Democracia | "Toda mi vida soñé con trabajar en el Colón"

DEMOCRACIA |  18.09.2012
Un diálogo a fondo
"Toda mi vida soñé con trabajar en el Colón"
El diseñador de moda, Gino Bogani, charló con Teté Coustarot para el Semanario Democracia y transmitió su felicidad por confeccionar la vestimenta de los personajes de la ópera de La Cenicienta. Además, repasó un poco de su historia personal y hasta se animó a darle algunos consejos de vestuario a las mujeres.
Teté Coustarot entrevistó para Democracia a Gino Bogani, en uno de los momentos más felices de su vida. Amante de la ópera, el prestigioso diseñador cumplió el sueño que lo desveló durante muchos años: diseñar la indumentaria de una obra de ese género musical que lo apasiona desde chico. Se trata nada menos que de La Cenerentola (La Cenicienta), la pieza de Rossini que se podrá ver en el Teatro Colón, bajo la dirección de Sergio Renán. “Durante toda mi vida soñé con trabajar en este hermoso teatro que tenemos en la Argentina”, confiesa Gino.

– ¿Alguna vez soñaste con trabajar en el Teatro Colón?

– La verdad que muchas veces, o mejor dicho, toda la vida. Muchos directores me decían: “Vos tenés que hacer algo en el Colón”; incluso Renán, con quien finalmente pude llegar acá. Muchas veces se habló hasta que el año pasado me llegó la sorpresa por medio de Pedro Pablo García Caffi. La verdad es que fue una alegría inmensa, algo que esperaba desde hace muchos años. Además, toda mi vida vine al Colón.

–¿Pensabas en posibles diseños mientras estabas en la butaca? 

–Claro que sí. Aunque uno desde la butaca puede hacer muchas conjeturas; después, en plena producción de una ópera, es distinto.

– ¿A cuántos personajes tenés que vestir?

– Tenemos a Don Magnífico, el padre; Clorinda y Tisbe, sus dos ahijadas… lo que pasa es que en la versión operística de La Cenerentola (La Cenicienta) no hay madrastra, hay padrastro; tampoco hay hada madrina sino un tutor del rey, y en vez de perder el zapatito, cambia una pulsera. Después están todos los personajes: la corte, los soldados. Ya perdí la cuenta de cuántos trajes son.

–¿Estás trabajando con la gente del teatro?

–Con todos. Son maravillosos.

–Es impresionante la planta donde están trabajando.

–Y no has visto todo, viste la parte donde está la sastrería de mujer, donde se hacen los trajes para ballet, pero también está el sector para hombres, utilería, la parte de sombreros, el lugar donde se hacen los herrajes para los caballos. También tenemos el sector donde se hacen los zapatos. El Teatro Colón es un mundo fascinante.

–Además te toca trabajar con profesionales increíbles, que valoran mucho el hecho de trabajar con vos. Todos están muy felices.

–Es gente fantástica con la cual se puede trabajar de una gran forma. Aman su trabajo y aman la ópera, eso es muy importante.

–¿Cómo comenzaste a ir a la ópera?

–Desde muy chico. Venía con mis padres, que tenían abono acá en el Colón. Hace 40 años que lo hago.

–¿Cómo es trabajar con Sergio?

–Un privilegio. Es un ser extraordinario. Con todos se trabaja muy bien; también está Emilio Salduba, el escenógrafo: los dos están acostumbrados a trabajar en este tipo de ámbitos. Por un lado me resulta extraño porque en cierto modo dependo de ellos; estoy acostumbrado a decidir todo, pero resulta bueno que me esté pasando esto porque te da cierta disciplina. Siempre se aprende de todo en la vida.

–¿Qué diferencia hay entre esto y un desfile?

–Es casi lo mismo. Acá dependés de la medida de los cantantes, porque lo que se busca esencialmente es una calidad vocal, pero de todas maneras es lo mismo: está el apuro, la sensación de que no llegás y la satisfacción final por haber cumplido. Lo diferente es que esta es una producción escénica que queda y que se puede vender a otros países; también se puede repetir más adelante.

–¿Cuántas funciones van a hacer?

–Alrededor de seis funciones. La primera es el 25 de septiembre.

–¿A quién te gustaría tener al lado en este tipo de situaciones?

–Me encantaría que estuviera mamá.

–Yo creo que Alma estaría chocha, pero para ir al estreno, no para acompañar en la parte previa. Ella era muy activa.

–Me emociono de solo pensarlo. Creo que a los dos les hubiera fascinado, a mamá y a papá. A pesar de que no estén conmigo, yo creo que ellos están viendo todo; la energía de ambos me llega.

–O sea que va a haber una dedicatoria especial…

–Sí, lo hago pensando siempre en ellos y en todos los que me apoyan y alientan.

–Es interesante poder apreciar lo que sucede en los caminos. De pronto te encontrás diseñando en un ámbito que amaste toda la vida.

–Es increíble. Todo esto que me está pasando coincide con mi cumpleaños, y cuando me preguntan si voy a hacer fiesta digo que la mejor fiesta que puedo tener es esta. Es el mejor regalo y el mejor festejo. ¡Encima cuando llego a un número redondo! (risas).

–¿Qué soñabas cuando eras chico?

–De chico siempre me fascinó el teatro, el cine, la actuación. Con el tiempo fui desarrollando esta profesión que se transformó en mi pasión, en mi oxígeno. Ahora tengo la suerte de poder conjugar las dos cosas en uno de los teatros más importantes del mundo. El otro día hubo un concierto de una soprano muy importante que no podía creer estar en el Colón. ¿Qué puedo pedir después de estar trabajando acá, en este lugar hermoso que tenemos en la Argentina? Como muchas otras cosas que tenemos y que debemos cuidar y potenciar.

–Además una historia divina. ¿Quién no se ha fascinado con “La Cenicienta”?

–Todo el mundo, grandes y chicos. Una de las cosas que recomendó Sergio, tanto a mí como a Emilio, es que no nos olvidemos de que se trata de un cuento de hadas, de manera que todo es posible.

–Acaba de salir un perfume también.

–Sí, el “Chic to Chic”.

–Te aviso que yo uso el tuyo.

–El que usás vos es el “Gino Bogani”, también es delicioso.

– Hablemos un poco de tu historia. Naciste en un lugar especial…

– En el norte de Africa, en Trípoli. Volver allí es una cuenta pendiente que tengo, porque cada vez que quise ir estaban en algún lío.

–Es bueno tener cosas pendientes.

–Yo siento que recién empiezo y que tengo que hacer un montón de cosas. Cuando recuerdo el número redondo vuelvo a la realidad, pero al espíritu lo tengo, eso es lo más importante. Nací allí pero a los 35 días de vida hice mi primer vuelo en avión hacia el sur de Italia. Fue en plena Segunda Guerra Mundial, en el año 1942.

– ¿Cuándo vinieron a la Argentina?

– En 1948. Fuimos a vivir a Rosario; allí estuvimos unos años, tomé mi primera comunión y después nos mudamos a Mar del Plata.

– Tengo recuerdos tuyos en los festivales de cine

– Tengo una cantidad de fotos con las que podría hacer un libro solo del festival. Así empecé en la moda, en 1958. Fue una época muy linda en la que iban muchas figuras como Paul Newman, Germaine Damar, Elsa Martinelli, entre otros.

– ¿Cuándo llegaste a Buenos Aires?

– En el 63. Ahí no quería saber más nada de moda, hasta que un día se me ocurrió abrir una boutique en un edificio que se estaba construyendo en frente de mi casa, en Juncal y Uruguay. Pasa que todas mi clientas, que vivían en Buenos Aires y viajaban a Mar del Plata, me pedían que volviera, así que al poco tiempo, cerca de Navidad, abrí mi primer negocio en la calle Uruguay. Compré una moqueta negra, la instalé, bajé unos muebles de mi casa y empecé. En esa época te conocí a vos, Teté. Eras muy jovencita y venías de Japón.

– Tenía 19 años. Había viajado como Miss Joven Argentina

– Bellísima. Cuando te vi no lo podía creer. Mi primer desfile en Buenos Aires, en el cual estuviste, fue a beneficio de una institución en la casa particular del doctor Elkin, que era otorrinolaringólogo.

–Lo que recuerdo muchísimo es el viaje que hicimos a Washington.

–Tenemos muchos recuerdos juntos. Una parte de mi vida está unida a la tuya de alguna manera. Fueron muchas satisfacciones. El otro día estaba firmando unas bolsas de personas que compraron el perfume y me saludaban, me decían cuánto me admiraban y me pedían disculpas. Yo les contestaba que tenían que disculparse, porque escuchar eso es lo mejor que me puede pasar. El cariño y el afecto de la gente después de tantos años son emocionantes.

–Es que eran y son los mejores desfiles. Armabas todo como una gran puesta en escena, con la música, la ornamentación de la pasarela… todo era diferente.

–Es cierto. Con ustedes, las modelos, se hacía todo más fácil. Lo increíble es que nunca hicimos un ensayo. La gente no imaginaba que semejante puesta no se practicaba previamente. Pasa que la instancia de prueba era muy rica.

–Protagonizaste una etapa de evolución de la mujer. ¿Qué cambios notaste en todos estos años?

–Te voy decir la verdad: siempre existieron las excepciones. Siempre hubo chicas con mucha personalidad que sabían lo que querían y decían: “No, no opines”. Ahora a todas les encanta la opinión y vienen mucho con amigas que aconsejan. A la mujer le sigue pasando lo mismo que hace 40 años: cuando llega el momento del casamiento es la misma emoción de siempre, así tenga quince, veinte o treinta años. Es un trabajo fascinante, aunque no por eso deja de ser un trabajo como cualquier otro, donde no todo es color de rosa. La gente de pronto cree que porque somos conocidos no sufrimos el trajín de cada día. Volviendo a tu pregunta: la esencia sigue siendo la misma. Yo siempre digo una cosa: mientras exista la humanidad y en ella las mujeres, siempre va a haber creatividad. Las mujeres inspiran, siempre lo hicieron con los grandes artistas.

–Son el motor de la vida…

–Es que si no, no existimos. Son el motor y las que nos dan la vida. Por eso la moda ha cambiado muchísimo en estos años debido a ese rol tan importante, tan merecido, tan esperado y tan necesario que ejercieron.

– ¿Cuáles son las cosas básicas que sentís debe tener la mujer para estar bien?

– Depende muchísimo de la vida de cada una. De acuerdo al perfil de la mujer de hoy, que trabaja y tiene muchísimas ocupaciones, creo que no debe dejar de tener jeans. No puede no tenerlos, salvo que tenga una figura que no se lo permita. No pueden faltar los pantalones negros, los beiges, las típicas camisas, sweaters, t-shirts… eso es lo básico. La mujer puede estar muy simplemente vestida, pero si esa mujer tiene posibilidades, va a ser ella misma cada vez más exigente. De pronto va a querer otro tipo de calidad de zapatos, de accesorios. Todo va creciendo con las posibilidades. Por otro lado, la mujer argentina tiene la facilidad de arreglárselas muy bien; para mí es súper prolija. Voy a decir una frase que puede sonar ridícula: “Los argentinos son limpios”. Todas las mujeres van a la peluquería, se hacen las manos. No en todos lados es así.

–Eso es verdad.

–También es importante tener un vestido negro, algún tapado o impermeable. Se puede usar una piel o símil piel, o también un echarpe que envuelva el cuello y los hombros. Después está en la gracia de cada una, lo que te nombré es lo básico. Si eligen un lindo vestido, con un par de zapatos a tono y una buena bijouterie, pueden ir a cualquier lado; lo que no deben hacer es ir es disfrazadas: suele pasar que eligen algo a lo que no están acostumbradas para determinada ocasión, y eso no está bien. Es preferible que vayan “net”, simples, pero con algo que verdaderamente las haga sentir cómodas. Un buen par de aros también es importante porque ilumina y le da vida a la cara.

–Estamos cerca ya del verano. ¿Qué recomendás con toda esta ola flúo que se viene?

–Eso ya se usó antes. No lo hice por última vez en la década del 70, sino en una remake que organicé hace algunos años. Los colores siempre dan alegría; hay estampados y floreados que son lindísimos y hay otros que no. Para un estampado flúo tiene que haber una edad, pero sí puede haber algún toque. Es como el animal print, que nunca va a dejar de estar de moda. El touch siempre puede estar: en un vestido, en un pañuelo, en una cartera.

–¿A los hombres los ves también evolucionados en la forma de vestir?

–¡Sí! Incluso más que las mujeres. El hombre se ha liberado totalmente. Yo recuerdo que no hace tanto iba al cine de corbata, ahora cada uno sale como quiere; no me gusta que se vistan mal, pero sí que tengan la libertad de expresarse como quieren. Hoy en día los ves vestidos de la manera más extraña y nadie se da vuelta, cosa que antes sí. Se dio una evolución importante; algunas cosas fueron buenas, otras malas, pero no importa eso mientras haya movimiento. El mundo siempre gira y depura. Me pasa que los maridos de mis clientas preguntan cómo combinar, sobre todo cuando llega el casamiento de sus hijas.

–El mayor tema es la mezcla, porque vos sos el rey de la mezcla. Me parece que ahí está la clave de todo: la combinación.

–Hay quienes tienen ese don o esa facilidad. Lo que no me gusta es cuando veo a un hombre vestido con un traje beige, camisa beige y corbata marrón; me parece fatal.

–Son personas sin imaginación.

–Ninguna. Creen que por respetar una gama de colores están bien. De todas maneras se ve poco eso; el hombre argentino es muy coqueto, como en todos lados, pero acá especialmente. Yo pienso que si existiese mayor accesibilidad en la cantidad de propuestas, serían como los italianos. Lo que ocurre es que ellos tienen un gran abanico de propuestas porque es un país de moda. O puede pasar como en Estados Unidos, donde tienen la misma propuesta en distintos precios. Eso falta acá.

–Gino, muchas gracias.

–Gracias a vos, Teté.

Teté Coustarot, junto con Gino Bogani, para

Teté Coustarot, junto con Gino Bogani, para "Democracia".

"Toda mi vida soñé con trabajar en el Colón"

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