Teatro San Martín: fulgor, ocaso y promesas | Diario Z

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Teatro San Martín: fulgor, ocaso y promesas
En franca decadencia edilicia y artística, perdió la mitad del público. La comunidad teatral dice que ciertas coproducciones lo perfilan más como sala de alquiler que motor cultural.
Fue una institución de experimentación y vanguardia y, a la vez, difusora del teatro clásico. Un espacio donde los mejores dramaturgos, actores, bailarines, titiriteros y músicos pudieron formarse y mostrar sus creaciones bajo el patrocinio del Estado. Un teatro de producción propia, con elenco y ballet estables; con una fotogalería pionera donde expusieron grandes como Sebastián Salgado y un cine que proyectaba a sala llena películas inhallables en las salas comerciales.

La historia artística en los 30 mil metros cuadros del Teatro San Martín comenzó en 1960, cuando el recientemente fallecido arquitecto Mario Roberto Álvarez dio por concluida su obra. Desde su inauguración, miles de horas de producción propia llenaron las salas Martín Coronado, con capacidad para 1.049 espectadores y destinada a obras clásicas; la Casacuberta, para teatro contemporáneo y 566 espectadores, y la Antonio Cunill Cabanellas, para 200 personas y propuestas experimentales.
El Teatro San Martín fue también un lugar de resistencia a la última dictadura militar, cuando en sus salas se interpretaba a Federico García Lorca y Bertolt Brecht, y receptor de la explosión cultural con el regreso de la democracia. Fue todo eso.
Los años 90 cayeron con fuerza sobre el teatro para imponer la idea de que el lucro debe regularlo todo, incluso la producción cultural. "Yo estaba ahí viendo como todo se desmoronaba", recuerda el actor Alejandro Awada.
Primero fue la suspensión del elenco estable en 1990, el mismo que había interpretado a William Shakespeare, Molière y Bertolt Brecht, y había sido escuela de una generación de artistas. Quizás esto explique por qué las personas de más de 60 años no sólo conocen el San Martín sino que lo visitan, a despecho de sus ascensores inútiles y las goteras de la Fotogalería. En cambio, los jóvenes de 18 a 25 años no suelen elegirlo, según la encuesta realizada por la consultora Qualitative para Diario Z.
"Las sucesivas reducciones de presupuesto, la precarización laboral y el abandono edilicio fueron haciendo del San Martín un teatro más", explica la actriz Ingrid Pelicori.
Con el tiempo, el deterioro fue acentuándose. "Hay camarines y baños clausurados en un edificio que es maravilloso, pero que necesita mantenimiento", dice Pelicori, que integró el elenco estable hasta que lo desmantelaron durante la intendencia de Carlos Grosso. "Allí conocí y compartí trabajo con personas como Alberto Segado, Jorge Mayor, Inda Ledesma, María Rosa Gallo y Alfredo Alcón. Ellos me ayudaron muchísimo en mi formación", cuenta. Y agrega: "Era un teatro de arte, de excelencia. Siempre digo que Buenos Aires hace alarde de su producción teatral, pero no tiene un elenco estable. Esto te impide encarar el trabajo artístico con otro nivel". El año pasado, Pelicori interpretó la obra El aire del río de Carlos Gorostiza y se sorprendió por el abandono edilicio: "Durante el tiempo que duró la obra no logré que cambiaran ni un foquito de luz del camarín que no andaba".

Década de atraso
Lo cierto es que la remodelación y puesta en valor del teatro está atrasada unos diez años. En 2001, el gobierno del actual legislador Aníbal Ibarra lanzó un Plan Director. La idea era remodelar el entonces recién organizado Complejo Teatral de Buenos Aires, compuesto por los teatros San Martín, Alvear, De la Ribera, Regio y Sarmiento.
El Plan, que se subdividió en obras de infraestructura, de ampliación y de actualización, implicaba un desembolso de 40 millones de pesos, financiados con aportes privados, del Gobierno de la Ciudad y un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo. La devaluación y el aumento de los costos fueron licuando la inversión inicial.
Al asumir, Mauricio Macri ordenó paralizar las obras hasta tanto se consiguieran nuevas fuentes de financiamiento, con lo cual muchas de las licitaciones quedaron desactualizadas.
La eficacia pretendida por el gobierno PRO tuvo un único logro: en cuatro años de gestión, sólo la fachada fue remodelada tras el aporte de 3,2 millones de pesos del Banco Ciudad, esponsor del teatro. "Se empezó por lo menos urgente y por ende lo menos importante, cuando hay otros apremios", señala Awada. Por ejemplo, todavía está pendiente cambiar los techos de las salas y las instalaciones sanitarias. Peor aún es el estado de las oficinas del cuarto al décimo piso: este año, sólo el 2,59% del presupuesto asignado para la Renovación Integral de Oficinas fue ejecutado, según información oficial del gobierno porteño.
"En lo edilicio sigue muy ruinoso, muy precario todo", afirma el dramaturgo Mauricio Kartun, que en octubre del año pasado estrenó Salomé de chacra en el San Martín.
Según consta en el Plan Plurianual de Inversiones 2011-2013, el gobierno porteño estimó una inversión total de $71.950.247. Hasta diciembre sólo ejecutó $12.733.590. Es decir un 18 por ciento.

Teatro de alquiler
Las tensiones entre la comunidad teatral y el macrismo no son nuevas, pero se acrecentaron en los últimos años ante el temor de que el San Martín se convierta en mero anfitrión de producciones tercerizadas. "El gran peligro es la modalidad de coproducción con empresarios privados", advierte Kartun.
El secretario general de la Asociación Argentina de Actores (AAA), Luis Alí, explica a Diario Z que ése es un tema central en la disputa con el Gobierno de la Ciudad ya que "conceptualmente no estamos de acuerdo: lo que es del Estado debe ser gestionado por el Estado". "Le dan a una productora un lugar público para el lucro privado. Un ejemplo de esto es la Hamlet, una obra producida por Fénix Entertainment Group (FEG), cuyas entradas estaban un 60 por ciento encima del de las otras salas", agrega Alí.
La frontera entre lo público y lo privado entró en un terreno difuso: Darío Lopérfido es funcionario (dirige el Festival Internacional Buenos Aires de teatro) y su novia, Esmeralda Mitre, interpreta a Ofelia en esa obra. Además, Lopérfido se desempeñó como ejecutivo de Fénix durante su estadía en España.
A mediados de noviembre, un conflicto entre Fénix y los actores de Hamlet puso sobre el tapete la modalidad de producción en el Complejo Teatral Buenos Aires. "Hubo varios reclamos de los artistas porque se debía dinero, pero el problema estalló cuando se negaron a pagar los días que la obra estuvo parada por el FIBA", explica Alí. La productora quiso aprovechar un vacío legal: en los llamados "teatros oficiales", es decir que pertenecen a la gestión estatal, los actores no trabajan bajo convenio sino que figuran como proveedores.
"Hubo un paro de dos días en los que no hubo funciones porque Fénix se negaba a pagar los salarios que correspondían a los días en que se llevó a cabo el FIBA aduciendo razones de fuerza mayor y habiendo firmado los actores contratos hasta el 27 de noviembre de este año", señala Alí. Finalmente, la productora depositó los haberes adeudados.
Este conflicto hizo que Actores exigiera al Ministerio de Cultura un informe sobre las obras que serán coproducidas durante 2012 y la especificación de cuáles serán las empresas asociadas. También, se pondrá sobre la mesa la precarización laboral de los artistas que trabajan en los teatros de la Ciudad. "Queremos avanzar en los derechos laborales de los actores, que dejen de cobrar a través de contratos de locación y que figuren en el marco de un convenio colectivo", exige Alí.
Alejandro Awada coincide: "Se traslada la visión de que la cultura es un gasto y los funcionarios macristas, con el ministro Hernán Lombardi y Lopérfido a la cabeza, tienen un prejuicio muy grande sobre lo público".
El Gobierno de la Ciudad parece replicar en el San Martín el modelo que propuso en el Teatro Colón, donde 11 dependencias fueron cerradas para habilitar la contratación de vestuario, escenografía y hasta espectáculos externos.
El último contrato estrella del ministro Lombardi es Roger Waters, que actuaría en El Coliseo o en Parque Norte, a beneficio de los hospitales de la Ciudad. "No tengo nada en contra de Waters, pero se ve que problemas de presupuesto no hay", considera Alejandro Awada.
Sin ir más lejos, mientras se dirimía un fuerte conflicto gremial en el Colón que terminó con ocho delegados despedidos, el Gobierno de la Ciudad habilitó la 9 de Julio y, a través de la Fundación Beethoven, derivó medio millón de euros para solventar el cachet del tenor Plácido Domingo.
"El Gobierno de la Ciudad quiere un teatro que no dé pérdidas, lo que es una barrabasada política básica", opina Kartun.
"Se ha priorizado economizar la cultura y ante la falta de un proyecto integral se ha impuesto un deseo de abaratar costos", agrega Ingrid Pelicori.
En tanto, Alí pone de ejemplo de la "devaluada gestión cultural" cuando en mayo del 2010, el millonario Andrés von Buch alquiló por 80 mil dólares las instalaciones del San Martín para celebrar su cumpleaños y, de paso, suspendió durante ese día la programación. "A este ritmo no me sorprendería que Marcelo Tinelli termine produciendo obras en el Teatro San Martín", dice Awada y larga una risotada que contagia al resto de los parroquianos en una mesa del bar Británico.

¿Y ahora qué?
El archivo suele jugar siempre en contra. Y ésta no es la excepción.
El 15 de junio de 2010, Mauricio Macri anunció con bombos y platillos que tenía en carpeta la demorada puesta en valor del Teatro San Martín. La inversión sería de unos 10 millones de dólares, a lo que se le sumaría la expropiación de dos terrenos sobre la avenida Corrientes para transformarlos en una plaza. La financiación no provendría del Presupuesto, sino de la venta de una serie de terrenos considerados innecesarios y valuados en 27 millones de pesos por el Banco Ciudad.
El proyecto fue aprobado el 7 de diciembre. Sin embargo, en el Plan Plurianual de Inversiones 2012-2014 presentado por el Ministerio de Cultura para ese mismo mes sólo se proyecta una inversión de $1.474.920. Es decir, el 3% de lo anunciado por el jefe de Gobierno. Al respecto, los legisladores Fabio Basteiro (Buenos Aires para Todos) y Rocío Sánchez Andía (Coalición Cívica-ARI) apuntaron que la Ciudad venderá inmuebles sin haber presentado el detalle de las obras, su presupuesto y el flujo de recursos necesario.
La encuesta de Qualitative dice que el 89,4% de los entrevistados ignoraba que se venderán bienes de la Ciudad para concluir unas remodelaciones que tuvieron presupuesto asignado todos los años desde 2005. Y que casi el 70 está en desacuerdo con esta modalidad de financiamiento. En este caso, los fríos números se traducen en el acceso a la cultura.
Cincuenta años después de su inauguración, la suerte del San Martín está atada a la venta de patrimonio público. A la luz de la experiencia, nadie puede saber si la remodelación y puesta en valor efectivamente se concretará. Mucho menos si los cambios no seguirán espantando espectadores: el Anuario 2010 de Industrias Creativas del gobierno porteño reconoce que entre 1990 y 2009 el público se redujo en un 60% y las funciones en un 26%. En tanto, el teatro privado goza de excelente salud. Buenos Aires ya tiene más salas que París y Nueva York.

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DZ/km
Franco Spinetta Redacción Z
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2 comentarios en “Teatro San Martín: fulgor, ocaso y promesas | Diario Z

  1. tal vez se pueda poner una versión de ” Mi cuñado” dirigida por Awada ,digo yo, ¿no?… y recaudar algo de guita, digo,¿no?

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  2. cuatro años mas de MACRI , y vamos a terminar con la pelicula SOY LEYENDA …….nada quedara, este plan ya lo habian comentado cuando al COLON lo habian comenzado a triturar….,nada es casual, todavia creen en los reyes, si lo tercerizan y alquilan ……lo peor que la gente que igual se arrime a ver algo y viaje en subte , tambien sufrira la suba que ahora viajar es un lujo…….a lo mejor hay suerte cuando se proponga de PRESIDENTE, entonces volaremos todos buscando otros horizontes porque aca nada quedara……………….

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