La Opinión Rafaela – Historia del Edificio del Teatro Colón

La Opinión (Rafaela) Lunes 19 de Abril de 2010
PATRIMONIO – CONSERVACION – RESTAURACION
Historia del Edificio del Teatro Colón
El Teatro Colón de Buenos Aires es uno de los mayores y mejores teatros de ópera del mundo, principalmente por su excepcional calidad acústica, pero también por su notable valor arquitectónico, por su funcionalidad para la representación y ejecución de las obras artísticas teatrales y musicales, por la jerarquía, hospitalidad y comodidad de su Sala y por la belleza de su diseño, especialmente en los interiores como la Sala, los Salones y el Foyer.
El edificio está ubicado en la zona céntrica, dentro de la traza fundacional de la ciudad, que data de 1580. Está emplazado frente a Plaza Lavalle, a una cuadra del Palacio de Justicia (sede de la Suprema Corte de la Nación). La entrada de honor se produce desde la calle Libertad 611 (34°36’04» S – 58°23’01» O). El edificio histórico ocupa un terreno aislado, lo que garantiza excelentes perspectivas urbanas y facilidad de acceso.

El Teatro Colón pertenece a la Ciudad y su creación se debe a una iniciativa del Intendente Torcuato de Alvear. La idea surgió en 1886 y en 1889 se realizó una licitación pública para su construcción, en la cual triunfó la propuesta del músico y empresario de ópera italiano residente en Argentina, Angelo Ferrari (1835-1897), quien acompañó su oferta con un proyecto del arquitecto e ingeniero italiano Francesco Tamburini (1846-1890). Ferrari poseía una larga y acreditada experiencia empresarial en Buenos Aires y en Italia, y Tamburini, garibaldino residente en Buenos Aires, quien se había graduado en Bolonia y había sido Profesor en Urbino, Pisa y en Roma, tenía una sólida formación artística y técnica. El proyecto era notablemente adecuado y magnífico.
En 1890 falleció Tamburini, cuando la construcción apenas llegaba al primer nivel, y se hizo cargo de la continuación su colaborador, el arquitecto italiano Vittorio Meano (1860-1904), formado en Turín. En 1892 Meano introdujo cambios sensibles en el proyecto y continuó dirigiendo la obra, de lenta ejecución, hasta su muerte. Entonces asumió la dirección el arquitecto belga Jules Dormal (1846-1924), a quien se deben principalmente las terminaciones interiores de refinada calidad y rica ornamentación.
El Teatro Colón fue inaugurado, sin estar totalmente terminado, el 25 de mayo de 1908. Dos años después, para la celebración del Centenario de la Argentina, el edificio tenía ya completa la mayor parte de sus detalles. Posteriormente, en 1925 y en 1932, se agregaron mejoras importantes. Entre 1935 y 1938 se hizo la primera gran ampliación subterránea, y la segunda se realizó entre 1968 y 1972, conformando un conjunto edilicio de gran tamaño y complejidad.

Un edificio de alta tecnología
Tan importante es el Colón para Buenos Aires que su historia y sus virtudes han sido descriptas y ponderadas infinidad de veces. Existe una respetable cantidad de libros que cuentan la vida artística del Teatro, y plumas tan autorizadas como la del arquitecto Alberto Bellucci han resaltado con generosidad sus méritos arquitectónicos. Sin embargo, desde el punto de vista edilicio, el Colón es un edificio mucho más grande, complejo e interesante de lo que razonablemente puede anotarse, sin fatigar al lector, en un texto dirigido a un público sensible al arte y entendido en ópera y música.
Y es justamente esa complejidad la que exigió una investigación minuciosa, mucho más allá de la necesaria para describir acertadamente el edificio y hacerle justicia a su belleza. Esta historia complementaria y extensa es la que ahora sirve para intervenir físicamente en el edificio, cuidando que sus valores como la acústica, la calidad constructiva y la armonía estética sean adecuadamente reconocidos, precisados y preservados.
Así, el Colón no es sólo la obra de tres arquitectos de excelente inspiración y acertada actuación. Un edificio de su tamaño y envergadura técnica, nunca hubiera sido construido sin el concurso de una gran cantidad de profesionales de alto nivel, sin las empresas fabricantes, proveedoras y constructoras adecuadas y sin los artistas pintores, escultores, artesanos y obreros que han hecho del Colón una verdadera obra de arte integral.
El legajo histórico del Teatro Colón incluye necesariamente el análisis del aporte sustancial a la obra realizada por profesionales como Domingo Selva -ingeniero y pionero argentino en materia de complejas estructuras resistentes-, Carlos Maschwitz (ingeniero responsable del sistema de calefacción), el ingeniero electricista Jorge Newbery (famoso como precursor de la aviación argentina, pero menos conocido por su actuación como discípulo directo de Edison, Director de Alumbrado de Buenos Aires, y especialista decisivo en el diseño eléctrico del Colón), José María Calaza (el erudito Director de Bomberos de la ciudad, que fue jurado, asesor y supervisor de los sistemas contra incendio de toda la obra del Colón, entre 1889 y 1908. Esta actuación técnica quedó registrada en uno de los tres tomos que publicó sobre seguridad en teatros) y escultores como Luigi Trinchero (autor de una cantidad de ornamentos artísticos y esculturas del edificio), pintores como Marcel Jambon (proveedor parisino de escenografías y decorados para muchos de los principales teatros de ópera del mundo en su tiempo), y empresarios como Italo Armellini y Francesco Saverio Pellizzari (a quienes se debe en gran medida la eficacia y calidad de ejecución con que el Colón se convirtió en el magnífico teatro inaugurado en 1908, en un edificio que testimonia la alta tecnología de su época).

Una historia que no había sido escrita.
Una de las tareas de apoyo continuadas que se lleva adelante dentro del conjunto de acciones del Plan de Obras del Teatro Colón, es la investigación histórica sobre formas, materiales, tecnología, sistemas constructivos, oficios y ciencias aplicadas entre 1889 y 1908 y después, para la ejecución de la obra. Reconstruir el oficio de los antiguos artesanos (como los notables estucadores del Foyer), recuperar toda la información técnica acerca de las decisiones cromáticas de 1907, hallar la documentación planimétrica de las estructuras metálicas originales y verificar en la obra la concordancia entre los planos de proyecto y lo ejecutado, redescubrir las fórmulas industriales de la fabricación de las teselas de gres cerámico de los pisos, y recuperar información precisa sobre mármoles y canteras, son sólo algunos de los cotidianos esfuerzos por ajustar al máximo nivel posible la certeza acerca de la procedencia, calidad y técnica de cada uno de los componentes.
Toda esta información construye una historia mucho más detallada y completa de una obra como el Colón, que ha sido reconocida oficialmente como Monumento Histórico Nacional, y que, sin dudas, es reconocida como tal no sólo por el ambiente musical y teatral argentino y por la ciudadanía, sino también por personalidades de la más alta autoridad en el mundo en estos temas.
Esta historia ampliada y profundizada del Teatro Colón es otro de los aportes del Plan de Obras en ejecución. Y era imprescindible para la intervención, porque al entrar al siglo XXI, el Colón lucía toda su calidad y su belleza, pero amenazadas por un gravísimo riesgo de deterioro progresivo y eventual destrucción. Más aún: si se tiene en cuenta que el peor enemigo de los grandes teatros es el incendio, es un hecho documentado que el Colón no hubiera podido resistir semejante siniestro. La intervención en el edificio se había tornado apremiante. Y, además, como urgía actualizar tecnológicamente al Teatro a tono con el siglo XXI, era indispensable diferenciar lo original y valioso de lo modificado sin trascendencia o con daño a la integridad esencial del edificio.
Como la misma construcción del Teatro Colón entre 1889 y 1908, estas obras y estas investigaciones son producto de un trabajo integrado de equipos profesionales y también de la contribución de muchísimas personas, entre las cuales no sería justo olvidar a integrantes de instituciones públicas y privadas, artistas, profesionales, técnicos y artesanos que en algún momento de sus vidas han trabajado en obras del Colón, a descendientes de los autores del edificio inaugurado en 1908 y a investigadores, profesores, coleccionistas y memoriosos de ánimo filantrópico y espíritu público que, ajenos a todo egoísmo, han sumado su aporte para que las obras del Colón puedan realizarse del mejor modo, a fin de que Buenos Aires y el mundo recuperen a la mayor brevedad el Teatro en toda su plenitud.

Teatro Colón 2009: Un edificio en obra.
A esta otra historia del edificio del Teatro Colón, es posible agregar un dato más: las actuales obras pasan ahora a ocupar, por su importancia y desarrollo conceptual y técnico, otro capítulo decididamente importante en la historia total del edificio del Teatro Colón de Buenos Aires.
En 2000 el Poder Ejecutivo de la Ciudad, mediante la Subsecretaría de Patrimonio Cultural, convocó a la Dirección General de Infraestructura para elaborar un "Plan Maestro" para la puesta en valor y la actualización tecnológica del edificio del Teatro Colón.
Ocho años después, el Plan de Obras establecido en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Urbano del Gobierno de la Ciudad abarca la totalidad del complejo edilicio para conformar una intervención integral. A la ampliación de la envergadura del emprendimiento, le siguieron los necesarios cambios institucionales del Teatro.
Camino al año 2010.
Para poder completar las obras, que afectan en esta etapa a la Sala y a los principales sectores de acceso público, el Teatro Colón permanece cerrado. Esta es una enorme tarea que incluye a cientos de obreros, maquinarias sofisticadas y extremas medidas de seguridad para evitar todo riesgo.
En 2008, el entonces recientemente asumido Jefe de Gobierno de la Ciudad, Ing. Mauricio Macri, tomó la decisión de otorgarles prioridad a las obras del Colón, y encomendó al Ministerio de Desarrollo Urbano reformular el plan de las obras, extendiéndolo a los 58.000 m2 totales.
Para el logro de este objetivo, el Gobierno de la Ciudad creó la Unidad de Proyectos Especiales (UPE-Teatro Colón), responsable de concentrar todos los esfuerzos de las obras en marcha, y solicitó a la Legislatura un presupuesto acorde con el valioso emprendimiento.
En la actualidad trabajan en las obras de recuperación del Teatro Colón más de 500 operarios y expertos. Todas las áreas principales del Teatro serán terminadas antes de su reapertura en 2010, mientras que las llamadas "obras complementarias", es decir, la nueva ampliación del complejo edilicio (futuro Bloque C), aledaña al edificio histórico, será terminada posteriormente.
Buenos Aires y el mundo tendrán un Teatro Colón del siglo XXI con todo el valor del siglo XIX, preservado científicamente y enriquecido con el porvenir de un nuevo siglo de cultura teatral y musical.
Mgter/Arquitecto
Daniel Birchner

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