András Schiff – 24.08.2012 – lanacion.com

La Nación | Viernes 24 de agosto de 2012 | Publicado en edición impresa
Clásica / Abono Bicentenario
András Schiff
El pianista húngaro ofreció un concierto memorable en el Colón
Por Pablo Gianera | LA NACION
Una de las observaciones más agudas que se hayan hecho acerca del pianista húngaro András Schiff corresponde a Edward Said. En la crítica de un concierto en el Carnegie Hall publicada originalmente en 1989 y recogida ahora en su libro Music at the Limits, el intelectual palestino amigo de Daniel Barenboim proponía dos categorías de pianistas a partir de una comparación entre Schiff y Vladimir Horowitz, discutiblemente desventajosa para el segundo, que encarnaría un estilo de demostración extrovertida. Para Said, Schiff, en cambio, sólo se revela a sí mismo al revelar la partitura; su prodigiosa pericia técnica se subordina a "una estética de modestia, afabilidad y musicalidad introvertida". Pasados más de veinte años de semejante diagnóstico, Schiff sigue siendo un pianista de pasmosa sensibilidad, increíblemente inteligente, e incluso, en algo tan exterior como la gestualidad, todo lo contrario del virtuoso heroico. Su originalidad no reside sólo en la sabia dosificación de erudición y lucidez, sino, sencillamente, en que orienta la pasión más a la música que toca que a él mismo tocándola.

El programa que el pianista ofreció en el Teatro Colón dentro del Abono Bicentenario fue muy parecido a aquel que comentaba Said: Beethoven, Bartok, Janácek, Schubert. Schiff contó en una ocasión que el tercer movimiento de la Sonata N° 30 en Mi mayor op. 109 era su preferido entre todos los de las 32 sonatas de Beethoven. Es posible que la imaginación beethoveniana jamás haya alcanzado una intimidad tan incisiva como en ese tema con seis variaciones, y Schiff la transmite con extrema transparencia. La distinción de las voces resultó siempre nítida, y esto no sólo en aquellas variaciones (como la cuarta) claramente polifónicas. Fue notable además la manera en que el pianista transfiguró la aparición final del tema, con ese cantabile de conmovedora sencillez. Es posible que no haya ahora nadie en el mundo que pueda tocar ese movimiento como él lo hace. En la Sonata de Bartok que vino enseguida, Schiff dominó con autoridad el ritmo acerado de la pieza, pero reveló también ese filo lírico que recorre como un fantasma la escritura bartokiana. El lirismo se prolonga en ese torso desolador que es la Sonata 1.X.1905 de Leos Janácek. El segundo movimiento ("La muerte"), en el que el compositor checo condensa el sentimiento de duelo en un motivo de cinco notas, se escuchó en las manos de Schiff como una penetrante meditación fúnebre.

La Sonata en sol mayor, D. 894 de Franz Schubert ocupó toda la segunda parte de un concierto que hasta allí era ya memorable. La minuciosidad textual del pianista autoriza una lectura personal que explora dramáticamente cada pliegue de la partitura. Schiff, es cierto, decidió grabar en su momento esta sonata con la sonoridad compleja de un piano Bösendorfer, pero aun en el sonido más "objetivo" del Steinway logró en los dos primeros compases traducir toda la ambigüedad del paisaje interior schubertiano. Pocos poseen semejante control de las dinámicas y pocos, también, dominan como él los cambios de luz de esta sonata, esa manera que cae súbitamente la noche en la música del Schubert tardío.

Era difícil imaginar alguna pieza fuera de programa después del viaje hipnótico en el que el pianista convirtió la Sonata en Sol mayor. Pero Schiff fue tremendamente generoso: el Impromptu en Mi bemol también de Schubert, el Nocturno N° 2 del opus 15 de Chopin, una de las Bagatelas de Beethoven del opus 126 y el tercer movimiento del Concierto italiano de Bach cerraron un concierto que será imposible olvidar en muchísimo tiempo y que acompaña desde ahora como esos recuerdos a los que siempre se vuelve..


Schiff es un intérprete que orienta la pasión más a la música que toca que a él mismo tocándola. Foto: Teatro Colón

Intérprete: András Schiff (piano) / Programa: Sonata n° 30 en mi mayor op. 109, de Ludwig van Beethoven; Sonata Sz. 80, de Bela Bartok; Sonata 1.X.1905, de Leos Janacek; Sonata en sol mayor D. 894, de Franz Schubert / Sala: Teatro Colón / Ciclo: Abono Bicentenario
Nuestra opinión: excelente

András Schiff – 24.08.2012 – lanacion.com

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