ElArgentino.com | Soñar en puntas de pie

El Argentino.com | 20.05.2012 |
Soñar en puntas de pie
De martes a sábados los 122 bailarines del Ballet Estable del Teatro Colón cumplen su rutina laboral de ocho horas como cualquier empleado público. Cómo es la trastienda de una profesión con tanto arte como egos en danza.
Por Mariana Merlo – Fotos: Alejandro Kaminetzky
Está quien amanece y toma un mate tibio y lavado antes de salir corriendo para agarrar el subte que lo llevará al microcentro porteño, subirá en el ascensor lleno de otras personas de traje con la misma cara de dormido que él, se acomodará en su escritorio, chequeará los mails, se servirá el primer café del día y comenzará con sus deberes de oficinista. La luz de tubo blanca le apuntará todo el día en la cara y su mayor actividad física será agacharse para cargar el termo en el dispenser de agua.

Y está el que se levanta, desayuna unas tostadas con mermelada y frutas, y se dirige a Cerrito al 600, entra por la imponente puerta del Teatro Colón, se calza las zapatillas de baile y a las 11 de la mañana ya está en puntas de pie. No es sólo por amor al arte que lo hace, aunque lo venga deseando desde los 8 años. El bailarín del ballet estable del Colón también es, en definitiva, un empleado público. "Yo el placer de lo que hago lo siento cuando estoy trabajando con un coreógrafo que me está dando cosas que me enriquecen en lo artístico y cuando me subo al escenario. A veces estás todo dolorido y no querés venir ni de casualidad, te duelen desde los pies hasta la cabeza y venís sin ganas. Pero a la hora, hora y media; el cuerpo se calentó y volvés a sentir las ganas de trabajar", reconoce Federico Fernández. Con sólo 25 años, se convirtió en el bailarín más joven del ballet estable y está recién llegado de la gira de Carmen que realizaron por todo el país. "Esto es lo que queremos hacer. Es una vocación, nuestra pasión, y sí, es nuestro trabajo y hay que cuidarlo también. Yo soy empleado del Gobierno de la Ciudad además de artista. Si falto me descuentan el día, a fin de mes tengo un recibo de sueldo, igual que todos, cuenta el presentismo y la llegada tarde. La responsabilidad es como la de cualquier trabajo".
Rutina. Pero, en los hechos, no es como cualquier trabajo. A las 11 de la mañana, de martes a sábados, se dicta la clase de calentamiento cotidiana. En el tercer subsuelo del recientemente remodelado teatro están los salones de ensayo, esos en los que abundan los espejos y que están rodeados por barras de madera. Pasan los jóvenes esbeltos de un lado al otro, bolso en mano, dispuestos a ponerse las calzas y comenzar con los ejercicios habituales. "A las 11 arrancamos con el precalentamiento y después viene el ensayo diario según la puesta que toque hasta las 5 de la tarde. Y después de eso generalmente voy al gimnasio o a natación porque uno tiene que mantenerse. Los años pasan", reflexiona Gerardo Wyss, miembro del cuerpo de baile que festejó nada más que 26 cumpleaños.
Son 122 los bailarines que componen el ballet estable, entre los de planta y los contratados. Muchos de ellos provienen del Instituto Superior de Arte donde se dicta una carrera de 8 años de la que se reciben de bailarines profesionales y otros llegan con distintas formaciones previas. "El Instituto es el mecanismo para entrar, pero a mí a veces me pasa que no encuentro el elemento que yo quiero hoy para el Colón. O lo encuentro, pero no en cantidades –explica Lidia Segni, directora del Ballet Estable-. Ahora, por ejemplo, viene La Sylphide y yo tomo chicas del Instituto porque necesito más bailarinas. Pero no siempre me sirvieron". Lidia está en su puesto hace 4 años, pero tiene una basta experiencia en el tema. Ella misma fue primera bailarina del Colón y cuando se retiró fue a trabajar junto a Julio Bocca y Eleonora Cassano, dirigió el Ballet Argentino y el ballet del Teatro Argentino de La Plata. Podría decirse que de baile y de manejar egos, sabe bastante. "En el ballet hay competencia de distinto tipo. Está la persona que viene a trabajar y está concentrada en eso para mejorar ella misma y está el que compite y mira todo el tiempo qué hacen los demás. Hay que manejar muchos egos. No es fácil manejar 100 personas o a 45 durante una gira".
Protocolo. La estructura del ballet está dividida en tres: cuerpo de baile, solistas y primeros bailarines. Y cada jerarquía marca históricamente una diferencia. "Vos podés aprender para entrar a un ballet, tomar clases, formarte; pero después, el ser profesional es otra enseñanza, la escena, el comportamiento, los códigos dentro de la compañía, cómo se respeta a un primer bailarín", explica Edgardo Trabalón, que lleva 17 años en el Colón. A él, como primer bailarín, le corresponde un trato respetuoso como al resto de los de su jerarquía y como docente del Instituto, se lo enseña a sus alumnos. "Hay códigos históricos que deben respetarse. Por ejemplo, cuando salimos a hacer un paso en la clase de calentamiento, primero salen los primeros bailarines, luego los solistas y después el cuerpo de baile. Es como si en un entrenamiento de fútbol primero saliera Riquelme a la cancha y después el resto. Son legados del teatro, como tener en cuenta quiénes se agarran primero de la barra. Se respetan mucho las trayectorias."
Históricamente se han marcado diferencias entre los bailarines más destacados, los que tendrán un rol protagónico y los que no. Decenas de películas se encargaron de retratar al mundo de la danza como descarnado y, aunque es ficción, muchas veces no están tan lejos de lo que sucede. "Es real la competitividad que se percibe, hay celos. Pero hay de todo como en cualquier ámbito. Somos concientes de que existe ese mito de que las bailarinas se ponen hojas de afeitar en las zapatillas, pero esas son historias espantosas que no pasan más que en las películas. En El Cisne Negro las muestran como medio alocadas y, en verdad, somos personas normales", explica Nadia Muzyca, protagonista de la última puesta en escena de Carmen.
Tanto ella como Federico ingresaron al Colón luego del mismo concurso internacional. Él tenía apenas 17 años y ella 23, pero muy pronto se convirtieron en dos favoritos de los coreógrafos. "Yo creo que todo el mundo tiene que tener la posibilidad de poder ser elegido –explica la Lidia Segni-. Cuando vos sabés que puede llegar un coreógrafo y podés ser elegido, tu incentivo es muy grande para trabajar, para escuchar y para ser mejor. No estoy de acuerdo en tener solamente cuatro personas que puedan nada más que bailar los primeros roles. Porque eso le quita posibilidad a las ganas de crecer". Cuando llega un repositor del exterior, entonces, observa el trabajo de la compañía y ahí se decide el reparto a asignar. Así, un bailarín del cuerpo estable puede ser primera figura en una pieza y solista en otra y viceversa. Polémica o no, la metodología de la directora se ve reflejada en la entrega de muchos de sus bailarines que, recién llegados de la gira, no quisieron tomarse sus francos compensatorios y se subieron en seguida a sus zapatillas para comenzar a ensayar. El hambre de protagonismo está latente y la programación de este año ya promete La Sylphide, La Bella Durmiente del Bosque y Onnieguin, entre otras reconocidas piezas.

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Un comentario el “ElArgentino.com | Soñar en puntas de pie

  1. Preferiríamos que la directora del Ballet Estable tuviera una ‘vasta’ experiencia.
    ¡Basta de errores ortográficos!
    …Me cach’en el Rey de Bastos…
    ¿Es mucho pedir que un redactor sepa escribir?
    ¡Un corrector virtual con urgencia, por favor!
    Muchachos, no tiren los diccionarios de papel. (¿Se acuerdan de esas reliquias? Se llamaban libros.) Todavía no han podido ser reemplazados por la inteligencia artificial.

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