Edipo – 31.05.2012 – lanacion.com

La Nación | Jueves 31 de mayo de 2012 | Publicado en edición impresa
Edipo
Espectacular puesta de La Fura dels Baus que logra una gran conexión con el mito y con el compositor
Por Pablo Gianera | LA NACION
El rumano Georges Enescu dedicó alrededor de un cuarto de siglo a la composición de su Edipo, pero podría decirse que esta ópera, estrenada en 1936, fue la tarea de toda una vida y la coronación de una tentativa estética. Yehudi Menuhin, uno de sus discípulos, lo resumió en las siguientes palabras: "De día y de noche, después de los conciertos y aun entre ellos, trabajaba en esta obra majestuosa, de la que puede decirse: «Aquí se encuentra su alma y su corazón»". La ambición debe de haber sido grande, aunque nunca cede a la monumentalidad. La idea del filósofo Theodor Adorno de que ciertas músicas extraterritoriales de Europa se acercan a lo nuevo se cumple cabalmente en Enescu. Si bien sería impropio inscribirla sin más en la nueva música, incorpora muchas de sus conquistas y, con su inclinación folklorista, se escucha como una rara joya del modernismo musical.

En su estreno local, Edipo llegó con la puesta de Valentina Carrasco y Alex Ollé para la compañía La Fura dels Baus. Los tiempos míticos suelen estar más abiertos para el régisseur que los tiempos históricos. Ya el libreto de Edmond Fleg adapta muy libremente el mito: los dos primeros actos refieren el nacimiento de Edipo, su abandono y, luego, el asesinato de Layo y la derrota de la Esfinge. El tercer acto corresponde a una versión abreviada de Edipo rey de Sófocles, y el cuarto, a los hechos de Edipo en Colono. Carrasco y Ollé aprovecharon con inteligencia esas grietas: de algún modo se sirvieron de la ahistoricidad para introducir una nueva perspectiva histórica. Así, por ejemplo, el dúo del segundo acto entre Mérope y Edipo se resuelve como una sesión de terapia, con el segundo acostado en un diván y la primera en el lugar del analista; más tarde, la peste que asola Tebas se convierte una catástrofe posindustrial.

La puesta de La Fura es sin duda espectacular, aunque esta vez logró también una conexión muy íntima no sólo con el mito sino con el propio compositor. El evidente estatismo es acaso consecuencia de la matriz griega (la ópera se presenta como "tragedia lírica"), en la que casi nada sucede y en la que casi todo se cuenta. Además de la estructura de cuatro gradas -espacio del coro-, el elemento unificador es el barro; pero además de su condición simbólica, este barro es asimismo un color que coincide con el de la oscuridad concebida por Enescu. Todo en Edipo transcurre en un registro predominantemente grave, desde la orquesta hasta las voces (salvo Layo, los protagonistas son barítono, bajo barítono y mezzo) y la escena se tiñe asimismo de ocre. No podrá imaginarse nada más austero que el tercer y el cuarto acto, en el que finalmente irrumpe el blanco con Teseo y los atenienses vestidos con trajes inmaculados que evocaban la figura de apicultores (¿sería porque el nombre Mérope alude a la miel?) y una lluvia celestial limpia el barro de Edipo. El final humanista se había anticipado ya en el enigma de la Esfinge, con la pregunta "¿qué cosa es más grande que el destino?", y la respuesta "el hombre".

No menos logrado fue el aspecto musical. La escritura de Enescu es finísima. Basta pensar en la línea del contrafagot en el preludio, en la melodía mediterránea que el pastor toca en la flauta, en la primera aparición de Yocasta con el acompañamiento mínimo del chelo o en la maravillosa introducción del tercer acto, que conecta directamente con el preludio. Con un enfoque detallado, Ira Levin consiguió un rendimiento consistente e inspirado de la Estable. Después de un inicio algo destemplado, los coros, cuyas intervenciones tienen el mismo peso y dificultad que el de los solistas, estuvieron a la altura de la exigencia. Igualmente parejos fueron los protagonistas, para los que el compositor reserva un personalísimo sprechgesang (canto hablado). Por el lado masculino, Andrew Schroeder como Edipo tuvo algunos problemas de volumen, pero compensó este déficit con una conmovedora fuerza dramática, mientras que Robert Bork volvió un poco demasiado enfático a Creonte. El Layo de Enrique Folger tuvo dignidad en todos los sentidos de la palabra, y Esa Ruuttunun hizo un Tiresias inolvidable. Guadalupe Barrientos (Esfinge), Victoria Gaeta (Antígona) y Alejandra Malvino (Mérope) cumplieron de sobra vocal y actoralmente. Con buen color y seguridad, Natasha Petrinsky tradujo los dobleces de Yocasta. Con todo, la mayor sorpresa sigue siendo la partitura misma de Enescu..

Autores: música de George Enescu y libreto de Edmond Fleg / Dirección musical: Ira Levin / Concepto: Alex Olle – La Fura dels Baus / Dirección de escena: Alex Olle, Valentina Carrasco / Escenografia: Alfons Flores / Vestuario: Lluc Castells / Iluminación: Peter Van Praet / Director coro de niños: Cesar Bustamante / Director coro estable: Peter Burian / Reparto: Andrew Schroeder (Edipo), Natasha Petrinsky (Yocasta), Esa Ruuttunen (Tiresias), Robert Bork (Creonte), Gustavo Lopez Manzitti (Pastor), Fabian Veloz (El Gran Sacerdote), Alejandro Meerapfel (Formante), Lucas Debevec (Centinela), Gustavo Zahnstecher (Teseo), Enrique Folger (Layo), Guadalupe Barrientos, Victoria Gaeta, Alejandra Malvino y Cintia Velasquez / Sala: Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy bueno

Edipo – 31.05.2012 – lanacion.com

Un comentario en “Edipo – 31.05.2012 – lanacion.com

  1. Señor Director;

    Desde hace 6 décadas soy una fiel, entusiasta, del gran abono del teatro Colon. Los amantes de la Opera generalmente, los veteranos especialmente, van al Colon para escuchar buena música y deleitarse, no para sufrir. Según Sófocles, la tragedia del Rey Edipo es su Destino inevitable.Él ignora su culpa y lucha en vano para vencer su Maldición.

    En el caso de Edipo que ví ayer, conceptuado por Alex Olla, y el teatro Fura Dels Bauls, tonalizado con la divina música de George Enescu y el magnifico coro, NO sufrí!. Era emocionante, creíble, convincente. El mensaje del Avión, simbolizando la Maldición invencible, o el Lodo Rojo simbolizando los inevitables catástorfes de la Naturaleza, no estan destinados para una sola nación.o una ciudad, Tebas, sino para el mundo actual. El hombre, EDIPO tiene salvación si espera y lucha hasta el final. Esta predestinado por Dios? O decimos como Goethe “El que lucha y espera, será redimido”..

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