Reparación histórica, inevitablemente tardía – Criticadigital.com

Crítica de la Argentina |
espectáculo en Homenaje a Mauricio Kagel
Reparación histórica, inevitablemente tardía
En ocasión de cumplirse un año de su fallecimiento, y de la distinción con el Premio Konex de Honor 2009, la Fundación Konex realizará hoy un concierto in memoriam montado por la coreógrafa Diana Theocaridis.
Claudio Koremblit 15.11.2009
Tres años atrás, con el Festival Kagel que organizó el Centro de Experimentación del Teatro Colón, se logró dar por terminado el estigma que marcó el exilio y la exclusión del medio local del compositor más genial que haya dado nuestro país.
Hoy, más precisamente a las 16.30 en Ciudad Konex (Sarmiento 3131), la misma encargada de aquel Festival de 2006 (Diana Theocaridis, antes desde su cargo en la dirección del CETC y ahora como coreógrafa y directora general) ofrece, a manera de homenaje póstumo, un montaje con tres obras integradas en un concierto-espectáculo.

Cabe recordar que, desde su última presentación pública en 1974, en el Teatro Coliseo, no hubo más noticias de la presencia pública de Mauricio Kagel en nuestro país. Pasó la dictadura que él tanto deploró, con sus “embajadores culturales”, a quienes no dejó de repudiar cuando lo llamaban para invitarlo a sus conciertos. Pasaron los primeros gobiernos democráticos, sin que se lo invite ni se lo programe en las salas oficiales. Y así pasó casi la vida entera.
Porque Kagel fue un compositor revolucionario y sus colegas en el poder lo envidiaban y le temían: era el mejor. Desde 1954, cuando creó la Música para la Torre, en Mendoza, la primera obra electroacústica, concreta, instalación sonora e intervención sitio-específica, hasta 2008, inventó mucha de la música que abrió las puertas de la contemporaneidad, dejando huellas imborrables que muchos otros siguieron. Nuestra cultura, a menudo cruel con sus mejores artistas, le permitió un último deseo dos años antes de su muerte, y ahora lo premia póstumamente con tributos y distinciones.
“Después del Festival del 2006 –cuenta Theocaridis– Kagel me dijo que le gustaría que se hicieran las obras Dos actos y La Torre de Babel en un mismo programa. Zwei akte es una obra escénica en la cual durante media hora hay dos personajes en un vestuario, acompañados musicalmente por un arpa y un saxo. La Torre de Babel es un ciclo de canciones en distintos idiomas con un mismo texto bíblico en que Yahvé dice: ‘Bajemos y confundamos sus lenguas’. Entonces, cuando la Fundación Konex ofreció esta sala pensamos en un homenaje, sumando las Marchas para malograr la victoria, con Marcelo Delgado y la Compañía Oblicua. Hicimos una mezcla palimpséstica, como un sueño, un poco como él quería, un montaje de sus obras”.

–¿Cuál te parece que era el sentido de esa reunión de timbres disímiles, personajes opuestos y lenguas confundidas?
–Al principio no entendía por qué quería juntar estas obras que son tan diferentes, me parecía que no se iba a entender. A mí jamás se me hubiera ocurrido agarrar esa pieza de saxo y arpa, pero ahora que estoy en el final del montaje me doy cuenta de que todo es muy fragmentario pero se intercomunica: la confusión de las lenguas babélicas, el saxo y el arpa, el hombre y la mujer. Y toda su obra es así, un montaje.

–¿Cómo se conocieron y cómo lograste concretar el Festival Kagel de 2006?
–Cuando dirigí el CETC viajé hasta Holanda, donde él estaba trabajando y lo invité. Era muy reacio y estaba convencido de que ya no vendría nunca más, pero percibí que tenía muchos deseos de volver. Allí comenzamos a armar un programa que terminó siendo un festival.

–Lograste en poco tiempo lo que Gerardo Gandini no pudo hacer en los 14 años anteriores en que dirigió el CETC.
–Él me contó que lo habían invitado varias veces y que siempre se había caído. Él ponía en marcha las acciones para venir y después no le contestaban las cartas. Decía que acá no había gente seria en la cultura oficial. Hubo gestiones los años anteriores, de Emilio Basaldúa y de Gabriel Senanes, pero nunca se lo invitó desde el CETC.
La rivalidad histórica entre Kagel y Gandini, a cargo del CETC de 1990 a 2004 y por temporadas también director musical del gran teatro porteño, data de los años del proceso militar, cuando a su paso por Colonia, auspiciado por la Cancillería argentina, Gandini padeció una descortesía por parte de Kagel, quien se negó a concurrir a su presentación, con palabras poco amables hacia el cónsul argentino en la ciudad.
–Yo lo llamé durante 11 meses casi todos los días –continúa Diana– para concretar el Festival, y él era muy perfeccionista, cuidaba todos los detalles, hablaba telefónicamente con los traductores, revisaba todas las notas del programa. Iban y venían llamados, sobre las obras, los días de presentación, me preguntaba por cada cantante, los intérpretes, la filmación documental Süden, de Gastón Solnicki. Hubo una intervención muy directa en todos los pasos.

–¿Qué está diciendo nuestra cultura al tardar 40 años en reconocer a uno de los más grandes compositores del siglo XX?
–En Argentina hay algo inexplicable, que consiste en borrar el pasado inmediatamente anterior. Ocurre en todos los planos de la cultura: algo se corta, se pierde siempre un eslabón. El que viene después destruye todo para volver a empezar de cero.

–Hace tres años, el Teatro Colón producía la reivindicación histórica de Kagel, su vuelta a casa, hoy él ya no está, pero tampoco el Colón. ¿Qué nos dicen esos signos?
–El edificio del Teatro Colón no es lo más importante, sino los artistas y la gente que trabaja ahí adentro. La dirección que toma esa institución es algo inmaterial, no es el edificio. A mí no me preocupa, por más que sea un edificio emblemático. Es más preocupante la institución en sí, como espacio para que ciertas cosas ocurran.
Como reflexión final, es inevitable pensar en el hecho de días atrás, las lágrimas de Pamela, la hija de Kagel, al recibir el premio Konex de Honor. Son la respuesta silenciosa y musical a una reparación histórica inevitablemente tardía, cuando el incomparable artista ya no está entre nosotros.
 
En el 2006 y en el 2009 también. Theocaridis, siempre vinculada al gran Kagel.
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