"Quien no sabe de vinos pide el más caro" | Diario EL PAIS Uruguay

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WILLY LANDIN
"Quien no sabe de vinos pide el más caro"
Ya están a la venta las entradas para "Hansel y Gretel", la ópera para niños que prepara el Sodre para julio. El régisseur Willy Landin dio detalles de la gran producción.
Carlos Reyes
Su nombre empezó a sonar fuerte en Montevideo a partir del doble programa que presentó en 2011 en el Teatro Solís, cuando hizo Cavalleria rusticana y Pagliacci. Pero para él aquello ya es historia antigua: sus expectativas están puestas en Hansel y Gretel, que se estrenará el miércoles 10 de julio. La obra utilizará muchos recursos tecnológicos, pero también técnicas artesanales que están siendo recuperadas.

-¿Cómo ve al niño como espectador de ópera?

-Una ópera dirigida para niños podría sonar como un género menor. Pero no: para mí es mayor el desafío, porque es un ojo inocente y muy detallista. El reto es mantener el cuento tradicional d los hermanos Grimm -la bruja será la bruja, y el bosque tiene que asustar-, pero todo eso llevado a hoy, donde los chicos tienen un gran bombardeo audiovisual. La idea no es modernizarla, en el sentido de sacarle esa esencia maravillosa, pero sí utilizar la tecnología para que los niños, y los adultos, queden fascinados. En eso estamos.

-¿Abordará la dimensión psicoanalítica del relato?

-No demasiado. Este tipo de literatura no tiene una sola lectura, pero creo que sería un error tratar de explicarla, sería como tratar de explicar un mito, o una leyenda. Busco modernizarla sin banalizarla.

-Usted inició su labor europea en 1993. ¿Cuánto cambió el mercado operístico desde entonces?

-Mucho, en cosas buenas y en cosas malas. Yo empecé en Europa como régisseur colaborador en el Teatro Comunale de Florencia, y siempre fui amante del cine, y quien ama el cine ama el cine italiano. Y realizábamos un programa muy bueno, que alternaba cada noche uno de los dos `Barberos`, el de Rossini y el de Paisiello. Y el régisseur del otro Barbero… era Ettore Scola, lo que me permitió almorzar a veces con él en una `trattoria`, y hablar de sus películas. Quiero decir que quedaba una generación de maestros que hoy ya no está.

-Y en el aspecto económico también cambió muchísimo.

-Claro, en esa época la parte económica era muy diferente, y no sólo por la cosa burda de los cachets, que llegaba a ser exorbitantes, sino más en general por la posibilidad de hacer grandes producciones. Había teatros que tenían posibilidades de hacer maravillas, y que hoy están quebrados.

-¿Y cómo ve hoy la relación entre la ópera y la crisis europea?

-Creo que eso excede el teatro: las crisis lógicamente tienen que ver con las personas. Pero por otro lado, en las mayores crisis (y a los argentinos nos ha pasado mucho) el arte florece. Ahora creo que hay una crisis de directores artísticos: ya quedan solamente los despachos con el nombre de `director artístico`. Antes era gente con mucha formación, con la que podías hablar de pintura, de distintos temas culturales. Hoy, cuando el teatro tiene plata, el director artístico agarra la revista Musical America, se fija qué están haciendo allá y lo llevan. Y lo bueno no es eso: es que el director artístico tenga su criterio, que sepa elegir, generar. Como acá con el Ballet Nacional Sodre y Julio Bocca. Eso tiene que ver con una mirada creativa desde la dirección de las salas. Porque eso es como trabajar la tierra fértil, eso queda para los que vienen después.

-¿En Europa se malgastó mucho dinero en producciones operísticas?

-Sí, en producciones cada vez más grandes, hasta por una cuestión `marketinera`. Y eso ahora no se puede hacer, por falta de dinero pero también porque la gente se cansó. Y ahora se vuelve al teatro más puro, no en el sentido de purismo sino de creatividad. Y eso también tiene que ver con la creatividad de los directores artísticos, que tienen que buscar voces en otros lados. Hago una comparación burda con el fútbol. Si no tenés los recursos del Barcelona, tenés que ir al potrero a buscar un chico que sea bueno. Y para eso ya hay que saber elegir.

-¿Y cómo ve hoy en Buenos Aires la relación entre la ópera y el dinero?

-¿Puedo llamar a mi abogado? No, más allá de las bromas, es todo un tema, pero creo que se inscribe en lo que vengo diciendo. Yo no creo que sea un gran momento, pero en arte no hay que asustarse por eso: son oleadas. A Buenos Aires le agradezco mucho todo lo que me dio, pero creo que hoy hay mucha inmediatez. Los chicos recién se anotaron y ya están estrenando obras. Y no está mal, pero no te podés quedar en eso. Y si los resultados que tienen son buenos, eso hace que no haya una exigencia mayor.

-Usted trabajó mucho en el Colón como régisseur y escenógrafo, incluso como director del Centro de Experimentación de esa sala. ¿Cómo percibe hoy la gestión de ese teatro?

-La verdad que creo que tiene más recursos que inteligencia con que los usa. Y también tiene que ver con eso, con fijarse qué hay afuera y traerlo a un costo elevado: y no está dejando huella. Para quienes hemos crecido en el Colón, nos damos cuenta que hay un gran vaciamiento cultural del teatro, porque hay mucho para el `show off`. Ha cambiado el público, y cada tanto hay producciones buenas, pero los que sabemos de eso, vemos una producción y nos damos cuenta que con eso se hubieran podido hacer tres cosas mejores. Es como el que pide el vino más caro de la carta porque no sabe tomar. Mientras que el que sabe conoce una bodeguita con un vino que traen de Durazno que es genial. Pero para eso hay que saber de vinos.

-¿Sigue habiendo mucha vanidad en el ambiente operístico o es algo que está pasando de moda?

-Cambió mucho. Yo me acuerdo que cuando yo era asistente en el Colón vino Fiorenza Cossotto, y te hacía acordar a aquella película Encuentro con Venus, con Glenn Close, porque llegaba con el tapado de piel (que hoy sería políticamente incorrecto), y una estola, y le decía al director `maestro, fa freddo`, y era imposible decirle algo. Hoy en día una diva viene en zapatillas y le exige a uno que la marque. Creo que eso fue por el video: parece una tontería pero ahí se empezaron a dar cuenta que tenían que tomar clases de teatro, o adelgazar, porque no se gustaban a ellas mismas cuando se veían.

-Usted presentó en 2011 en el Teatro Solís un doble programa con "Cavalleria rusticana" y "Pagliacci", en funciones especiales por el Bicentenario. ¿Qué balance hace de esa experiencia?

-Me pareció llamativo que en Argentina el Teatro Colón estuviese cerrado en su centenario, en 2008, y luego el destino me regaló algo de gratificación uruguaya. Cuando el Solís me convocó para hacer ese doble programa, valoré mucho que me hubieran elegido, siendo un director extranjero (aunque yo me sienta hermano).

-¿Y ahora cómo ve la diferencia entre trabajar en el Solís y en el Auditorio Adela Reta?

-El Solís es una sala adorable, con un montón de historia. Y el Auditorio es de esos teatros fantásticos, en el sentido de las posibilidades que tiene. Conozco la historia institucional del Sodre, y creo que con el nuevo edificio se está dando como algo fundacional. Y en parte, la convocatoria que me hizo Gerardo Grieco tiene que ver con eso. Se está armando algo allí un embrión muy grande, con un amigo como Julio Bocca trabajando acá. Y el teatro me pide que además de traer un trabajo, que le demos algo fundacional, que podamos brindar algo de `know how`, aunque suena mejor dicho en francés, `savoir-faire`. Porque nosotros pasamos, pero los teatros van a quedar.

-Claro, porque hay mucho de artesanal en el montaje de una ópera, vinculado con distintas tradiciones…

-Sí, hay técnicas que se están perdiendo, o que se perdieron, que trajeron, por ejemplo, los maquinistas que vinieron de Italia a Argentina. Ya no se ven martillos en los escenarios: solo pistolas neumáticas. En Hansel y Gretel, si bien usamos materiales modernos y mucha tecnología, también estoy usando veladuras de tul, pinturas, cosas que tienen que ver con la tradición de teatro, con ese olor a madera, a papel maché. Lamentablemente los teatros trabajan por la tradición oral, y antes la ópera movía una gran industria. Eso se va perdiendo.

-¿Qué impresión se está llevando de los talleres de vestuario y escenografía del Sodre?

-Veo gente joven, que ama el oficio, y que me devuelven con creces las ideas que propongo. Para hacer la olla de la bruja, yo quiero no sólo que salga humo: también que la tapa se mueva. Y cuando en la obra engorden a uno de los chicos, buscamos el efecto para que se vaya inflando. Y generosamente la gente de realización veo el amor que pone en lo que está haciendo. No están mirando la hora.

-¿Por qué cree que la ópera despierta tanta fascinación?

-La ópera sigue teniendo esta cosa maravillosa de espectáculo total, aun la más pequeña. De la palabra, la música, la poesía, la musicalidad de la propia palabra. Y tiene una cosa de grandilocuencia y a la vez de imperfección, que habla de la pedantería humana. Una cuerda de violín salta, o al pobre tenor le agarra un gallo, y eso (que los óperomaniacos a veces no lo entienden), es lo que la hace maravillosa. La fragilidad de un tipo que le pagan muchísimo, y no sabe si le va a salir bien. Es como si le pidiéramos a Messi que todos los partidos haga un tiro libre al ángulo.

Auditorio Nacional Adela Reta tendrá olor a vainilla y chocolate

Entre el miércoles 10 y el domingo 21 de junio, con motivo de las vacaciones de invierno, el Sodre ofrecerá Hansel y Gretel, en el Auditorio Nacional Adela Reta, con más de 150 artistas en escena. Las entradas están en Red UTS y en la propia sala (Mercedes y Andes) y valen $ 120, $ 300, $ 450, $ 660 y $ 900.

Por lo que se sabe, no faltarán estímulos visuales y sonoros para grandes y chicos. Al comienzo del espectáculo, en escena habrá una gran biblioteca con unos libros gigantes. Un volumen se abrirá para dar paso al relato, en el que hay diversas técnicas: proyecciones, retroproyecciones, y película de animación.

Para hacerse una idea de la escala del asunto, un par de lentes en escena miden un metro ochenta centímetros, y la portada del libro, cinco metros y medio por tres metros y medio. Los materiales con que están siendo hechos estos elementos de escenografía y utilería son variados, desde hierro y gomaespuma hasta pana.

Otro de los decorados llamativos es obviamente la casa de la bruja, cuyo techo se abre y se va desplegando toda. La chimenea es un helado, y en el bosque, las lámparas imitan elementos de la naturaleza: tampoco faltará algún hada volando. "Para mí los chicos tienen que tener una experiencia total: por eso estamos viendo si en el acto tercero, la famosa casa de chocolate, la podemos acompañar de olores a vainilla y chocolate que inunden la sala", explicó Landin (Mar del Plata, 1965).

Otra sorpresa: en el hall habrá imitaciones de las escenografías, donde los niños podrán tomarse fotos, y luego intervenirlas, dado que estos decorados tendrán espacios en blanco para echar a volar la imaginación.

Federico Sanguinetti, Alfonso Mujica, Stephanie Holm, Mariela Noccetti, Eugenia Fuente, Raúl Pierri y la argentina Florencia Machado forman, entre otros, el elenco.

El régisseur Willy Landin viene a presentar "Hansel y Gretel", una ópera para niños. Foto: Archivo El País

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