Internationale Bachakademie Stuttgart – 12.05.2012 – lanacion.com

La Nación | Sábado 12 de mayo de 2012 | Publicado en edición impresa
Clásica / Concierto
Internationale Bachakademie Stuttgart
El director Helmuth Rilling le dio vida a una de las glorias de Bach
Las simetrías del martes pasado, en el Colón, enmarcaron un concierto memorable. Primero ingresaron los integrantes de la Internationale Bachakademie Stuttgart, el nombre institucional que alberga al Gächinger Kantorei y al Bach-Collegium de Stuttgart. Los aplausos de recepción sonaron correctos, casi amables. Luego hicieron lo propio los solistas y la respuesta fue tan circunspecta como lo había sido con los músicos y los cantantes del coro. Pero cuando se asomó Helmuth Rilling, una tremenda ovación se descerrajó para recibirlo. "El público argentino siempre me recibió con mucha calidez", nos había dicho en la conversación que mantuvimos antes de su viaje al país. Modesto, habló de calidez cuando, en realidad, debería haber dicho admiración, fascinación y entusiasmo. Todo eso se juntó para darle la bienvenida. Un poco más de dos horas más tarde, el estruendo estalló nuevamente, aunque ahora ya no por el reconocimiento a una historia prestigiosa sino porque había concluido la dirección de la Misa en si menor, de Bach, una vez más, a través de una verdadera exhibición de alto arte y convicciones profundas.

Rilling comenzó su historia, hace más de medio siglo, en paralelo al surgimiento del movimiento de la interpretación historicista -o "auténtica", como se le decía entonces- a la cual él nos explicó no adhiere. Sin embargo, su trayectoria musical, por fuera de los cánones de la interpretación romántica, tan en boga en aquel entonces y que era aplicada, indiscriminadamente, sobre todos los repertorios, tiene innumerables puntos de contacto con sus supuestos adversarios historicistas. Por fuera de la utilización de instrumentos de época, las coincidencias abundan en el número de músicos y cantantes requeridos para una obra como ésta, el tipo de aproximación en el canto y en el toque, que implican el comedimiento en la expresividad instrumental y en la emisión vocal, y un planteo general de sonoridad que ofrece alternancias y sutilezas por doquier, evitando siempre cualquier estridencia, y que permite la percepción de texturas polifónicas con una claridad meridiana.

Claro, para que las ideas de Rilling puedan tener la mejor concreción, es necesario un coro como el Gächinger Kantorei Stuttgart y una orquesta como el Bach-Collegium, impecables, sólidos, seguros y precisos por donde se los mire. Es tal la consistencia y el equilibrio que manifiestan que dan la sensación de que podrían cantar y tocar eternamente sin que jamás fueran a tener algún tropiezo. Sencillamente perfectos. Y más meritorios aún si tenemos en cuenta que Rilling ya no tiene el porte y la presencia de antaño. Su mano izquierda es sólo utilizada ocasionalmente y su dirección se reduce, más que nada, a las marcaciones métricas y al señalamiento de las entradas. Pero sus músicos y sus cantantes saben perfectamente qué tienen que hacer.

Por el contrario, fueron los solistas quienes no alcanzaron el mismo nivel de deslumbramiento. Voces atinadas, afinadas y expresivas pero no descollantes. Cabe señalar que en esta Misa la participación de los solistas se da dentro de las llamadas arias con instrumentos obligados, esto es, números en los cuales trabajan y se entremezclan en pie de igualdad una línea vocal y una línea instrumental. Y en esas arias, como en "Laudamus te", para contralto y violín, el "Benedictus", para tenor y flauta, o el "Qui sedes", para contralto y oboe, los instrumentos resultaron mucho más atractivos y convincentes que las voces.

Con el público de pie, profundamente conmovido y agradecido, la noche se cerró a pura ovación. Y para contradecir nuestro propio comienzo, la simetría no fue exacta. Porque esta aclamación final se prolongó muchísimo más, como si en ese frenesí pudieran eternizarse las glorias de Bach, ésas a las cuales Rilling sabe, como pocos, cómo darles vida..

Rilling y las solistas Julia Sophie Wagner y Roxana Constantinescu. Foto: Teatro Colón
Misa en si menor, BWV 232, de Bach / Solistas: Julia Sophie Wagner, soprano; Roxana Constantinescu, contralo; Andreas Weller, tenor; Tobias Berndt, bajo. / Coro: Gächinger Kantorei Stuttgart / Orquesta: Bach-Collegium Stuttgart / Función: el martes, en el Bono del Bicentenario / Sala: Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy bueno
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