Apuntes de una noche inolvidable… para Hernán Lombardi | Tiempo Argentino

Tiempo Argentino | Opinión
Apuntes de una noche inolvidable… para Hernán Lombardi
Publicado el 9 de Abril de 2011
Por Carlos Salatino Integrante de Vecinos por el Teatro 25 de Mayo.
Al empresario hotelero Hernán Lombardi le gusta la cultura. Por eso no dudó cuando Mauricio Macri le ofreció el Ministerio de Cultura de la Ciudad, además de la cartera de Turismo para la cual estaba originalmente destinado. ¡Qué mejor que un empresario hotelero para ocuparse de la cultura!
A él, como a los funcionarios PRO, le gustan los métodos modernos de interacción con las personas, como el Twitter, el Facebook y el Power Point.
A los funcionarios del PRO les gusta la filosofía moderna, sin dolor. Por esto es que tienen a especialistas en la materia como Ari Paluch o Alejandro Rozitchner.

A los funcionarios del PRO les gusta la actuación. Por eso es que toman clases para que las interjecciones y los balbuceos de Macri y Michetti suenen casi como palabras, las mentiras de Rodríguez Larreta sean convincentes, y para que se escuchen de manera clara los verbos mal conjugados que suele utilizar su ministro de Educación, Esteban Bullrich.
A los vecinos de Buenos Aires les gusta la cultura. Es por eso que muchos de ellos (orgullosamente me incluyo) trabajaron durante años para recuperar un teatro en Villa Urquiza, el 25 de Mayo, evitar su triste destino de boliche bailable, shopping o bingo y darle una nueva vida como complejo cultural.
El 25 de Mayo hoy es la perla de los teatros de la Ciudad. Por mérito de los vecinos que lo recuperaron pero, también, porque el gobierno que dice que gobierna la Ciudad se encargó de dejar caer las salas más emblemáticas del circuito teatral que están bajo su órbita, desde el Teatro Municipal General San Martín hasta el Teatro Colón.
A Hernán Lombardi le gusta estar frente a las cámaras de fotos y de televisión. Allí desarrolla todo lo que aprende en las jornadas de entrenamiento guionadas por el ideólogo del PRO, el ecuatoriano Jaime Durán Barba. Es por esto que se habrá entusiasmado cuando en la inauguración del BAFICI en el 25 de Mayo, la única sala teatral que más o menos todavía queda en pie durante su gestión, el actor Luis Ziembrowski lo invitó a participar de una de las escenas teatrales más notables desde que asumió su cargo.
Dura habrá sido su decepción cuando Ziembrowski recitó su parlamento, cargado de reclamos a la pobre gestión oficial del hombre que le gusta estar frente a las cámaras y citar frases que parecen leídas en sobrecitos de azúcar. Lamentablemente para él, no había a mano azúcar que pudiera calmar el trago amargo que debió soportar. Y es que Lombardi está cosechando lo que sembró durante estos tres años y cuatro meses de pobre y errática gestión.
Que la escena descripta haya ocurrido en el 25 de Mayo es también un símbolo. La sala, recuperada por vecinos e instituciones agrupados en Vecinos por el 25 de Mayo, sufre las consecuencias de una política cultural que privilegia los mega eventos a la verdadera participación popular. La imagen de espectador pasivo promovida desde el PRO, sirve a los efectos de no cuestionar los dislates que ocurren en una gestión en la que la educación, la cultura y la salud son consideradas un gasto y no una inversión.
Es por esto que al 25 de Mayo llegan sólo las migajas de las sobras destinadas al circuito que pertenece al centro de la ciudad. Del Complejo Cultural soñado por los vecinos, sólo hay una serie de talleres que a los tres meses de funcionamiento son sistemáticamente discontinuados, a excepción de tres de tango a cargo de un asesor cultural del CGP de la zona, quien prácticamente se ha apropiado del espacio que tanto costó recuperar para la Ciudad.
Nadie puede dudar de la capacidad profesional de Sergio Wolf a cargo del BAFICI, Gustavo Mozzi del Festival de Tango o Adrián Iaies del de jazz. Pero ¿podrán volver al llano luego de ser partícipes de la peor gestión cultural de que tenga memoria la ciudad? ¿Podrán volver a mirar de frente a sus colegas tras su paso como funcionarios de la ola amarilla?
Luis Ziembrowski y los actores que hicieron su reclamo en la apertura del BAFICI dieron la respuesta. Miraron de frente al hombre que siempre mira a la cámara, y le dieron una lección de dignidad. La misma que les dio Plácido Domingo a las autoridades del Colón, y que sirvió para devolvérsela a los músicos como auténticos trabajadores de la cultura.
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