Eleonora Cassano: “Llegó el momento de de retirarme con clase” | Miradas al Sur

Miradas al Sur | Año 3. Edición número 155. Domingo 8 de mayo de 2011
Eleonora Cassano: “Llegó el momento de de retirarme con clase”
Por  Gisela Carpineta  gcarpineta@miradasalsur.com
De regreso tras su gira por España, la bailarina analiza el presente de la danza y cómo vive la recta final de su carrera
Eleonora Cassano tenía 7 años cuando tras ver El Lago de los Cisnes dijo que quería ser bailarina. Tomó clases con Olga Ferri y 6 meses después resultó ser una de las 30 nenas seleccionadas entre las 600 que se habían presentado para ingresar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Con casi 30 años de carrera y recién llegada de España por donde presentó la obra Tango de Burdel, Salón y Calle, asegura que llegó el momento de retirarse de los escenarios.
A puro talento y trasgresión pudo hacer que el arte de volar con los pies no sea sólo un espectáculo de elite. Junto a Julio Bocca, su pareja de baile durante 20 años, se encargó de llenar canchas de fútbol y avenidas, así como también de fundar Ballet Argentino, compañía que recientemente cumplió 20 años de existencia.

Reconocida internacionalmente como una gran figura del ballet, la bailarina protagonizó clásicos como Romeo y Julieta, Giselle, Carmen y Cascanueces, entre otras. También incursionó en géneros y estilos que ampliaron sus posibilidades más allá del clásico. En 1996 decidió dar un giro de 180 grados en su carrera, guardó el tutú y se animó al music hall con La Cassano en el Maipo y Cassano Dancing, dos espectáculos en los que además de bailar, debió cantar y actuar. Más tarde encarnó a Eva Duarte en la pieza de teatro-danza La Duarte. En diálogo con Miradas al Sur, Cassano adelanta que esta obra que “la marcó a fuego por su profundidad en lo expresivo”, será aggiornada y próximamente presentada en Argentina y España.
–¿Cómo ve la danza argentina en la actualidad?
–Tenemos la capacidad de generar buenos bailarines, pero no es justamente por una escuela marcada y definida, sino porque hay mucho talento. Por ejemplo, Marianela Núñez, que está como primera bailarina en Londres, es increíble, al igual que Paloma Herrera, pero ambas tuvieron que terminar de formarse fuera del país.
–¿Qué posibilidades de crecimiento tiene alguien que decide dedicarse al ballet?
–En mi caso tuve que ser reconocida fuera del país para que luego me den el visto bueno acá. Además uno de los graves problemas es que no tenemos los lugares suficientes para que puedan bailar todos. No existe la cantidad de funciones necesarias y las compañías de ballet no están en las condiciones que deberían estar. Los grandes lugares de danza están muchas veces en conflicto y siempre sucede que los bailarines exigen una cosa, los directores exigen otra, y eso provoca que se suspendan las funciones, cuestión que perjudica fuertemente al ballet.
–Como en el Teatro Colón…
–Sí, se creía que con la reapertura se solucionaba este problema de la falta de lugares pero no fue así. A simple vista estaba todo muy bonito pero ya es de público conocimiento el estado de los pisos, que hubo problemas con los salones de ensayo y con cosas que aún no están terminadas.
–¿Tuvo alguna convocatoria para bailar nuevamente allí?
–En el momento de la reapertura estaba Lidia Segni como directora, una persona con la que trabajé mucho y pensé que quizá me llamarían, pero no sucedió. No sé bien por qué no soy tenida en cuenta. La última vez que bailé en el Teatro fue hace 6 ó 7 años, así que ya hace un tiempo decidí no estar pendiente de si me llaman o no y cerrar un poco la puerta. De todos modos, no lo espero. Ya tengo 46 años y estoy por anunciar la última gira de despedida.
–¿Fue difícil tomar la decisión?
–Yo estoy bien, muy convencida y tranquila con todo lo que hice. Sé que mi vida no va a quedar vacía una vez que deje de bailar porque tengo un gran apoyo familiar. En general hice más de lo aspirado, así que estoy muy completa y muy segura.
–¿Cómo le gustaría seguir vinculada a la danza?
–Quiero generar espacios donde poder volcar todo lo que sé pero desde otro lugar, ya sea como maestra, directora o artista.
–¿Ya decidió cuándo pondrá el punto final a su carrera?
–La idea es hacer un anuncio de despedida el año que viene pero no tengo obra ni fecha determinada, a diferencia de Julio que dijo tal año, tal día y un poco más nos daba hasta la hora exacta de su retiro. En pascuas estuve con él y lo vi tan bien, tan pleno. Yo pensé que lo iba a afectar, pero no, está bárbaro. Fue muy acertada su decisión y espero que también lo sea la mía.
–También bailó mucho con Hernán Piquín. ¿Qué opina de su participación en Bailando por un Sueño?
–Me parece que es difícil volver de la que se está metiendo. No lo veo mal porque cada uno decide lo que quiere hacer, pero creo que ahí la cuestión es otra, quiere hacerse popular él y no a la danza. Igual me alegra porque se lo ve feliz.
–Junto a Julio lograron que la danza clásica dejase de ser un espectáculo reservado únicamente para lugares como el Colón. ¿Fueron criticados por querer popularizar al género?
–De la mano de Lino Patalano, con Julio fuimos los precursores y quienes dejamos la puerta abierta. Sí, al principio fuimos muy criticados por nuestros compañeros porque nos decían que el ballet no podía hacerse al aire libre. Sin fijarnos en todo eso hemos bailado en lugares que nadie se hubiese imaginado, llenamos la cancha de Boca, de River, las avenidas 9 de Julio y Libertador. De esa forma hemos logrado que la gente tenga un mayor vínculo con la danza, así que la misión está cumplida.

Tango de burdel, salón y calle, un repaso desde su apogeo hasta el tango electrónico.

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