El plácido reality show de Domingo – lanacion.com

La Nación | Domingo 27 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa
Entrelíneas Por Pablo Sirvén
El plácido reality show de Domingo
El tenor negoció como el mejor frente a las cámaras de TV, y pudo cantar al aire libre y en el Teatro Colón
Trascendió por ahí una cifra no confirmada del cachet que habría cobrado Plácido Domingo en su memorable paso (y no sólo por cantar) por Buenos Aires. Si 500.000 euros puede sonar disparatado, lo que es incontrastable es que el Teatro Colón, con la cantidad de funciones suspendidas, contratos caídos, despidos, reincorporaciones, litigios judiciales y otros trastornos que viene sufriendo desde hace meses, pierde eso y mucho más.
Ya que el gran tenor español se da maña, a sus muy saludables 70 años, para seguir cantando y dirigiendo orquestas con toda la potencia que se le conoce y que, por si eso fuera poco, es director general de la Opera Nacional de Washington y de la Opera de Los Angeles, ¡qué bueno sería que le quedase un tiempito más disponible para instalarse un rato largo como comandante supremo del desquiciado Teatro Colón, adonde sueña regresar en 2012, pero sólo para celebrar sobre su escenario los 40 años de su primera actuación allí!

Fue el gran árbitro de la semana. El negociador hábil y sutil que supo escuchar y decir las palabras adecuadas en el momento indicado. Haciendo honor a su nombre, debió disipar fuertes tempestades gremiales, políticas y hasta climáticas.
Al final se salió con la suya para lograr todo lo que había venido a hacer -cantar en el Colón e inmediatamente después, al pie del Obelisco-, pero que por un momento pareció que nada sería posible.

La feroz guerra interna en que está sumido nuestro primer coliseo es consecuencia de un pésimo manejo político y ejecutivo de la crisis, aún sin visos de solución, por la carencia de cintura y de tacto que exhiben las autoridades de la ciudad para diluir la intransigencia sindical que, a su vez, mantiene inactivo el teatro, insensible al deterioro imparable de su prestigio.
Rechazando la descalificación de "cuasimafiosos" que les dio Mauricio Macri, integrantes de las orquestas Estable y Filarmónica vienen haciendo presentaciones callejeras y anteanoche fue el turno de un concierto testimonial y autogestionado en la Facultad de Derecho.

La temporada 2011 no será menos accidentada tras la cancelación de la venta de abonos para este año y la realización de El gran m acabro, la ópera de György Ligeti con una inusual puesta de La Fura dels Baus, en versión reducida, sólo para piano y percusión, en formato de ensayo general, en cuatro funciones, con entrada gratuita, el miércoles que viene y el 3, 6 y 8 de abril.
La idea de la Fundación Beethoven de traer, luego de trece años de ausencia, de regreso a Buenos Aires a Plácido Domingo no podía ser más original: un concierto en el Colón y, a continuación, un recital gratuito en la 9 de Julio. Pero el actual momento, al mismo tiempo, no podía ser más inoportuno: las relaciones entre la dirección del teatro y sus díscolos trabajadores no pueden estar más tensas tras las sanciones a los delegados y la absurda demanda entablada contra ellos por 55 millones de pesos.

Sin perder nunca la calma, la sonrisa ni las buenas maneras, Domingo llevó en tiempo real y frente a las cámaras de TV un apasionante reality show contra el reloj: lograr que lo anunciado sucediera. Y lo consiguió, despertando respeto y admiración entre los trabajadores más beligerantes que finalmente lo acompañaron en su presentación al aire libre, y cierta frialdad y caras largas de las autoridades máximas del teatro y la ciudad (salvo Hernán Lombardi, secretario de Cultura, que públicamente se mostró más inclinado a consensuar posturas).
Lo cierto es que Plácido, y sólo Plácido, debió desactivar la bomba que pusieron en sus manos la dirección del teatro y sus empleados, enojados entre sí e incapaces de encontrar al menos un impasse que evitara el papelón que hubiese sido si el célebre tenor abandonaba la Argentina sin haber cantado.

La experiencia y sabiduría aquilatada por Domingo en sus 50 años de cantante, 25 como director de orquesta y 15 como directivo de teatros le permitieron desplegar ante nosotros una envidiable gimnasia de negociación más flexible y eficaz que la hosca e inconducente práctica constante de teléfonos descompuestos y judicialización del conflicto desarrollado por las autoridades del teatro y de la ciudad.
Plácido Domingo recogió frutos con creces: el concierto en la calle, cálido y multitudinario, que disfrutamos todos los que estuvimos allí y que la TV se encargó de propagar por todo el país. Y hasta se dio el gusto de cantar y dirigir en el Colón, no en la función prevista y frustrada, sino para un público más que emotivo: el propio personal y sus familiares lo vieron conmovidos entrar en la sala como un novio atravesando su pasillo central hasta el escenario.
Histriónico, irradiando carisma a cada paso, divo al fin, Plácido fue el gran protagonista de la semana que pasó. Cantó, contra viento y marea, en un Colón al que supo sacar al menos por un rato de su triste parálisis. Remató con un beso al piso del escenario. Y demostró que cuando hay talento, tolerancia, voluntad y creatividad todo es posible. Mucho para aprender de él. ¡Bravísimo!

psirven@lanacion.com.ar
En Twitter: @psirven

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