Clarín | Bailando en un sueño

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Bailando en un sueño
Alejandro Cervera toma los personajes de Lewis Carroll y les da su sello coreográfico. Brillan los bailarines del Colón.
23.07.2013  Por Laura Falcoff
El Ballet del Teatro Colón acaba de estrenar Alicia en el País de las Maravillas, creada por Alejandro Cervera sobre el célebre cuento de Lewis Carroll. Cervera tiene una extensa trayectoria como coreógrafo y ha trabajado con compañías clásicas y contemporáneas, tanto en el país como en el exterior.
En principio parece difícil, más bien imposible, traducir a la danza los agudos diálogos de Alicia con los personajes que encuentra en su paseo por ese país que es el territorio de su sueño, el País de Nunca Jamás. Conciente de esta imposibilidad y con una imaginación limpiamente coreográfica, Cervera eligió un punto de vista escénico: hacer bailar a los personajes en un desfile de relativamente breves apariciones -las aves que se empapan en el charco de lágrimas de Alicia, la Oruga, el Ratón, los carteros de la Reina de Corazones- conservando el alocado y disparatado carácter del cuento de Carroll.

Su versión de Alicia en el País de las Maravillas está pensada para un cuerpo de baile muy numeroso y también muy dúctil: elementos tomados de diferentes géneros de danza son asumidos con comodidad por los bailarines del Colón, que incluso en alguna escena se mueven a lo largo del pasillo de la platea ante los deleitados ojos de los chicos. Como en una versión anterior, montada con el Ballet Contemporáneo del San Martín en 1998, Cervera contó con el excelente actor Roberto Carnaghi en el rol del narrador, o mejor dicho, en el de la voz de Carroll. La soltura, interpretativa y también corporal, con que Carnaghi se mueve entre ese vértigo de situaciones y personajes, es admirable y también adorable. El papel de Alicia en la función de estreno fue interpretado por la estupenda bailarina del cuerpo estable del teatro Luciana Barrirero, muy en el carácter de esta niña curiosa y atrevida. Otro rol con más peso que los otros, como ocurre en el cuento, es el del Conejo Blanco, encarnado por el no menos estupendo Dalmiro Astesiano.

El coreógrafo, así como recurrió a una variedad de géneros de danza, también lo hizo respecto de la música: hay fragmentos de Mozart, Haendel, Erik Satie entre otros, y música tradicional japonesa, africana, tibetana. La excelente vestuarista Mini Zuccheri trabajó sobre los hermosos diseños originales que Horacio Pigozzi, ya fallecido, había creado para la primera versión de la obra.

Despliegue Una puesta de “Alicia...” como sólo se puede ver en el Colón.

Despliegue Una puesta de “Alicia…” como sólo se puede ver en el Colón.

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