BALLETIN DANCE – La Sylphide

BALLETIN DANCE – La Revista Argentina de Danza  | domingo, 10 de junio de 2012
La Sylphide
Un Espíritu Alegre
Por Agustina Llumá | Fotos de Ricardo y Alicia Sanguinetti
El Ballet Estable del Teatro Colón estrena el martes 3 de julio La Sylphide de Pierre Lacotte, uno de los hitos del ballet romántico que el propio coreógrafo había montado en el primer coliseo
Era 1994, cuando Pierre Lacotte seleccionaba a una de las más jovencitas del elenco para sorpresa de todos, como protagonista de La Sylphide, era Cinthia Labaronne quien al poco tiempo estaba contratada en Francia bajo su dirección (y desde entonces continúa una fructífera carrera en Europa, sin haber vuelto a bailar en escenarios argentinos).
La puesta de 2012 con reposición del francés Gil Isoart incluirá en los protagónicos a artistas de la casa, Karina Olmedo y Juan Pablo Ledo para el debut, y Carla Vincelli con Federico Fernández para el segundo reparto.

Olmedo y Ledo vienen bailando juntos desde hace casi una década, y en esta entrevista detallan las características del particular estilo de La Sylphide y su preparación, además de indagar en el momento de cada una de sus carreras: con veinte años ostentando el cargo de primera bailarina ella anunció su retiro de los escenarios para 2014, mientras que él se encuentra en el justo medio, con mucho por delante todavía.

En su triple rol de primera bailarina, madre y docente, Karina Olmedo llegaba puntual a la sesión de fotos en el estudio Heinrich-Sanguinetti organizada por Balletin Dance para esta edición, montada en unas botas de altos tacos, con la coronita de flores en mano, lista para ser colocada.

“Más allá del compromiso técnico que requiere, La Sylphide es un ballet donde se necesita experiencia escénica, porque es tan complicado que hay que saber graduar la emoción, la energía, las ansias, y sólo la experiencia en años te puede dar la tranquilidad de poder componer el rol sin desesperación” adelantó Karina Olmedo en una extensa charla de café propia de la ciudad de Buenos Aires.

Para ella, resulta fundamental el hecho de haber conocido a Tatiana Fesenko (directora de la carrera de danza del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón) hace un lustro y desde que tomó su primera clase nunca más se separó. “Tatiana tiene mucha experiencia en el estilo romántico y me da la tranquilidad artística de saber por dónde va el camino. Ella me ha ayudado a preparar Giselle y también Sílfides, por supuesto que siempre escucho al coreógrafo e integro a mis conocimientos las nuevas correcciones, pero tengo un camino conocido, no es algo que yo desconozca totalmente”.

Esta versión es totalmente diferente a la de Mario Galizzi, basada en la de August Bournonville “las variaciones son realmente complicadas a nivel técnico”, reiteró Olmedo.

Puro romanticismo, seres espectrales ¿Cuál es la diferencia entre La Sylphide y el segundo acto de Giselle?

“Giselle tiene una energía mucho más a tierra, a ella la traen de su tumba, de su lugar; es un alma lastimada, pura, que vuelve a perdonar a su amor. Si bien los dos son espíritus, la Sylphide vuela, es totalmente aérea, su comportamiento físico es totalmente diferente. Como no conoce el mundo terrenal, cuando tiene el primer contacto con él, se sorprende de esa sensación de tocar algo. La actitud es mucho más dinámica, a una velocidad que te da la sensación de que está en el aire, que no toca el piso”, aclaró Olmedo.

James

Juan Pablo Ledo evade la consulta para señalar: “Primero: soy agradecido a Dios por tener una compañera de este nivel, para mi es importante. Con todos los años que llevamos trabajando juntos (incluso antes de que ingresara al Teatro ella me había llamado para bailar por el interior y en Paraguay), crecí muchísimo a nivel del ballet clásico con ella. Acordate que yo venía de bailar contemporáneo, con alto grado de tecnicismo, pero no era ballet clásico”.

Ledo también había bailado la versión de Galizzi, y de la que está terminando de aprender al momento de realizar la entrevista asegura: “esto es completamente distinto, creo que es una de las obras de repertorio de ballet más fuertes a nivel físico. Hay muchas levantadas, muchos saltos, muchos diálogos. Hay muchos sentimientos encontrados, porque él percibe un espíritu. Se genera una agitación. Tiene complejidad técnica, a nivel físico tenés que tener mucha resistencia, mucho aguante, tenés que hacer la batería así como sabés hablar”.

James es un joven que proviene “de una familia bastante ordenada, con principios, con un compromiso de por medio con Effi. Si bien uso la pollerita que no es propio de nuestra cultura para nada… primero tengo que ubicarme en la época, que es romántica. El manejo de brazos: todo es más abajo, más calmado, más a tierra. Soy un hombre de verdad -no un espíritu- y el hecho de que la Sylphide aparezca en mi vida, puede tomarse de dos maneras, como me explicaba Gil. Una es que sea producto de mi imaginación, de la mujer ideal, que reacciona de acuerdo a lo que yo pienso, o sino que aparezca un espíritu que me distorsiona la vida”.

Si bien todavía el proceso de preparación del personaje estaba en sus inicios, y para Ledo resultaba apresurado definirse, “podría ser que esté recreando una imagen de la mujer idílica, porque realmente no estoy enamorado, no voy a ser feliz. Por eso cuando ella muere, se desvanece y vuelvo al mundo real… perdí todo. Aunque él tiene la conciencia de su compromiso con Effi” que se recalca en la obra señalando el añillo de compromiso en diferentes momentos “ella lo lleva a un mundo inconsciente, de juego. Se le representa como un espíritu medio erótico, es tan hermosa, se siente tan atraído…”

Olmedo agrega: “ella no conoce el mundo terrenal, realmente no sabe qué quiere” y con risas varias ambos se refieren a la escena de la ventana. El maestro les explicó que “incluso en su muerte, el que lo está pasando muy mal es él, ella solamente se va desvaneciendo, pero no tiene rencor” señala la bailarina, mientras él recapacita: “lamentablemente no es un final feliz, él pierde todo. Pierde a Effi”.

Preparadores

Así como Olmedo tiene a Fesenko como guía, para Ledo la cosa cambia. “Hay una carencia de preparadores masculinos” asegura la primera bailarina.

“El último que yo sentí que era un maestro para mi, que me dejó un legado fue Julio Bocca cuando me ensayaba él las variaciones… siempre fue un punto alto a llegar. Esa fue mi inspiración”, explicó el bailarín. “Mi maestro formador fue (Leonardo) Regueiro por mucho tiempo. Después cuando vino Victor Valcu que estuvo enseñándome un rol como Onegin, me cuidó, me dio todos los detalles que yo necesitaba. Ahora este hombre Gil para preparar La Sylphide, sentí que eran maestros formadores. Yo quiero así trabajar. Son temporarios, pero me sirven. También me ayudó muchísimo José Martin, un muchacho muy inteligente del Royal Ballet que vino el año pasado”.

Es que en el Teatro Colón, no hay un maestro para cada primera figura como sucede en compañías extranjeras, sino que los preparadores son generalmente los repositores. Para Olmedo, la carrera es así. “Gracias a Dios hace dos años hemos retomando el contacto con el exterior, al invitar coreógrafos, esta dirección (Lidia Segni en el ballet) con sus pro y sus contra, apostó a producciones escénicas, Manon, Onegin, obras que hace mucho que en el Teatro no se hacían y que al bailarín le suma muchísimo”.

De nuestra cosecha

El Ballet Estable había realizado La Sylphide en varias oportunidades y de aquellos bailarines Karina Olmedo recuerda con admiración a quienes Ledo, por edad, no pudo ver en vivo. Maximiliano Guerra, Silvia Bazilis “es emocionante” señala ella, “gente que ha dejado un sello, una impronta en el Teatro” acota él.

“Crecí con la imagen de Silvia (Basiliz), Cristina (Delmagro), Alicia (Quadri); y pasan los años, pasan los años y ocupo yo ese lugar. Es un compromiso artístico, de mantener esa exquisitez que tenían esas bailarinas. Eran exquisitas. Me da orgullo poder decir que yo crecí y respeté durante muchos años a esa gente, algo que quizás ahora falta: el respeto a la trayectoria y aprender del trabajo de la generación que se está retirando. Eso hacía que cuando vos accedías a un lugar, lo valorabas y respetabas, te matabas, te reventabas -por decirlo así- brutalmente por tenerlo con el nivel que merece. Ahora está un poco mezclado, como que somos todos iguales”, aclaró Olmedo.

Para Juan Pablo Ledo, esto se da en la sociedad en general, “se ve en los adolescentes” dice recordando que cuando terminó el Nacional Buenos Aires, mucho mayor que sus compañeros “por cuestiones de giras, me sentía un viejo de otro tiempo. Mis padres me han enseñado de una manera, en la que el respeto tiene que estar, como condición sin ecuanon. Tengo 30 años, me considero de la vieja camada. A los 16 años cuando estuve con Julio Bocca, la compañía tenía una disciplina donde no teníamos derecho a patalear, ni hablar, ni a parar un ensayo, peor cuando estuve con Wainrot que tenía un sistema que no tenías mucha posibilidad de hacer lo que quisieras”. -Tomalo o dejalo- acota Olmedo.

La maternidad

Me cambió la cabeza totalmente, me sacó el conflicto de la danza. Porque tengo poco tiempo y lo tengo que usar bien. La danza es muy complicada, porque uno está siempre expuesto, tiene que ser aprobado todo el tiempo, cuando es elegido también tiene que demostrar porqué lo han elegido, cuando sale a escena es juzgado -si bailás bien o mal, si lo merecías-. Esto con los años es un desgaste emocional “grande”, más cuando uno tiene una categoría. Cuando se abre el telón, tenés que responder al nivel de una primera figura, estar en físico, estar en forma. Cuando nacieron mis dos hijas, cuando nació Cami (la primera), había una prioridad en mi vida que era ella, además estaba mi carrera que no dejé nunca. Pero no me pesaba tanto el responderle a los demás, ponía toda la energía donde la tenía que poner, lo mejor que la podía poner, y lo sigo haciendo así, también con mi segunda hija. Después si le gusto, si no le gusto, si me elijen, si no me elijen, a esta altura de mi vida, una gala más, un viaje más, realmente no me quita el sueño”.

Actividades extra

“Si bien yo no tengo hijos -dice Ledo-, siempre estoy con actividad afuera del Teatro, no podría llegar a mi casa a sentarme, tampoco comentar todo lo que ocurre en la vida del Teatro, sino tu vida es un teatro. Voy a la universidad, estoy en cuarto año de Derecho, sigo estudiando porque me gusta. De alguna manera al ir al mundo real me doy cuenta que hay otras cosas muy importantes: tengo una familia que habla de otros temas”, casi todos ellos abogados.

Pero además hace unos años que el bailarín tiene su propio grupo, que maneja junto a su familia. En este momento están preparando un nuevo espectáculo de tango que intercala escenas de danza, teatro y música. “Estamos trabajando con Andrés ‘Tanguito’ Cejas, un asistente, un maestro espectacular de tango, ensamblando mi visión clásica con los pasos propios del tango, armando la historia”.

El futuro

La carrera del bailarín es corta comparándola con otras, aunque veinte años no es poco. Pero es cierto que los danzarines deben comenzar tempranamente a definir su futuro fuera de las tablas que llegará en un cerrar y abrir de ojos.

Para continuar en el mundo coreográfico Olmedo se prepara para enfrentar una labor docente, mientras que Ledo se inclina hacia la composición y el derecho.

“En dos años me voy -aseguró Olmedo-. El año que viene se va Silvina Perillo, yo me voy el otro. Siento que mi físico me responde, que tengo ganas, que es importante. Pero me parece que hay que retirarse bien, a tiempo. Le pedí a Lidia (Segni) si es posible Romeo y Julieta, ella estaba en tratativas, lo quería traer, y me iría chocha ¡que más! que con MacMillan, sufriendo.

“El tema docente es muy complicado en este momento en que todavía estoy bailando, es una carrera paralela que estoy haciendo, pero acepté porque estoy de la mano de Tatiana. Ella supervisa mis clases, me guía, no soy una improvisada que hago lo que me parece, sino que sigo fielmente su estilo que es Vaganova, su metodología y pedagogía. Para mi no se deja de bailar y se empieza a dar clase, de hecho en Rusia tienen cursos y años de pedagogía para poder empezar a dar clases. Yo si bien no tengo la posibilidad de viajar hasta allá a tomar esos cursos, aprendo con Tatiana”.

Para el joven en cambio, más allá de que siempre le agradó coreografiar y crear, el futuro después de las tablas, será el derecho “porque me interesa, aparte me va a sumar si el día de mañana quiero cumplir una función pública, quiero estar bien preparado. Nunca se sabe…”



Plazas

Dos años después de la reapertura del Teatro Colón, se inauguraron a fines del mes pasado los dos espacios abiertos que lo rodean. Las plazas Estado del Vaticano (entre el pasaje Toscanini y Viamonte) y San Luis (entre el Teatro y la 9 de Julio) con diseño acorde a los nuevos tiempos, han sido remodeladas en su totalidad. Además de espacios públicos prometen ser usadas con actividades programadas por el propio coliseo, considerando, incluso, un escenario al aire libre.


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