La ópera como aventura | Revista Veintitrés

Revista Veintitrés
La puesta de El anillo del Nibelungo en el Colón
La ópera como aventura
Por Deborah Maniowicz
¿Cómo llevar las cuatro obras de la serie que compuso Wagner a una versión “popular” de siete horas de duración? La argentina Valentina Carrasco, que heredó la puesta de Colón-Ring de la bisnieta de Wagner, explica el desafío.
Históricamente, los ciclos de ópera clásica estuvieron asociados a un público de la tercera edad perteneciente a la elite de la sociedad. Incluso, los directores musicales o de escena solían ser personas formales y serias que apostaban al pragmatismo de la perfección condenando cualquier sesgo de improvisación. Los tiempos de preparación parecen eternos y con frecuencia se escucha a los grandes maestros decir que llevan años produciendo tal o cual ópera. Sin embargo, en los últimos años aparecieron espectáculos que, sin traicionar los principios de la ópera tradicional, lograron revolucionar el género con puestas de lo más disímiles.

Además del tradicional ejemplo de Barcelona, que Montserrat Caballe cantó con Freddy Mercury, está la cantante lírica rusa Ana Netrebko, que empezó limpiando los pisos del Bolshoi en Moscú y hoy es famosa en todo el mundo por su voz y por cómo actúa, baila y se expone en óperas como La Traviata o La Bohème. La adaptación de siete horas de El anillo del Nibelungo, el ciclo de cuatro óperas del compositor alemán Richard Wagner, que se presentará el 27 y 30 de noviembre en el Teatro Colón, con dirección musical de Roberto Paternostro y dirección de escena de Valentina Carrasco, bien podría inscribirse en esta última línea.

Respetando el esquema de cuatro óperas –que Wagner escribió entre 1848 y 1874–, la obra está compuesta por cuatro partes con tres intervalos: “El oro del Rin”, “La Valkiria”, “Sigfrido” y “El Ocaso de los Dioses”. Además de los 33 personajes en escena, el programa se completa con la orquesta y el coro estable del Teatro Colón.

Es frecuente que los ciclos de Wagner duren meses o hasta años. “Incluso, un ‘Ring’ de 16 horas le daría miedo a cualquiera. Esta es una adaptación que puede ser vista casi como una aventura y la duración limitada acerca a la gente. El recorte de la obra que realizaron Cord Garben y Katharina Wagner y yo heredé cuenta bien toda la ópera. La experiencia de sumergirse un día entero en el Ring es maravillosa”, dice Carrasco y ejemplifica: “En un día uno vive todos los estados de los personajes. Wotan, que en ‘El Oro del Rin’ es un tipo frío, descarado y muy materialista, en ‘Valkiria’ se muestra mucho más humano y tiene una relación con su hija impresionante que te saca lágrimas, para terminar completamente destronado y destruido en ‘Sigfrido’”.

Carrasco no es una directora convencional. Forma parte desde hace doce años de la Fura dels Baus, el famoso grupo de teatro catalán que propone romper con todos los esquemas tradicionales. Además, en su derrotero cuenta con la experiencia de dirigir a miembros del ejército del Líbano en el puerto de Beirut, transportar por los aeropuertos europeos valijas repletas de juguetes sexuales cuando realizaba una producción inspirada en La filosofía en el tocador del Marqués de Sade y haber participado en la realización del espectáculo Windows of the City, de la Expo Shanghai 2010, visto por más de 4 millones de personas.

Esas experiencias, entre muchas otras, la llevaron a aceptar el desafío de realizar la puesta escénica de El anillo del Nibelungo en menos de un mes. Sucede que en un comienzo Katharina Wagner, bisnieta del compositor, había sido designada como directora de escena y estaba trabajando en la ópera cuando de un día para el otro decidió echarse a un lado justificando la “imposibilidad de llevarse adelante”. “Cuando me llamaron, estaba en Francia preparando dos óperas. Como en el Colón integré las puestas de El gran macabro (de György Ligeti) y Edipo (de George Enescu), tengo una relación de familiaridad con la gente que trabaja allí y, si bien me tomé unos días para pensar si era posible hacer la ópera, cuando corroboré que el equipo de trabajo era el que me gustaba, acepté”, cuenta Carrasco.

Según describe la directora, el entrenamiento en La Fura fue vital para aceptar hacer un “Ring” con tan poco margen. “La adrenalina activa ciertos mecanismos. Yo adquirí esa mecánica de adaptarme a lo que hay. Pienso en Champollion, que descubrió la Piedra Rosetta y tuvo que descifrar jeroglíficos por primera vez. Al igual que él, yo me tengo que inventar un esquema donde cada pieza signifique algo. Eso es lo que hago con la escenografía: invento un lenguaje para que cada pieza funcione”.

En relación con el presupuesto, Carrasco explica que “hacer un Ring de Wagner cuesta mucho dinero, ya que se necesitan músicos de gran calibre y la longitud de la obra hace que sea costosa. Pero como ya había muchas cosas compradas de antemano, mi presupuesto fue limitado”. Además de la escenografía, la directora tiene a su cargo el vestuario: “La diseñadora de vestuario, Nidia Tusal, vino conmigo. Había muchos materiales comprados. Algunos tejidos se pudieron cambiar y otros hubo que reciclarlos. Pero había cosas muy específicas, como una peluca verde de varios metros de largo que yo no sabía ni dónde meterla”.

Respecto del perfil de la audiencia que suele acudir a ver ópera y ante la necesidad de popularizarla, la directora explica: “El problema no está tan relacionado con el precio de las entradas; es un tema social. Las entradas más baratas de la Ópera de París no son caras ni malas y, sin embargo, popularizarlas cuesta. Durante el siglo XX, la ópera se fue elitizando mucho y hoy cuesta revertir esa idea. Incluso, arquitectónicamente es difícil saber por dónde hay que ingresar. Pero lo cierto es que la ópera no es sólo para aquellos a los que les gusta la música clásica”. Sólo hay que animarse.

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Los números del anillo

7  horas dura la adaptación de la ópera de Wagner que se estrenará en el Teatro Colón.

2  funciones tendrá el espectáculo, los días 27 y 30 de noviembre.

360  pesos cuesta la entrada más económica. Luego ascienden hasta 3.000.

33  artistas componen el reparto entre los cuatro actos.

14.11.2012

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Un comentario en “La ópera como aventura | Revista Veintitrés

  1. Calificar de “popular” a una versión por haber sido “reducida” es subestimar la capacidad de la gente para apreciar una obra de arte. Afortunadamente en la sociedad argentina abundan ejemplos de transversalidad cultural que contradicen los prejuicios respecto del consumo de bienes simbólicos. Es evidente que las exigencias de etiqueta y los altos precios no contribuyen a la ampliación del público.
    Tampoco se puede utilizar el adjetivo “clásico” sin alguna aclaración respecto de su pertinencia: en un sentido estricto, deja afuera bastantes períodos de la historia del arte.
    El estereotipo asociado al público de la platea de una función de gala del Teatro Colón (personas mayores pertenecientes a un sector social acomodado) responde a una visión tan reduccionista como creer que la seriedad y la formalidad son atributos típicos de los maestros escénicos y musicales.
    Gluck y Wagner son verdaderos ejemplos de revoluciones estilísticas en el género operístico.
    Los argumentos de Valentina Carrasco resultan más coherentes que la introducción histórica de la periodista para intentar justificar sus elecciones respecto de esta puesta escénica.

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