MC :: Barenboim y la Scala: impresionante ‘Requiem’

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Barenboim y la Scala: impresionante ‘Requiem’
Carlos Singer
Buenos Aires, 30/08/2010. Teatro Colón. Giuseppe Verdi, Messa da Requiem. Marina Poplavskaya, soprano; Sonia Ganassi, mezzosoprano; Giuseppe Filianoti, tenor, y Kwangchul Youn, bajo. Orquesta y Coro del Teatro Alla Scala de Milán. Director: Daniel Barenboim. 4ª sesión del Abono Bicentenario. Temporada 2010 del Teatro Colón
Hasta esta visita, todos considerábamos a Daniel Barenboim mucho más cercano a la música germana, con Beethoven, Wagner o incluso Mozart como autores más afines, que al lenguaje de Verdi. Incluso no sorprendió demasiado que dirigiese Aida con partitura. Pero es indudable que un artista privilegiado como es él, se adapta con enorme destreza a cualquier repertorio y sus versiones de las obras del músico italiano resultaron sumamente idiomáticas.

imagenEscuchar el imponente Requiem a cargo de todos elementos visitantes parece un lujo asiático que difícilmente se repita (y mejor no pensar demasiado en el desmesurado importe que, según se comenta, hubo que desembolsar para retribuir este supuesto “regalo” de Italia a la Argentina en su Bicentenario). Tuvimos así oportunidad de apreciar esta magna partitura en su incomparable grandeza y la impresión que dejó en todos quienes estuvimos presentes en la sala colmándola -una vez más y ya perdí la cuenta de la cantidad de veces en que el hecho se repitió en días casi consecutivos y de nuevo con bastante público de pie a ambos lados de la platea- fue honda y persistente.
Como ya sucediera con las sinfonías beethovenianas, Barenboim acentúa en su lectura los aspectos más dramáticos de la obra, recreándose en su exacerbado carácter, que no tiene nada de litúrgico sino más bien de teatral. Obtiene de orquesta y coro un excepcional rango dinámico, desde un comienzo que apenas se percibe hasta la tremenda pujanza del ‘Dies Irae’. Para mi sorpresa, el final no estuvo tan bien logrado, desde luego siendo exigente al máximo, como lo amerita la calidad de los intérpretes: si bien soprano, coro y cuerdas alcanzaron ese extremo pianísimo que pide el autor, los acordes graves conclusivos de todos los vientos tuvieron un volumen algo por encima de lo ideal. Sé que para ciertos instrumentos -los metales en especial- lograrlo es tremendamente engorroso, pero quizás se hubiese podido conseguir.

© 2010 by Máximo Parpagnoli. Gentileza del Teatro Colón

La Orquesta de la Scala, que ya nos había visitado con antelación, mostró un nivel superlativo. Ya desde los primeros compases pudimos apreciar la intachable afinación y absoluta uniformidad de una sección cuerdas de considerable tamaño (16/14/12/10/8) pero que parecía un solo ejecutante. Las maderas lucieron eficientes con buenas prestaciones en el ‘Salvame’ o un muy destacado fagot en su extenso obligato del ‘Quid sum miser’ pero lo más impactante, sin duda, fue el desempeño de los metales, seguros, brillantes y precisos en todas sus intervenciones, como las trompetas del ‘Tuba mirum’ -momento realzado por el emplazamiento antifonal, en los laterales de cazuela, de la trompetería suplementaria-, el ataque de trombones y tuba en el ‘Rex tremendae’, los notas repetidas de las trompetas en el ‘Dies Irae’ -que nunca había escuchado con tal claridad- o a la sección completa en las escalas cromáticas que cierran el ‘Sanctus’. En el endiablado -para los violoncellos- comienzo del ‘Offertorio’ hubo un insignificante desliz, pero el resto del fragmento inicial estuvo soberbiamente expuesto.
El renombrado Coro de la Scala justificó ampliamente el nivel al que está considerado. Todas sus líneas mostraron un parejo rendimiento, desde el susurro -empleado en un par de ocasiones de gran efecto- o las sonoridades más tenues hasta los pasajes intensos, que no resultaron ni agresivos ni gritados, siendo de resaltar la forma en que las voces ‘cubren’ los sonidos para dar redondez a la emisión. El ajuste y virtuosismo del grupo se puso de manifiesto tanto en la fuga o la doble fuga como en un pasaje a capella resueltos con solvencia.

© 2010 by Máximo Parpagnoli. Gentileza del Teatro Colón

El cuarteto solista, sin llegar a deslumbrar totalmente, fue más que interesante. La soprano moscovita Marina Poplavskaya, que ya había intervenido en la Novena de Beethoven, tuvo aquí mucha mayores posibilidades para exhibir sus virtudes: perfecto estilo, clara dicción y sutileza en el empleo de la gama de sonoridades suaves, que culminó con garra e intención en el ‘Libera me, Domine’.
El bajo surcoreano Kwangchul Youn (que encarnara a Ramfis en las ejecuciones de Aída), a despecho de un accidente aislado, supo dar señorío y calidez al ‘Confutatis’ -con un excelente y muy ligado cantabile– a la vez que fuerza y carácter a su breve solo en el ‘Tuba mirum’, que cerró con espeluznantes “mors”
Giuseppe Filianoti, que está realizando una promisoria carrera, cargó sobre sus hombros con el comprometido ‘Ingemisco’, donde pudo poner en evidencia sus buenas dotes, con un timbre muy bello así como gran dulzura y expresividad, aunque se le notó cierta tensión ante la exigente tesitura.
Finalmente la mezzo Sonia Ganassi lució sus sólidos medios canoros y gran musicalidad en todas sus intervenciones, destacándose en especial por lo bien que fusionó su voz con la soprano en el inicio del ‘Agnus Dei’ o la pasión que exhibió en el ‘Liber scriptus’.
Queda hecho el más amplio elogio para la descollante tarea realizada por Daniel Barenboim, siempre sumamente atento de las ingentes masas humanas a sus órdenes hasta en los más mínimos detalles. Una vez más se lo pudo observar aquí moldeando o delineando, en este caso con gesto un poco más ortodoxo que en sus labores beethovenianas, las líneas melódicas o los diferentes planos sonoros de la obra. Su lectura alcanzó ribetes de excepcionalidad por el extremo cuidado puesto en fraseo y dinámicas, lo emotivo de su discurso, el cuidadoso acompañamiento de las voces y su infalible potestad para estructurar las partituras.
Este artículo fue publicado el 17/09/2010
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