MC :: En la muerte de Tullio Boni

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En la muerte de Tullio Boni
Jorge Binaghi
Ocurrió el 28 de agosto, si mis informaciones son buenas. Tengo entendido que salió una breve nota en el periódico La Nación de Buenos Aires. Ciertamente no fue el Colón la única sala para la que trabajó el maestro, sobre todo después de dejar en 1967, tras dieciséis temporadas, la Argentina y volver a su Italia natal.

Si su sucesor fue el también recordado Romano Gandolfi, la fama bien ganada del coro estable del Colón se debió sobre todo a Boni. imagenAunque durante su actuación el coro cantaba básicamente en italiano y francés (recuerdo un Lohengrin en fecha tan tardía como 1964), cómo cantaba, con qué precisión, colores, matices, vigor, ductilidad, afinación perfecta y pianísimos etéreos (las óperas de Verdi y Mussorgski en particular, pero sin olvidar Bizet, Berlioz o Saint-Saens). No voy a entrar en las anécdotas de los tantos directores y cantantes famosos que llegaban intrigados por lo que contaban otros colegas y la admiración que invariablemente manifestaban luego del primer contacto. Porque la acústica extraordinaria estaba, pero para que se luciera hacía falta el trabajo infatigable de tantos, solistas y cuerpos estables.
Supongo que hoy no es demasiado ‘vendible’ ni está en los primeros puestos de la ‘venta por imagen’ un maestro de coro. Y sin embargo, sin él no hay espectáculo completo. Y que también dejan su ‘marca’ o su ‘estilo’ lo prueba un hecho que me ocurrió allá por 1994 en un pasillo de La Monnaie de Bruselas. Hacía una temporada y algo más que Antonio Pappano se había convertido en director musical para alegría de todos, y un director de coro joven, primero asistente, se convertiría en su colaborador más asiduo (al punto de que hoy siguen trabajando juntos en el Covent Garden de Londres). No sólo la orquesta se había transfigurado; el coro estaba muy cambiado (también en positivo), pero a mí había momentos en que me hacía recordar al del Colón de mis años mozos. Literalmente tropecé con Renato Balsadonna en un intervalo, y tras felicitarlo por su labor le comenté lo que me sucedía por momentos cuando escuchaba al coro. Se trata de un hombre simpático y más bien sonriente, pero todavía recuerdo el brillo particular de sus ojos y la alegría desbordante de su amplia sonrisa cuando me dijo que le había hecho el mejor elogio posible. Había estudiado y trabajado con Boni y Gandolfi, les tenía un enorme aprecio y por ellos había sabido de lo que era el coro del Colón en sus manos. No he querido molestar al maestro Balsadonna aunque un recuerdo suyo tendría mucho más mérito e interés que el mío. Tal vez alguien lo contacte, pero soy escéptico: todo lo que no es ‘actual’ y no ‘vende’ interesa poco, por no decir nada, incluso a quienes no debiera. El maestro Boni tuvo una larga y fecunda vida, y cumplió de modo sobresaliente con su profesión. ¿Parece poco?
Este artículo fue publicado el 14/09/2010
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