Ballet del Colón: Compañía rigurosamente maltratada | Diario Z

Diario Z | Jueves 8 de julio de 2010
Ballet del Colón: Compañía rigurosamente maltratada
Bailarines del Ballet estable, intimados a jubilarse por el Gobierno.
Desde la transferencia del sistema previsional de la entonces Muni­cipalidad de la Ciudad de Bue­nos Aires al sistema nacional del ANSES, ordenado por el ex presidente Car­los Menem en 1994, el régimen diferencial del que gozaban los integrantes del Ballet del Teatro Colón quedó sin efecto y en 1996 fue suspendido por el Concejo Deliberante, que lo había sancionado, a la espera de que el Congreso Nacional dictara la norma que la nueva ley jubilatoria le impone.
Transcurridos catorce años nunca se lo­gró que esa ley se dictara ni ningún bailarín pudo obtener el beneficio jubilatorio, dado el desinterés de las autoridades que se sucedie­ron en sancionar una norma que regulara el régimen diferencial que la actividad requie­re. Esto se sumó a la cada vez más deterio­rada situación de la compañía, sometida en­tre otras calamidades a pagos de salario en negro, omisión de concursos para la carrera, congelamiento de hecho de vacantes y diver­sas situaciones intolerables en cualquier rela­ción laboral, sea pública o privada.

Además, se redujeron paulatinamente la cantidad de funciones que cualquier organis­mo de igual dimensión y calidad requieren para cumplir con la misión para la cual han sido creadas y el Estado las sostiene. Esta si­tuación se agudizó con el cierre del teatro, que les quitó sede y lugar digno para realizar ensayos, entrenamiento y funciones.
Poco antes de la terminación del año y sin previo aviso, más de la mitad de los bai­larines recibieron una intimación a iniciar los trámites jubilatorios, sin reunir ninguno de los requisitos que la ley general determina ni haberse dictado un nuevo régimen dife­rencial que los proteja y les asegure un ha­ber digno. Si bien las intimaciones han sido suspendidas precautoriamente por la Justi­cia de la Ciudad Autónoma de Buenos Ai­res, el Gobierno de la de Buenos Aires no ha dejado sin efecto una medida sin fundamen­to, que genera más desaliento a quienes lue­go de esforza­dos estudios y concursos de ingreso, deben desarrollar una profesión artística de com­promiso y riesgo.
Si un Estado adopta la decisión políti­ca de sostener un cuerpo artístico porque considera que es socialmente útil que se de­sarrolle un arte de alta complejidad, debe acompañar esa decisión con el otorgamien­to de los medios materiales y los sistemas administrativos adecuados. Los integrantes de un cuerpo estable forman parte del pa­trimonio cultural viviente de una comunidad y deben ser cuidados porque son quienes garantizan la continuidad de una disciplina, la memoria muscular y sensible de un reper­torio, la posibilidad de su continuidad tem­poral y de cumplimien­to con la función social que el arte tiene en una sociedad democrática: promover el bienestar general.
Para que esto suce­da deben adoptarse los reglamentos de traba­jo y los sistemas previ­sionales que garanticen la adecuada contrapres­tación de tan particular tarea. El olvido de regu­lar equitativamente un cuerpo artístico ca­paz de interpretar las obras más complejas del repertorio y que en las últimas décadas formó a algunos de los bailarines más im­portantes de la danza internacional, resulta injustificable para un Estado que tanto en la Constitución Nacional como en la Constitu­ción de la Ciudad Autónoma de Buenos Ai­res ha asumido la responsabilidad de pro­mover y preservar sus bienes culturales, que no son sólo edificios y obras materiales sino también personas que merecen el buen tra­to de quienes gobiernan.
Tal vez las acertadas y múltiples decisio­nes judiciales conduzcan a las autoridades a rectificar el error de intimar a jubilarse a quienes carecen de un régimen específico y no cumplen los requisitos del régimen ge­neral. Esta decisión resultaría muy acertada porque en este transcurso los integrantes de la compañía no duermen el sueño plácido y esperanzado de la "bella durmiente", sino una amenazadora y evitable pesadilla.
José Miguel Onaindia Especial para Diario Z

 

 
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