7DIAS | El artista sin límites

7 Dias 27.03.2011 |
El artista sin límites
Por María Zacco
El público que había ido a escuchar a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia quedó estupefacto cuando el director entró en escena vestido como "Darth Vader", aunque no llevaba el sable de luz, sino una batuta. La ocasión lo ameritaba: los músicos iban a interpretar "La marcha imperial", compuesta por el estadounidense John Williams para la saga cinematográfica Star wars, de George Lucas. Sucedió el 6 de agosto de 2009. No era la primera vez que el suizo Baldur Brönnimann descolocaba a la audiencia. Y no sería la última.
"La música clásica es un arte vivo, no una pieza de museo de una tienda de antigüedades; hace falta aggiornarla a nuestro tiempo", sostiene uno de los más controvertidos directores de orquesta, a quien le gusta ir más allá de las partituras. Su particular dominio de complejos arreglos contemporáneos, que refrescan a obras escritas hace dos siglos, lo colocaron en boca de los grandes compositores de hoy. Pero es su estilo, experimental y desfachatado, lo que, curiosamente, llamó la atención del mundo de la ópera –donde es muy requerido–, género que logró modernizar con creativas apuestas.

Una de ellas tuvo lugar en octubre de 2010 en el London Jazz Festival cuando dirigió el ensamble del Royal Festival Hall para una interpretación de música experimental llamada "One day", basada en el contenido de la edición del 25 de septiembre del periódico "The Guardian": la orquesta debía traducir en notas musicales los hechos del día plasmados en el diario, mientras una señora cocinaba delicias sobre el escenario y el público arrojaba hacia el proscenio avioncitos de papel, hechos con páginas del diario.
A sus 43 años, Brönnimann tiene un extenso camino recorrido: además de haber trabajado con orquestas de todo el mundo, en 2008 fue elegido director musical de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y este año se convirtió en el director artístico del BIT20, reconocido ensamble noruego de música contemporánea. Pero tanto prestigio no lo amedrenta a la hora de tomar decisiones artísticas arriesgadas que, en ocasiones, le valieron algunas advertencias, cuando no, el rechazo de algunos colegas.
En estos días se encuentra en Buenos Aires donde dirigirá la anti-ópera Le Grand Macabre (El Gran Macabro), de György Ligeti, que se presentará en el teatro Colón a partir del 29 de marzo. Actuada nada menos que por La Fura dels Baus, la obra, que representa en clave irónica los efectos del temor al Apocalipsis, generó tanto éxito como polémica en Londres, por su perfil escatológico.
–¿Usted no tiene límites?
–No tengo miedo de que algo sea diferente, progresivo o fuera de lo común. Me gusta arriesgar, de eso se trata el arte.
–¿Qué le atrajo de "El Gran Macabro"?
–La ópera de Ligeti está inspirada en la obra teatral del escritor belga Michel de Ghelderode La balade du Grand Macabre (1934), que explora la condición humana. Algo que le interesaba a Ligeti y también a mí. Él escribió su versión 1970, en momentos de la Guerra Fría, donde el miedo a la destrucción atómica dominaba todo y a todos. El espíritu de la pieza es el miedo al Apocalipsis y me gusta porque él lo trata de un modo muy grotesco: lo presenta como un espectáculo circense en el que están presentes el amor, la muerte, el sexo desenfrenado, el alcohol y los placeres.
–¿Alguna vez tuvo inconvenientes por su estilo?
–Sí, claro.
–Cuénteme una anécdota.
–No puedo dar nombres… (risas). Pero siempre prefiero causar estupor o rechazo antes de que la gente se vaya del concierto y lo olvide. El arte vivo tiene una reacción directa y eso es muy interesante.
–¿Qué proyectos musicales le dieron mayor satisfacción?
–Muchos…, hubo una producción de Prometeo, de Luigi Nono, que hice en Colonia, Alemania. Era una pieza muy radical que me abrió nuevas perspectivas artísticas. Me inspiré en las ideas de Walter Benjamin sobre las múltiples fuerzas invisibles que nos rodean: el público estaba ubicado alrededor de la orquesta y la música variaba de tempos rápidos a lentos, a veces era estridente y por momentos inaudible. Fue una gran experiencia sensorial.
–¿Y cual fue la puesta más arriesgada?
–Lost highway, sin duda, basada en un thriller psicológico de David Lynch. Fue una producción de riesgo para la Ópera Nacional de Inglaterra porque era una obra muy compleja y fuera de lo común. Había música electrónica que transformaba la música de la orquesta y las voces. Y muy atrevida estéticamente, ya que los cantantes y actores estaban desnudos, mientras hacían su propio filme porno, porque de eso se trata la historia: una mujer casada es tentada por su amante para actuar en este tipo de películas. La directora de actores decía que para el concierto necesitábamos un filme porno pero no podíamos proyectar cualquiera, debíamos recrear la situación con la gente que teníamos en escena. Algunos cantantes estaban preocupados porque sus padres estaban entre el público, pero al final la reacción fue muy buena.
–Parece que usted es un provocador nato.
–No era mi intención provocar, simplemente era el espíritu de la pieza y yo lo respeto (risas).
–Cuénteme de otra puesta fuera de lo común.
–Una vez dirigí una pieza para guitarra electrónica y orquesta compuesta por Fred Frith (uno de los más excepcionales improvisadores en guitarra, a la que interviene con diferentes objetos). Fue con la Orquesta de la BBC de Londres y los músicos tenían que tocar con herramientas atípicas, como los espaldares de las sillas, y debían moverse entre el público mientras Fred tocaba su guitarra eléctrica con cacharros, martillos y pañuelos.
–Una vez montó una obra en la que los músicos hacían que lo asesinaban….
–Sí, era un concierto de trombón de un compositor escandinavo, lo hicimos en Inglaterra. Casi al final de la pieza, un hombre irrumpía en el escenario y me disparaba con un revólver. Los músicos me sacaban de la escena y el asesino tomaba mi lugar y terminaba de dirigir la obra.
–¿Hubo sangre de utilería?
–Sí, hubo un poco de sangre y gritos. Y como no soy actor me caí al suelo lo más dramáticamente que pude… Como todo el mundo sabe que no tengo límites estéticos me contratan para cosas que otro director de orquesta no haría.
–¿Teme que "El Gran Macabro", en que se representan orgías y viajes por las entrañas pútridas del cuerpo humano, pueda escandalizar al público del teatro Colón?
–La obra de Ligeti no es provocativa. Es divertida, grotesca y es la manera de enfrentar la puesta, a cargo de La Fura dels Baus, lo que puede provocar en sí. Ese teatro, lo sé, es muy tradicional. Pero estoy seguro que Buenos Aires tiene un público que está interesado también en algo más que en La Traviata. A mí me encanta esa ópera pero a veces se hace de un modo tan aburrido que no tiene nada que decir. Espero que toda la gente la vea y reaccione.
–¿Y qué sigue, un concierto con todos los músicos desnudos?
–La verdad es que ya he visto a algunos y creo que es mejor que no (risas).

El suizo Baldur Brönnimann es uno de los más controvertidos directores de orquesta, por su estilo experimental y desfachatado. Llega a Buenos Aires para poner en escena una anti-ópera interpretada por la fura dels Baus. Anécdotas de sus puestas más arriesgadas e insólitas.
ElArgentino.com

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