Sergio Renán: “Volver al Colón es emocionante y tensionante”

Clarín | 13.05.2011
MUSICA
Sergio Renán: “Volver al Colón es emocionante y tensionante”
Entrevista. El ex director del Colón Es el régisseur de la ópera “La flauta mágica”, de Mozart, que se estrena mañana en el Teatro. Aquí, Renán habla de la ideología de la obra y de cómo enfrentó la puesta. Sus emociones mezcladas al volver.
13.05.2011 | Por Federico Monjeau fmonjeau@clarín.com
Es uno de los hechos más esperados de la temporada. Sergio Renán vuelve a dirigir en el Colón, tras una década de alejamiento del Teatro (de la dirección y del escenario), y lo hará con una de las óperas más amadas del repertorio alemán: La flauta mágica de Mozart, que subirá mañana con dirección musical del francés Frédéric Chaslin para un total de cinco funciones (ver aparte).
Renán recibe a Clarín en un tradicional bar de Recoleta que es casi una extensión de su oficina. Son las tres de la tarde. A las seis debe estar en el Teatro para un ensayo que terminará después de medianoche. La ópera de Mozart -segundo título de la temporada lírica- debió ser reprogramada por causa de los eternos conflictos del Colón. El ritmo de trabajo es intensísimo, pero Renán -una de las raras personas que abandonan el uso del bastón con el paso de los años- no muestra signos de fatiga y transmite una desbordante energía física y mental.

“Tanto en las realizaciones de cine, como de teatro y ópera -responde a la pregunta inicial acerca de las expectativas del estreno-, hay un inevitable cotejo entre lo que uno imaginó y lo que finalmente salió. En mi caso, lo imaginado generalmente está por encima de lo realizado. Las artes representativas, y en particular la ópera, tienen una ostensible cantidad de variables y de intérpretes. Con el estreno llegará el momento del cotejo personal. Por ahora puedo decirte que lo que imaginé tiene que ver con mi identidad, con todo lo que la palabra implica”.

¿Qué implica exactamente? Bueno, en mi caso implica no sólo una visión ideológica o un punto de vista sobre la obra, sino también mi condición de cineasta y de director de teatro, además de director de ópera. Todo eso pesó en mi elección de la obra. En tanto singspiel (ópera con diálogos), La flauta mágica tiene escenas absolutamente de teatro, y tal vez como ninguna otra obra del repertorio, propone imágenes tan asociables con el cine. Desde luego que yo de ninguna manera me propuse hacer una película. Soy un fanático de la ópera y quise dirigir una ópera. Hay proyecciones, pero hay también una serie de elementos corpóreos tradicionalmente vinculados con el teatro y la ópera.

¿Y cuál sería tu punto de vista sobre la obra, ya en un sentido más ideológico? Hay una curiosa confluencia de Humanidad, que se refleja en las conductas y los pensamientos de los personajes, con un alto nivel de sacralización, tanto en algunos aspectos de la historia como de algunos personajes que desde lo simbólico tratan de ser los representantes del bien y del mal. Es la vieja confrontación entre la oscuridad y la razón, en sintonía con los ideales de la masonería del siglo XVIII, a los que Mozart adhería: la Ilustración, las calificaciones morales e intelectuales por encima de los orígenes sociales, el rechazo a las injusticias. Básicamente, podría decir que sentí la necesidad de humanizar la solemnidad, de desacralizar lo que creo que debe ser desacralizado, siempre desde la adoración que yo siento por Mozart y su obra, nunca desde la parodia. En ese mundo sacralizado, yo sólo puedo ver fisuras, que es lo que convierte a estos supuestos representantes de valores abstractos en seres mucho más humanos de lo que propusieron mostrar Schikaneder (el libretista) y Mozart. Recordemos que la historia está originada en el planteo más pragmático de un Schikaneder desesperado por problemas de dinero y ansioso por estrenar una obra popular de mucho éxito. Son las fisuras de la obra misma, tan llena de contradicciones.

¿Por ejemplo? ¿Por qué el despreciable Monostatos trabaja para Sarastro? ¿Por qué las damas de la noche le regalan a Tamino la flauta mágica que convierte en buenos a los malos? Sobre el secuestro de Pamina, la única explicación que da Sarastro es que los dioses la han destinado a Tamino y él, obediente representante de los dioses en la Tierra, se vio en la obligación de secuestrarla. Schopenhauer decía que era una obra ambigua. No debe haber una creación genial más representativa de la falta de relación de la obra desde la intencionalidad de los autores y desde sus resultados, y tal vez por eso mismo tanta gente le ha dedicado ensayos inteligentísimos a La flauta mágica . La totalidad de la obra propone una comunicación poderosa, que no sólo pasa por la presencia en el escenario de la belleza, la magia y la fantasía, sino por lo que diversos personajes producen en el espectador. Por supuesto, nada de esto ocurriría si no fuese porque el señor que se ocupó de ponerle música fue Mozart.

En el período que va de su formidable realización de Lady Macbeth de Shostakovich (2001) y esta Flauta mágica , Renán no permaneció alejado por completo de la ópera. En 2005 dirigió La verbena de la Paloma en el teatro de la Zarzuela de Madrid, y allí conoció al equipo español que hoy lo acompaña en esta nueva realización en el Colón: el escenógrafo Juan Pedro de Gaspar, el director de iluminación Juan Gómez Cornejo y el responsable de la animación Alvaro Luna.

Renán no sólo está satisfecho con su equipo (que completan los argentinos Reanata Shussheim en el vestuario, Diana Theocharidis en la coreografía y Florencia Sanguinetti en la asistencia de régie ), sino también con el reparto. “Por lo general, mis requerimientos actorales son infrecuentes para los cantantes. Frente a esto he tenido en mis experiencias diversas respuestas, muchas de resistencia. En este caso no sólo no las hubo, sino que hay un verdadero entusiasmo tanto por parte de los cantantes que han venido de afuera como de los argentinos. Algo que forma parte de mis objetivos cada vez que dirijo una ópera es que, aun cuando no hubiese música y no se entendiese lo que se dice, algo de lo que está ocuriendo pueda ser captado o imaginado por el espectador. En este caso se puede, ya que no son sólo buenos cantantes, y en algunos casos diría extraordinarios, sino muy buenos actores, de un nivel poco común no sólo en mi experiencia como director sino incluso como espectador.

¿Cómo es volver a trabajar en el Colón después de tanto tiempo y tantas cosas vividas allí? Me siento muy raro. Ya vengo ensayando desde hace un tiempo, lo que supone la concurrencia diaria al Teatro, el recorrido por espacios transitados hace años. Eso es muy emocionante y tensionante. Son sensaciones mezcladas de todo tipo, no puedo evitarlo. Pero tanto más que con los espacios físicos, está el contacto con las personas, que se acercan, te saludan. Es algo bastante pesado, denso.

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SERGIO RENÁN: “VOLVER AL COLÓN ES EMOCIONANTE Y TENSIONANTE”
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“La flauta mágica” subirá mañana a las 17 en el Colón. Con puesta en escena de Sergio Renán, dirección musical del francés Frédéric Chaslin, escenografía de Juan Pedro de Gaspar, vestuario de Renata Schussheim, iluminación de Juan Gómez Cornejo, animación de Alvaro Luna y coreografía de Diana Theocharidis.
Habrá un total de cinco funciones: los días 15, 18, 20, 21 y 22 de mayo. Los roles principales están a cargo de cantantes extranjeros: el tenor belga Patrick Henkens como Tamino, la soprano rusa Lyuba Petrova como Pamina, la soprano canadiense Aline Kutan como La Reina de la Noche, el bajo alemán Reinhard Hagen como Sarastro y el barítono austríaco Marcus Werba como Papageno. Osvaldo Peroni hará el papel de Monostatos y las tres damas estarán interpretadas por Virginia Wagner, Florencia Machado y Mónica Sardi. El elenco del 21 estará formado por Darío Schmunck como Tamino, Laura Belli como Pamina, Lucas Debebec como Sarastro y Luciano Garay como Papageno, mientras que el rol de La Reina de la Noche seguirá en manos de Aline Kutan. El Coro Estable será dirigido por Peter Burian.

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En “La flauta mágica”, decía Homero Alsina Thevenet, están todos los mejores guiños del cineasta sueco. Un respeto por el texto central, pero sin dejar de lado sus juegos y obsesiones que se desarrollan en los alrededores del relato principal. La historia, pero rodeada de otras, más pequeñas y aledañas, que van generando tensión e irrealidad. Ese clima de Ingmar Bergman.

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Opera en dos actos, con libreto de Emanuel Schikaneder y música de Mozart, se estrenó en 30 de septiembre de 1791 en el Theater auf der Wieden, en los arrables de Viena, con dirección del compositor. A diferencia de casi todas las otras óperas suyas (en italiano), “La flauta mágica” está cantada en alemán y se inscribe en el género del “Singspiel”, con abundantes diálogos.
Goethe decía que “La flauta mágica” se prestaba a varias lecturas simultáneas, dando un placer inmediato a una gran multitud y entregando tesoros a los iniciados. Esos tesoros también podrían interpretarse a la luz de los ritos y los ideales masónicos, logia a la que Mozart pertenecía. “La flauta mágica” es una ópera de “pruebas”, ascensional. Tamino y Pamina constituyen la pareja central de la historia. Tamino deberá sortear una serie progresiva de dificultades antes de concretar la unión deseada. La felicidad marcha de la mano de la sabiduría.
“La flauta mágica” es contemporánea de la Revolución Francesa. Nada puede poner más en claro su ideario que una línea del comienzo del segundo acto (en el templo de la Sabiduría de Sarastro), cuando el primer Orador interroga: “¿Habrá de pasar Tamino por las duras pruebas que le esperan? Es un príncipe”, y Sarastro responde: “Más que eso, es un Hombre”.
Es la última ópera de Mozart, que murió el 5 de diciembre del mismo año del estreno. El autor había iniciado la composición en mayo de ese mismo año y debió interrumpirla para componer y dirigir el estreno de “La clemencia de Tito” en Praga, por encargo del emperador Leopoldo II. El compositor pudo disfrutar del éxito de su criatura. En octubre la obra se representó más de 20 veces. En una carta del 7 de octubre, Mozart escribe a su mujer: “Viernes, alrededor de las once de la noche. ¡Queridísima y la mejor de las mujercitas! Acabo de regresar de la ópera, tan colmada como siempre. Como de costumbre se repitió el dueto ‘hombre y mujer?, etc., y el carrillón de primer acto y el terceto de los niños en el segundo, pero lo que más me complace es el aplauso silencioso. Se advierte en qué medida asciende esta ópera, cada vez más…” El éxito prosiguió tras la muerte del autor. Para el 29 de noviembre de 1792, Schikaneder anunciaba el centenar de presentaciones (en realidad se habían alcanzado ochenta y tres). No conforme con eso, el libretista quiso aprovechar el viento a favor y armar una “secuela” de “La flauta mágica” con el compositor Peter Winter (“Las pirámides de Babilonia”), pero no suscitó mayor interés.
La gloria de “La flauta mágica” no hizo más que acrecentarse con el tiempo. Esa obra que Schikaneder había concebido un poco a los ponchazos para salvarse de la bancarrota terminó siendo objeto de estudio de los más distinguidos filósofos y ensayistas y objeto de veneración como una de las mayores obras de todo el repertorio lírico. Richard Wagner fijó el nacimiento de la ópera alemana en el día de su estreno.

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