La voz del público – 13.09.2012 – lanacion.com

La Nación | Jueves 13 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa
Clásica
La voz del público
Por Pola Suárez Urtubey | LA NACION
Un buen número de espectadores habituales de la ópera en el Teatro Colón ha hecho esta pregunta: ¿por qué I Due Figaro de Saverio Mercadante, justamente en una temporada tan anémica como las de estos últimos tiempos? ¿Cómo se explica que un director del nivel espectacular de Riccardo Muti se haya prestado para dirigir este largo y aburrido remedo de Las bodas de Fígaro de Mozart, aunque dentro del estilo más rossiniano que es posible imaginar?

En estos primeros años del siglo XXI se prolonga, afortunadamente, el impulso que ha caracterizado a buena parte de la centuria anterior, y en buena medida a partir de la segunda posguerra, en el sentido de realizar planteamientos a fondo en relación con las tradiciones musicales del pasado. Y así mientras la Edad Media y el Renacimiento han resurgido con un ímpetu que ha comprometido a tantos músicos, creadores e intérpretes, y a tantos oyentes, en particular jóvenes, que se apasionan por aquellos prodigios sonoros, también el Barroco y el Clásico han pasado a ser estilos de enorme atractivo, a los cuales amamos y reverenciamos con ardor y entusiasmo.

Por otra parte, estos encrespados impulsos del público de las últimas décadas tampoco podrían haberse producido de manera espontánea, de no haber existido los estudiosos profundos y los intérpretes de ese pasado, a quienes debemos el descubrimiento y la puesta en valor de todo lo que hoy forma parte de nuestra pertenencia. En algunos casos la revelación de obras del pretérito ha sido deslumbrante, como en el caso de Bach, cuyo vibrante renacimiento se produjo en pleno Romanticismo con Mendelssohn, a partir de 1829, aunque ya antes Mozart se había movilizado para reivindicar las genialidades de Händel y Bach.

En esta corriente revisionista y exhumadora se adscribe el entusiasmo del napolitano Riccardo Muti, comprometido con el resurgimiento de los grandes valores de aquella escuela de Nápoles, de la que salieron -o por donde pasaron- algunos de los más grandes operistas que hoy nos asombran.

Es cierto, el Mercadante que Muti nos ha revelado de una manera insuperable aún se encuentra bajo el fuerte influjo de Rossini y como una débil sombra del Fígaro mozartino. Es posible que el Mercadante que conocieron los porteños del siglo XIX, cuando se representaron cinco de sus títulos, entre ellos, en 1854, Il Bravo, fruto de un autor maduro, según dicen, y con una personalidad afirmada, habría resultado hoy más atractivo. Lo ignoro. Pero en mi caso, confieso, me hizo feliz conocer a Mercadante a través de este espectáculo que fue de ejecución musical y escénica superiores, Muti mediante..

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