“La ópera no es un espacio de las élites: el 20% ve la obra de parado” – Tiempo Argentino

Tiempo Argentino |  Inicio > Sociedad
18.06.2012 | Entrevista a Claudio Benzecry, autor de El fanático de la ópera. Etnografía de una obsesión.
“La ópera no es un espacio de las élites: el 20% ve la obra de parado”
Desde la sociología, examinó a los habitués del Teatro Colón que van a los sectores populares: Tertulia, Cazuela y Paraíso. Dice que hay en la Argentina un nuevo público para la lírica. Y critica la decisión del macrismo de encarecer las entradas.
Por: Tiempo Argentino
Del amplio universo bibliográfico sobre el Teatro Colón, que incluye volúmenes sobre lírica, ballet y ediciones aniversario, un nuevo libro viene a iluminar a los –hasta ahora– actores ignorados que en sus 104 años de historia contribuyeron a buena parte de la gloria del máximo coliseo nacional: el público, los fanáticos. Y su autor, Claudio Benzecry, un argentino de 40 años, doctorado en Sociología en la Universidad de Nueva York y docente de esa disciplina en la de Connecticut, tuvo la osadía de hacerlo usando una categoría casi ignorada por esta ciencia social, como es el “amor”. ¿Qué es eso que todos mencionan como el amor a la ópera? Así lo explica en un original y apasionado ensayo titulado El fanático de la ópera: etnografía de una obsesión.

Natalia Páez

npaez@tiempoargentino.com

Benzecry narra su propio descubrimiento del supramundo que vibra con cada puesta, casi a la altura de la cúpula que Raúl Soldi pintó para el Colón, el de los amantes de la ópera que frecuentan los pisos superiores, los de las entradas baratas. Los de la popular. Así, en la llamada Tertulia, donde sólo pueden ir hombres; en la Cazuela, reservada a las mujeres; o en el Paraíso, donde pueden ir parejas, se centra su etnografía de un consumo cultural que, según pudo demostrar, “no tiene una relación directa con la pertenencia de clase”. Durante casi cuatro años, se centró en una investigación que cristalizó primero en la publicación de un libro en inglés, y ahora, de uno en castellano, publicado por Siglo XXI Editores.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Claudio es hijo del director de orquesta Mario Benzecry. De sus épocas de “espectador cautivo” del Colón  (“por algún motivo teníamos que ir a todas las presentaciones de mi padre”, explicó luego), recuerda sobre todo anécdotas tras bambalinas. Y describe cómo no se verificaban allí los estereotipos del público de un teatro asociado a las élites y al consumo de lo que –también como estereotipo– se categoriza como “alta cultura”.

“Con las herramientas sociológicas que tenía cuando empecé el trabajo, no podía desentrañar la conducta de los fanáticos que, por ejemplo, se tomaban un micro para recorrer 50 kilómetros desde el Colón al Teatro Argentino, de La Plata, para escuchar y ver una y otra vez una ópera. O se las arreglaban para evadir un piquete en el Puente Pueyrredón para llegar a tiempo al Roma, de Avellaneda, a ver esa ópera de Vivaldi nunca estrenada en la Argentina”, explicó Benzecry a Tiempo Argentino.

–¿El tipo de público que estudió es similar al de otras casas de ópera del mundo o se puede hablar del “caso argentino”?

–Lo que se da alrededor de la ópera en el Colón es particularmente interesante. A diferencia de lo que sucedió en Europa o en los Estados Unidos, la lírica en nuestro país es un espacio que no logró ni ser ni meramente excluyente ni meramente democratizante. Pero tampoco solamente plebeyo. Las tres fuerzas se mantuvieron en tensión en el Colón. Todavía hay quienes imaginan al Teatro como un espacio de las élites. Además, a diferencia de la mayoría de las casas de ópera del mundo, un 20% de la gente que acude cualquier día a cualquier función, ve toda la obra de parado. En Nueva York, por ejemplo, los espectadores parados son menos del cinco por ciento.

–Esto no parece haber sido el resultado de políticas inclusivas.

–No. Y eso es lo curioso. Si vos te fijás desde la primera temporada del Teatro Colón, la diferencia de precio entre la entrada más cara y la más barata siempre fue de una relación de entre 50 y 75 veces. En otros teatros, esto no es así. En los de Boston, Nueva York y Chicago, la relación es de 10 a 15 veces. De todos modos, eso ha cambiado en los últimos años. Si comparamos cuánto aumentaron las plateas desde el cierre del Colón por las reformas, en 2006, y su reapertura en 2010, el Gran Abono (la entrada más cara) aumentó un 144%, mientras que el Paraíso de pie (la más barata) aumentó un 733 por ciento. Es ridículo si pensamos que se trata de un teatro subvencionado en un 82 por ciento. La pregunta para hacer es: ¿cuánta plata puede generar ese sobreaumento del Paraíso? Son 300 personas de pie. En su larga historia, el Colón ha sido representado como el espacio de una élite socioeconómica, como quisieron en 1893 unas 25 familias. Sería una pena que, luego de 100 años, la dirección del teatro siguiera en esa línea.

–¿El cierre del Colón y su crisis posterior a la reapertura ayudó a consolidar el circuito off de la ópera?  

–Generó un nuevo público. Es interesante porque, en realidad, el circuito off es el público creado por la propia oferta. Con el 1 a 1, el Colón estaba súper internacionalizado. Venían los mismos artistas del MET de Nueva York a cantar a Buenos Aires las mismas partes que hacían allí. Lo que dice la gente de Juventus Lyrica o Buenos Aires Lyrica, que armó ese circuito por fuera del Colón, es que no había lugar para los artistas locales. Y empezaron a generar sus propios espacios. Así se empezaron a mover el teatro Avenida, el Nacional, el Roma, de Avellaneda. Y también porque esos grupos de la ópera off hicieron mucho trabajo de docencia que captó a un público joven.

–¿Cómo opera el espacio físico –un edificio que es monumento nacional– en este fanatismo?

-Hay un valor simbólico del teatro. Mucha gente que entrevisté me dijo que tardó años en ir porque les “daba miedo”, pensaban que no iban a entender la puesta que se les ofrecía. Sin embargo, iban al Argentino de La Plata. Operaba el espacio físico. Había miedo de entrar.

–¿Era una cuestión de clase?

–Había algo de clase, pero también esta idea de que la ópera es algo que uno, para disfrutar, tiene que conocer. Y también la idea de que el Colón fuera el emblema de algo para unos pocos. Era muy gracioso escuchar a entrevistados diciendo que la primera vez que llegaron al Colón no sabían que podían asistir pagando menos de lo que se paga una entrada de cine o de un partido de la Primera B Metropolitana.

–¿Qué diferencia a un fanático de la ópera de un fanático del rock?

–Hay una tensión súper fuerte, una idea de escucha romántica que viene del siglo XIX, en la que tenés que “ser uno con la obra”. En el rock hay una disolución de tu yo en un colectivo más grande que vos. Hay algo distinto allí. En la ópera, algo de lo grupal se pierde. El que va a la ópera es más como un peregrino. En el sentido de que vas caminando solo, en una muchedumbre. En el rock, como en el fútbol, uno marca una pertenencia a un grupo.

–Sin embargo, usted cuenta cómo entre ellos se reconocen y socializan cada espectáculo.

–La comparación entre el fanático de la ópera y el de rock es buenísima porque te permite mirar con plataformas generales una pasión desde un lugar sociológico. Muchas de las personas que me contactaron con otras para entrevistar, se reconocían entre sí, pero eran amigos del foyer, de los intermedios, de estar parados juntos o de compartir el ómnibus a La Plata para ir al teatro. Pero no se juntan a comer un asado los domingos.

–¿Cómo llegó a trabajar el amor como una categoría sociológica?

–En general, siempre que se encara un trabajo sociológico, se explica por la pertenencia social, la clase, el origen, el género. A mí me pareció fascinante explicarlo con el concepto del amor como una categoría sociológica en sí misma. Hay formas del amor, como “el amor a primera vista” o “el que se trabaja cada día”, que son lo que cada uno tiene para contar desde esa experiencia. La sociología se queda corta para explicar ciertas cosas. Y el fanatismo no se puede explicar por la pertenencia de clase.<

“Accesible”

EN EL COLÓN. El Teatro Colón informó que todo el año hay “ciclos gratuitos y funciones extraordinarias”, y ensayos generales abiertos. Para los chicos está el ciclo Mi primer concierto”, y en vacaciones de invierno habrá funciones gratuitas o económicas.

Descuentos del 90%

Para jóvenes. En el Teatro Argentino de la Ciudad de La Plata

El Teatro Argentino de la Ciudad de La Plata (51 e/ 9 y 10), con una agenda permanente de óperas, ballet y conciertos, ofrece descuentos del 90% en el valor de sus entradas para jóvenes de hasta 25 años inclusive, para cualquier espectáculo en la sala principal, Alberto Ginastera. El único requisito es presentarse, con su DNI, 40 minutos antes del inicio de cada espectáculo. También hay descuentos del 50% en ubicaciones especiales para jubilados y pensionados.

“La ópera no es un espacio de las élites: el 20% ve la obra de parado” – Tiempo Argentino | Es tiempo de un diario nuevo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s