Un jueves ni plácido ni domingo | Miradas al Sur

Miradas al Sur | Año 3. Edición número 149. Domingo 27 de marzo de 2011
Un jueves ni plácido ni domingo
Por Miguel Russo mrusso@miradasalsur.com
Empleados del Teatro Colón en conflicto justo y permanente con las autoridades porteñas, un tenor mediático como Plácido Domingo dispuesto a escuchar los reclamos laborales (como efectivamente lo que es, un trabajador más), pronósticos más que creíbles (por una vez)de lluvias, posibilidades ciertas de multitud ansiosa de escuchar al cantante. Todo eso junto debería haber significado, para Mauricio Macri una mano ideal para irse al mazo. Pero el jefe de gobierno porteño es, a todas luces, un hombre que parece no creer en los múltiples avisos que lo sindican como responsable de una cadena de infortunios. O que los desconoce. O, por lo menos, que no tiene un asesor en el área que le diga qué cosas debe evitar.

La historia contará que, ante la negativa de los trabajadores del Teatro Colón de tocar en el primer coliseo, sólo quedaba la función organizada por la Fundación Beethoven en la 9 de Julio. Falto de consejos, Macri decidió acreditarse como uno de los patrocinadores del evento. Contará también que nadie del Gobierno porteño fue a recibir al cantante cuando llegó al país. Y que nadie lo invitó a la casa de la Comuna. También quedará reflejado que Domingo se solidarizó con la lucha que mantienen los trabajadores y reconoció que los problemas en el Colón son mucho más graves de lo que imaginaba. Y que hasta se ofreció como mediador entre las dos partes para comenzar a resolver el problema. Pero la dirigencia política del PRO ni siquiera se enteró de la cuestión. Tampoco parece haber escuchado nada el director del teatro, el ex Zupay Pedro Pablo García Caffi. Y las negociaciones, por supuesto, no se pudieron llevar a cabo. Hubiera sido interesante escuchar las razones por las cuales algunas partituras históricas se “guardaban” en containers de desperdicios.
Macri asumió el impacto de no poder hacer su fiesta en el Colón. Y hasta puso los ojos para arriba, implorando, cuando el miércoles 23 llovió como para ni siquiera pensar en un recital al aire libre. Y, en una lectura errática del soneto medicinal de Almafuerte, no se dio por vencido ni aun vencido. Por eso, el 24, perdiendo todo sentido de la oportunidad, el jefe de Gobierno porteño trató de pulsear con la memoria colectiva. Nadie le explicó que la fecha no era la apropiada para pulseadas. Nadie le explicó que no podía sacar rédito político de un conflicto gremial que lo tiene a él, justamente, como responsable. Y, creyendo que la realidad es lo que él dice que debe ser, trató de apadrinar el éxito de Domingo y las más de cien mil personas que lo fueron a escuchar. Claro que, desorientado, como siempre, no esperaba el abucheo ante la mención de su gestión ni el interminable aplauso que estalló al ser mecionado el Día de la Memoria .
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