La memoria de María Eugenia: Ese brillo de la vida que nos dejó después de la muerte

La Opinión | Trenque Lauquen. Edición N° 23323
La memoria de María Eugenia: Ese brillo de la vida que nos dejó después de la muerte
Miércoles, 04 de Enero de 2012
Por: Ana María Ford. Especial para La Opinión
Llevaba como singular ADN  la música que la identificó desde que apenas se alzaba sobre sus piernitas para espiar la superficie del piano en el que su mamá, Marisa, desgranaba melodías. Muy pronto las teclas blancas y negras fueron su mundo. “Era muy pequeña cuando en una clase de música en el jardín de infantes le tomó el dedo a la profesora (Erminda Pergolani) y le dijo: eso es un sostenido… y tenía razón” recuerda la madre.
Criatura privilegiada, tocada por las musas o por el índice de Dios, el arte fue su vida; piano, flauta traversa, la danza, la pintura, las manualidades.
Inicial, primaria y secundaria cursados en el Colegio Nacional; cuando llegó la hora de volar en alas de una vocación sin fisuras, se fue a Buenos Aires, primero al conservatorio Litz, luego alumna dilecta de Jorge de la Vega, el eximio flautista.
Ya su vida y el arte eran una sola cosa.  Integró la orquesta juvenil del Teatro Colón, después el elenco estable. Posteriormente fue miembro de la orquesta Juan de Dios Filiberto. Con algunos compañeros armaron un cuarteto,“Flauterata” y tanto más que ya es historia reciente, siempre de la mano de la música, de la flauta traversa que parecía una prolongación de su brillante y pura juventud.

María Eugenia no se olvidó nunca de las raíces,  mantuvo intactos los vínculos nacidos en la niñez. Y cuando venía a Trenque Lauquen, sostenía porfiadamente la modestia que la caracterizaba. Cómo hubo que correrla para la última nota en La Opinión…
“Era un ángel”  repiten los padres en una larga charla de ojos brillosos, gargantas enronquecidas y fe inconmovible.
“Esta muerte es un canto a la vida”, les digo. Marisa y Ricardo coinciden en silencio. Y se apelotonan los recuerdos. “Era muy buena; en la orquesta (del Colón) era la más jovencita, la que se preocupaba por todos, la que se las arreglaba para unir a los que estaban distanciados, a las familias separadas. En ese monstruo que es Buenos  Aires, ella supo conocer necesidades de vecinos de Ciudad Oculta y calladita la boca organizaba colectas y juntaba cantidades increíbles de cosas para ellos. Facetas de su persona que nosotros ignorábamos y que ahora sabemos por relatos de sus tantísimos amigos, por lo que leemos en Facebook”  dicen las palabras que el matrimonio hilvana con voz queda.

“Es mi tiempo”
El profundo dolor de los padres se suaviza en la aceptación desgarrante, suavizada por la fe profunda que se mantiene intacta a la hora de beber hasta las heces la copa de la amargura. Cuando supo que el fin estaba cerca, cuando el sufrimiento alcanzaba los picos más altos, la muchacha quiso despedirse de todos, de sus amigos, de su compañero Jorge, de los padres y el hermano. “Estoy en paz. Dios me dio el tiempo para hacer todo lo que quise y ahora me llama, es el tiempo” fue la síntesis de la aceptación.
Tres días antes del sueño definitivo la trajeron a Trenque Lauquen a morir.  Acomodaron el living de la casa donde había crecido y  ahí se armó el mejor lugar para entibiar el ramalazo frío de la muerte que rondaba. A pocos metros estaba el piano al que se sentó la madre para interpretar melodías suavísimas colmo preludio de la música celestial.
Allí, en las horas supremas, estuvieron la familia y los amigos, caminando en puntas de pies con el alma en vilo, esperando.“ Es muy duro; cuando no te pasa, no le das importancia a muchas cosas –reflexiona Ricardo-, cuando vi a la gente de Genap a su lado muchas horas, sentí lo importante que es ayudar a estas instituciones, como sucede en Buenos Aires con la Fundación Salud que dirige Stella Maris Maruso. Allí María Eugenia encontró un apoyo invalorable, la ayudaron a enfrentar la realidad.  Poco antes de que se durmiera, le pusieron un teléfono al oído y el psicólogo (de la Fundación) le transmitía meditaciones, la guiaba hacia la muerte por el camino de la paz…” Los restos de Marìa Eugenia Rubio Mestre fueron inhumados el 31 de diciembre a las 11 en el cementerio parque de Trenque Lauquen.
Cuánto dolor, cuánta fe, cuánta vida desnudada por la muerte.
La memoria de María Eugenia: Ese brillo de la vida que nos dejó después de la muerte

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2 comentarios en “La memoria de María Eugenia: Ese brillo de la vida que nos dejó después de la muerte

  1. Siento una profunda tristeza, e indignación , No conocí a este compañero , sinembargo lo siento mi hermano, y sé que lo que va para uno va para todos,
    Quienes fueron responsables del maltrato , ninguneo, y destierro a la intemperie de nuestro compañero,que casuó su muerte tendrán que ser juzgados y castigados, y todos sabemos de quién hablo aquí

    Basta esperar atentos, un solo tropiezo de estas bestias, no vamos a olvidar ni perdonar lo que han hecho de la vida de la buena gente
    Un solo tropiezo,,,,

    Laurella 10

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