Playboy. Y estoy feliz porque el Ballet Argentino ha dado muchos bailarines que están en todas partes del mundo, porque se formó una escuela que tiene diez años con 2.000 alumnos, y fundamentalmente una fundación con 8 años de vida, que otorga becas a los chicos del interior para que puedan tener la posibilidad de estudiar danza durante un año en Buenos Aires, en forma gratuita. Y estamos trabajando con el Banco Ciudad para crear otros espacios, para que los niños más carenciados también accedan a una educación académica y artística.

-¿Extraña el aplauso?
-Siempre voy a llevar el baile dentro de mi. El otro día fui al Solís a ver a Zubin Mehta, e imaginé el placer que sería bailar con una orquesta así. Y me imaginaba en el escenario, girando con ese sonido, ese director. Y empiezo a fantasear. Pero después que salgo, al rato, se me va todo. Es como cuando voy a dar clases al Sodre, me siento muy bien.

-¡Cómo se ha involucrado con Uruguay! ¿Por qué?
-Todo es parte de lo mismo: el arte. Ahora, estamos comenzando el intercambio artístico entre la Fundación que presido y la del Solís, Y en septiembre vendrá Silvia Bazilis, quien dará unas clases de danza clásica para niveles avanzados. Porque la idea es intentar traer información más fresca, nueva. Se lo he dicho al elenco del Colón: ustedes están bailando en forma antigua. Siento que en el Sodre, los bailarines tienen calidad, pero les falta dinámica. También está claro que no cuentan con funciones suficientes como para estar en forma. El propósito de este primer seminario que dictará Bazilis es mostrar cómo se está trabajando en el mundo, en París, en el American, en las grandes compañías. De la misma manera que intentamos aportar en Buenos Aires, lo haremos aquí. Ahora se hará clásico, pero la idea es organizar uno de comedia musical. E incorporar a Uruguay al sistema de becas de la Fundación.

-Ha bailado con la uruguaya María Noel Riccetto, ¿se encuentra a nivel internacional?
-Es una bailarina fabulosa y espero que siga trabajando como le dije cuando la preparé para el papel de Giselle, que luego interpretó maravillosamente en el American Ballet. Tiene gran personalidad, una técnica increíble, es muy linda, dulce, simpática. Es completa. Como dije: aquí salen muy buenos bailarines. Necesita crearse una compañía donde puedan venir a mostrarse.

-¿Alguna vez se vio envuelto en un escándalo mediático?
-No, porque no contesto. En esos programas de chismes me inventaron un romance con (Esteban) Cambiasso, el jugador de fútbol. Yo ni sabía quién era. Decían que lo iba a buscar en camioneta y bla, bla, bla. Mentiras, y además soy de Boca. No, en serio, como nunca contesté ni Cambiasso tampoco, al otro día cambiaron de tema. Si uno no lo alimenta, no se ve envuelto.

-¿Mira la televisión porteña?
-No, poca. Aquí ya es argentina. El otro día miraba en Bendita TV una suerte de pelea entre los programas de la mañana por quién medía más rating. Están como en Buenos Aires. Y realmente es una lástima porque algo se está perdiendo. A veces el uruguayo se siente como chiquito. Es un país chiquito pero no tiene nada que envidiarle a otros. Siento que no lo valoran y están pendientes de lo que sucede en Brasil y Argentina. Me gusta esto de querer expandirse hacia China y Estados Unidos. ¡Si ya sabemos que el Mercosur no funciona!

"En este país se puede hacer tanto en danza"
En un momento se dijo que dirigiría el Ballet del Sodre y se manejó la idea de crear un elenco estable del Teatro Solís, en el que Bocca estuviera involucrado de alguna manera. "Debe ser algo serio, coherente, programado con dos o tres años de antemano; no de una semana a la otra. Se debe saber cuánto dinero hay de manera de armar el repertorio".
Lo del Sodre se frustró porque por ahora es impensable trabajar de la forma que lo hacen las compañías internacionales, como pretende el artista. "Primero se deben solucionar los problemas gremiales".
En cuanto a crear un elenco del Solís, integrantes del Sodre se mostraron reacios al tema. "Lo hablamos con (el director del Solís, Gerardo) Grieco, parece que existía temor de que una compañía le pudiera hacer competencia al Sodre. Pero creo que se competiría sanamente y que sería bueno para ambos. Mi intención, si sale lo del Solís, es que se trabaje en conjunto, y que las grandes producciones se realicen con ambas compañías. No soy tonto, sé que no hay una gran cantidad de público. Pero se podría armar algo serio, con diferentes repertorios y dos teatros totalmente distintos".
Así como Bocca defiende a capa y espada que el bailarín argentino merecería la jubilación a los 40 años, con 20 de trabajo, opina lo mismo para Uruguay. "No se puede tener un cuerpo de baile con gente de 50 o 60 años. Es una cuestión de ritmo, agilidad, figura, línea. Para ver lo lindo del baile se debe sentir frescura, juventud. Tampoco me parece que sea un gasto importante para el gobierno, quizás el inicial. Es necesario para avanzar y competir en el mundo. Hay bailarines uruguayos muy buenos, en el país y en el exterior, que vendrían si se arma algo serio. Tenemos los elementos, falta la voluntad".
Y se entusiasma: "El Sodre vivió el gran esplendor. Me da bronca cuando algo está y no se explota, igual que el Colón. Está el Solís, ¿por qué no hacer funciones? ¿Por qué no programar giras en conjunto con las intendencias departamentales si hay salas lindísimas en el interior? He bailado en teatros maravillosos de dos por dos, como el de Jujuy. Daba un salto y estaba del otro lado del escenario. Pero se le da la oportunidad a la gente de ver danza; eso es lo que importa".
"Me gustaría adoptar un hijo"
A veces no logra entender las polémicas que se desatan. "Siento que vengo del futuro", dice, cuando observa que aún existen personas que se encierran en preconceptos. "Tener opiniones diferentes es una cosa, pero decir barbaridades es otra. En todo este debate de la adopción de las parejas gay se ha escuchado decir cada cosa. Siguiendo esas opiniones, también se debería prohibir el divorcio porque tampoco es bueno para el niño. Lo importante es que se piense en el chico, que tendrá una buena educación, una familia, alimentación y fundamentalmente un futuro. Y que no suceda lo que actualmente se ve, que se pasa la vida en lugares donde escapa, para comprar droga como la pasta base, que es un mierda, o que esté robando. No entiendo el debate: lo que debería preocupar es que no pase nada de eso, que haya más seguridad, que los niños tengan una buena educación o, de lo contrario, que los padres se hagan responsables. Y también, de educar a los padres para que sepan cómo deben hacer lo mismo con sus hijos. Las cosas deben armarse con tiempo, con organización, con previsión…. como en la danza", señala Julio Bocca.

-¿Le gustaría adoptar un hijo?
-Sí, me gustaría porque también es una forma de darle una posibilidad a un chico. Quizás yo ya lo siento a través de todo lo que estamos realizando en la Escuela de Danza de Buenos Aires, donde le damos una oportunidad de salir de la calle y de educarse. Pero sí me gustaría adoptar un niño, aunque recién ahora tengo tiempo para mí, y estoy empezando a ver cosas, a estar en mi casa (antes sólo pasaba allí 80 días, el resto en hoteles). En principio, quiero disfrutar un poco de todo esto.

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