Un memorable Arcadi Volodos – 08.09.2012 – lanacion.com

La Nación | Sábado 08 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa
Un memorable Arcadi Volodos
Por Pablo Gianera | LA NACION
El recital del ruso Arcadi Volodos en el Colón empezó con una sonata de Schubert. Hace unas semanas, András Schiff habría incluido también a Schubert en su programa, y no es desdeñable aprovechar la coincidencia para tratar de extraer a partir de allí una consideración más general. Así como Schiff es una especie de poeta filosófico del piano, alguien que combina sabiduría e imaginación, Volodos es más bien un formidable arquitecto. No es que el ruso no pueda ser poético, sino sencillamente que su sentido del relato, su manera de abordar cada pieza como un tendido continuo es asombrosa. Su concierto resultó no menos memorable que el de Schiff, aunque por otros motivos.

La Sonata en La menor D. 784 de Schubert se superpone cronológicamente con uno de los poquísimos textos que escribió el compositor, el poema "Mein Gebet" (Mi plegaria). Se lee en los dos primeros versos: "La nostalgia profunda de una sagrada inquietud/ quiere alcanzar mundos más bellos". Sin abusar de la biografía, es evidente que ese desasosiego permea asimismo esa sonata. Esa aspiración de trascendencia suele insinuarse en los segundos temas, y en los primeros dos movimientos lo trascendido parece ser el instrumento mismo. Volodos reveló esa dimensión orquestal y logró también una lectura intensamente dramática y concentrada. Hay que pensar en la contundencia expresiva de sus tremolos, en los maravillosos vuelcos dinámicos, en la serenidad hipnótica que conquistó en el Andante. Es además difícil imaginar pianissimos tan delicados como los suyos.

Después de una sobrecogedora versión de los Tres Intermezzi op. 117 de Brahms, Volodos llegó al otro eje del concierto: la Sonata en Si menor de Liszt. Ya desde la primera presentación del motivo característico en la mano izquierda fue claro que Volodos es un maestro del suspenso, con su manera de sostener los silencios al punto en que la tensión se torna intolerable. El coral, que el propio Liszt define significativamente "Grandioso", sonó acaso un poco demasiado enfático, aunque en cualquier caso se ajustaba un enfoque general marcado por la fluidez temática y los contornos claramente definidos. No hay un programa en la Sonata de Liszt, pero se supone que se transparenta en ella la leyenda de Fausto, con Mefistófeles y Gretchen. Ese drama entre los tres personajes es el que Volodos realizó de modo admirable y se consiguió que se escuchara eso que Charles Rosen llamó en una ocasión la combinación de azufre e incienso.

Cuando parecía que el concierto había terminado y que nada más podía decirse, empezó otro concierto. En proporción directa con los aplausos, Volodos tocó increíblemente once encores , de Liszt a Vivaldi pasando por Mompou y Lecuona. El tiempo corría, la sala se iba vaciando y quedaba el núcleo duro del público, que no se resignaba a que la noche terminara. Daba la impresión de que el pianista podía tocar otras dos horas. Era algo más conmovedor que el protocolar agradecimiento por los aplausos: Volodos tampoco quería irse y parecía tocar ya para sí mismo..

El pianista ruso ofreció once bises, casi otro concierto. Foto: Teatro Colón

Arcadi Volodos (piano) / Programa: Sonata en La menor D 784, de Schubert; Tres Intermezzi op 117, de Brahms; Sonata en Si menor, de Liszt. / Sala: Teatro Colón.

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