Encuentro de mundos musicales – lanacion.com

La Nación | Sábado 12 de junio de 2010 | Publicado en edición impresa 
Encuentro de mundos musicales
La Filarmónica, con Jean-Yves Thibaudet como solista, interpretó a Gershwin y homenajeó a Horacio Salgán
2° Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires . Directora: Shi-Yeon Sung. Solista: Jean-Yves Thibaudet (piano). Programa: Rocaná, de Unsuk Chin; Concierto para piano y orquesta en fa mayor, de George Gershwin; Sinfonía en re menor, de Cesar Franck. Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy buena
La simpatía de Jean-Yves Thibaudet, su naturalidad entre aristocrática y humilde, resultó evidente aun antes de empezar a tocar: cuando, apenas después de subir al escenario, confundió en el saludo a otro violín con la concertino, salió del paso con una simple sonrisa y encogiéndose de hombros. Pero aunque la incluye, la palabra "simpatía" es demasiado ligera para lo que vino después. La interpretación del Concierto en fa de George Gershwin fue magistral de principio a fin. La obra no tiene secretos para el pianista, y quizá por eso consigue que resulte para nosotros singularmente misteriosa.

Sin duda, la lectura de Thibaudet está filtrada por su conocimiento del jazz (más allá de su imbatible sentido del swing, clarísimo en el tercer movimiento, hubo un aire general de feliz improvisación), pero también por la intimidad con la obra para piano de Maurice Ravel. En el segundo movimiento, por ejemplo, uno de los momentos más hermosos de la música norteamericana, la apoyatura con la que entra el piano deparó el efecto de una detención casi imperceptible antes de precipitarse en la nota siguiente. Ese instante brevísimo abrió un abismo: en lugar de la felicidad que habita en la música de Gershwin, Thibaudet mostró algo más complejo: el recuerdo de esa felicidad, como si la alegría del Concierto? ya no nos perteneciera.

Fanático confeso de Horacio Salgán, el pianista convirtió su encore en un homenaje al maestro con un arreglo para piano y orquesta de "A fuego lento" preparado por José Carli. Desde un palco, Salgán, con su recato habitual, pero visible satisfacción, celebró la versión, que Thibaudet tocó con auténtico fervor.

Energía inverosímil

Pero los méritos del concierto no correspondieron solamente al solista. La joven directora coreana Shi-Yeon Sung, de cuerpo pequeñísimo y energía inverosímil, fue una verdadera revelación. Su formidable sensibilidad rítmica acompañó de la mejor manera a Gershwin, y su sutileza se manifestó ya desde Rocaná, la obra que abrió el programa. También coreana, la compositora Unsuk Chin delimita con una escritura refinadísima un universo de apariencia onírica entre dos golpes: lo que sucede entre esos dos puntos podría resumirse como una pugna entre un secreto que la cuerda (en pianissimo y con frecuentes glissandi ) no revela y un discurso sin dobleces en los metales y la percusión. Aunque el arsenal de la percusión podría remitir al exotismo oriental, se trata de una obra colorista sin colores locales.

Más allá de algunas desafinaciones, Sung logró un ajuste casi perfecto en la Filarmónica. En el final, la Sinfonía en re menor de Franck sonó conmovedora y cortante. El "Allegretto", con la intervención decisiva de Maximiano Storani en el corno inglés, tuvo un lirismo punzante. La obra y el concierto parecieron cerrados sobre sí mismos con la persuasión de un círculo sin fisuras.

Pablo Gianera
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