Diagonales.com “Todos mis sueños profesionales están en Argentina”

Diagonales. com | 26.08.2012 |
“Todos mis sueños profesionales están en Argentina”
Entrevistas /  A los 14, Federico Fernández le dijo que no a Julio Bocca para perfeccionarse. Hoy es el primer bailarín más joven del teatro Colón, un referente que rechaza ofertas internacionales y no para de crecer.
Por Florencia Guerrero
No debe ser fácil decirle que no a Julio Bocca. Menos, si se tienen 14 años y la oferta incluye eso que tanto se desea: bailar. Federico Fernández estudió danza clásica desde los 12 años, se le nota en sus pasos prolijos y firmes, ahora, a los 26. Sus primeras armas las hizo con maestros particulares hasta que intentó suerte en el instituto de formación del Colón, idea de la que desistió por incompatibilidad de criterios con sus formadores. “No me gustó, no me sentía bien estudiando ahí”, explica. Luego llegaría la oferta que se lo llevó por el mundo junto a Bocca, pero que no duró mucho. “Un día me senté a ver en lo que me estaba convirtiendo sin mis clases regulares y tuve que elegir. Hoy, si tuviera que tomar a un chico de esa edad, para profesionalizarlo, no lo haría, no es sano y la verdad es que ni eso ni el salirme del instituto del Colón influyeron en mi carrera, hoy hay más bailarines que se formaron fuera del teatro Colón que adentro”.


Sus certezas eran correctas, porque a pesar de desistir de todas aquellas propuestas, hoy, Federico es el primer bailarín más joven del ballet estable del teatro Colón, donde este año protagonizó La bella durmiente junto con Silvina Perillo.
-¿Cómo tomó Julio Bocca su determinación de irse?

-No sé si le dio mucha importancia. Creo que mucho no le gustó la situación de que un chico respondiera que no quería seguir en su compañía. Yo quería estudiar, y el ritmo que él imprimía era demasiado rápido.
-¿Cómo recuerda aquella primera experiencia profesional en el ballet?

-Fue mala, a los 14 años no estás preparado para nada, mucho menos para viajar por el mundo. Si a vos te dicen “a los 14 años bailas con Julio Bocca” es fuerte, pero la verdad es que no hay adolescente preparado para eso, para los viajes que exige una posición así.
-¿Por qué cree que llegó esa propuesta tan rápido?
-Eso dependió exclusivamente de la forma de trabajo que tiene Julio, a él le gusta elegir a lo que llama jóvenes talentos, formarlos desde cero a su manera y en el escenario. No sé si ésa es la mejor manera. En mí funcionó porque nunca dejé de bailar, pero en otros casos los bailarines terminan alejándose. Yo decidí salirme de ese proyecto y entré en la compañía de Iñaki Urlezaga, donde sí pude tener tiempo de estudiar, además de bailar profesionalmente. Yo creo que un chico no está preparado a los 14 años para ser bailarín profesional.
-¿Hay cierta ortodoxia entre los bailarines sobre los que bailan contemporáneo y clásico?
-Para nada, la gente baila lo que quiere y todo enriquece.
-¿De qué cosas depende que un bailarín triunfe?

-De todo un poco. A veces, algunos tienen suerte, otros son súper trabajadores y entonces llegan y otros tienen un poco de todo. Pero para mí lo más importante es el bocho. Tenés que ser muy fuerte y soportar muchas cosas, cuando superás esas trabas, podés crecer.
-¿Qué cosas tuvo que superar?
-Yo entré por concurso al Colón, y desde mi primer ensayo estuve como primer bailarín. Eso es terrible, porque puede generar además de la presión, que los demás no estén muy cómodos, me querían matar. En general se estila que uno pague derecho de piso, y yo no tuve que hacerlo. Entonces las cosas dependen de la cuestión política, porque en el Colón cuando cambia un gobierno, cambia la dirección, por lo cual no siempre es tan fácil trabajar con continuidad. Me ha pasado que después de bailar mucho tiempo, unos directores llegaron y me dijeron que ellos me iban a hacer pagar el derecho de piso que no me hicieron pagar los anteriores, así que tuve que ver las funciones desde la platea.
-¿Cómo se sobrelleva esa situación de arbitrariedad?
-Uno aprende, igualmente yo me saqué una licencia y me fui a trabajar a otro lado. Cuando volví estaba Lidia, la actual directora, con la cual vengo bailando casi en todos los espectáculos.
El guerrero. Su primera aproximación a la danza fue de niño, cuando su madre pianista y su abuelo violinista tocaban en las fiestas familiares y notaron que él, solo, se ponía a bailar. Federico se ha destacado no tan sólo en el baile sino también en ser uno de los voceros de los trabajadores del teatro Colón, cuando el año pasado presentaron un recurso en la justicia para obtener mejores condiciones de trabajo.
-¿Lo perjudicó esa exposición política?
-Sí, muchísimo. Pero a la vez me sirvió porque crecí un montón en lo personal. Durante el proceso y después de lo que pasó fue difícil. Lo que pedíamos era algo que los directivos ya sabían, necesitábamos condiciones saludables de trabajo, lo único que pasó fue que tuvimos que hacerlo público y acudir a la justicia. No era lo que queríamos, pero fue la última opción.
-¿Cuál es su visión sobre el Colón?
-Creo que en líneas generales, todos creemos que el teatro no puede ser administrado como una empresa. La cultura debe ser prioritariamente para todos, nosotros vemos que hay mucha gente interesada en lo que hacemos, pero falta que haya un criterio más plural, con entradas accesibles sin perder rédito económico. Tenemos el teatro más importante de Latinoamérica, eso tiene que estar al alcance de todos, realmente.
-Después de 12 años y siempre en excelentes posiciones, ¿cómo hace para no perder el interés en la danza?
-Sí, es verdad que hay un agotamiento, pero creo que llega un momento en que uno comprende que si ésta es su vocación tiene que cambiar la visión de las cosas y renovar sus objetivos y la forma de encarar lo que haces. En el momento en que le diste importancia a tu agotamiento, te planchaste y ya no bailás más. También está la realidad, si bien ésta es una actividad artística, también es un trabajo.
-¿Y ambas cosas conviven bien?
-Sí, ésta es mi pasión, y si bien es un arte, también es mi trabajo. Yo cumplo horario, tengo recibo de sueldo y tengo mis obligaciones.
-Compartió escena con bailarines reconocidos, ¿alguna vez quiso lograr la carrera de alguno de ellos?
-Nunca me interesó ser como nadie. Admiré a mis maestros de la infancia. Luego creo que entre mis referentes artísticos estuvo el bailarín y hoy maestro Alejandro Parente.
-¿Cuál fue el mejor consejo que recibió de sus maestros?
-Cerrar un poco la boca (risas). La verdad, soy muy impulsivo y con el tiempo, y las recomendaciones, aprendí que las cosas ocurren y todo decanta.
-¿Aceptaría instalarse en otro país para trabajar?
-Lo he hecho por temporadas cortas y no me molesta, pero la verdad es que todos mis sueños profesionales y mis pensamientos de desarrollo están en la Argentina.

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