Vaciamiento progresivo y privatización encubierta | Diario Z

Diario Z | Viernes 26, julio, 2013 |
Teatro San Martín
Vaciamiento progresivo y privatización encubierta
La joya mayor de la dramaturgia porteña -hogar de clásicos y vanguardias – se debate entre el colapso edilicio y el desguace de los talleres. La producción propia cae y las salas se alquilan al mejor postor. Opinan los dramaturgo y directores Mauricio Kartun y Rubén Szuchmacher.
Por: Néstor Rivas
La ciudad de Buenos Aires suele ser ponderada como la “capital latinoamericana del teatro”. No hubo gobierno porteño que no se jactara de ostentar semejante título. Con 170 salas funcionando entre los tres circuitos –el oficial, el comercial y el independiente– que conforman el sector, y unos tres millones de espectadores anuales, los papers ministeriales hablan de una actividad teatral intensa, “sólo comparable con pocas ciudades del mundo”. Y el emblema del teatro porteño es, sin lugar a dudas, el Teatro General San Martín –“El Gran Monumento”, como lo llamará la legisladora Susana Rinaldi, “la Tana”, en diálogo con Diario Z–, del mismo modo que el sitial de la lírica corresponde al Teatro Colón.
Sin embargo, hoy ese “gran monumento” de la cultura porteña atraviesa una de las crisis más profundas que haya conocido en más de medio siglo de existencia.

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El Esplendor
Proyectado por el gran arquitecto Mario Roberto López, su imponente edificio de trece pisos, tres cuerpos, cuatro subsuelos y una superficie cubierta de 30.000 m2, comenzó a construirse en 1954 y fue inaugurado en 1960.

Inmediatamente, se constituyó en el faro cultural de la ciudad, condición que supo mantener incluso durante la última dictadura militar. Las entrañas del San Martín albergaron lo mejor del teatro clásico, pero también las propuestas más audaces y experimentales de la vanguardia. Además de sus tres salas teatrales, que suman 1.815 butacas, “el San Martín” cuenta con una sala de cine, una fotogalería –iniciada por Sara Facio y dirigida por ella entre 1985 y 1997–, un Centro de Documentación de Teatro y Danza y talleres, gabinetes y depósitos propios, dedicados a distintas áreas de la producción artística. “Inició a la ciudadanía de Buenos Aires, después al país todo, y luego al turismo, que durante años venía especialmente para asistir al San Martín”, rememora
la Tana, que de esto sabe y mucho. “Reunía elementos que no estábamos acostumbrados a ver, salvo en el Cervantes quizá, como
el hecho de tener sastrería y zapatería propias, pero por sobre todo, por tener un elenco estable y la posibilidad de la danza y de la orquesta dentro del teatro.” “Llegué al San Martín en el año 63 y nunca más, en ningún otro teatro, volví a ver camarines como aquellos, que hablaban del respeto por los artistas, por los actores, por los bailarines. Eran un lujo. Por ejemplo, tenías una andanada de luces que podías armar combinando los colores, de acuerdo con el maquillaje que ibas a usar en escena. No tenías necesidad de ir a probarlo al escenario. Todo estaba dado para el confort del artista.” Su voz, siempre potente, deja entonces escapar una nota de tristeza. “Parecería que aquello lo inventamos con nuestra imaginación, porque se te escapa de la memoria,  pero sí, existía.” Será que el tiempo –y ciertas gestiones– todo lo corroen.

Plano inclinado
Fue durante la década del 90 que empezó a tallar el asunto de la “articulación” con lo privado, la búsqueda imperiosa de los “recursos propios” y de la “autosustentación”, etiquetas forzadas para un emprendimiento que fue concebido como una inversión no económica sino puramente cultural. El Teatro San Martín perdió en aquellos años su elenco estable de actores, el que en épocas de gloria supo encabezar Juan Carlos Gené. El plantel de los talleres artísticos quedó congelado. Y el hercúleo cuerpo del teatro empezó a resentirse y a manifestar sus achaques. La declinación llegó también al número de funciones y, en consecuencia, de espectadores: de las 2.473 funciones y 944.443 espectadores que albergó en el año 1985, los datos oficiales cuentan en 2012 apenas 1.694 funciones y 224.602 asistentes. Los últimos tiempos fueron de los más duros, y el malestar comenzó a hacerse
sentir. Actores, dramaturgos y técnicos consultados por Diario Z hablan de un “vaciamiento” cultural y estructural del gran teatro
porteño y de una “privatización encubierta”. Una producción propia menguante, una penetración cada vez mayor de los empresarios teatrales en el circuito oficial, la creciente tercerización de la producción de los talleres de escenografía y sastrería, el
alquiler de las salas para fiestas y eventos privados ajenos a la actividad artística y el colapso general del edificio son las expresiones palpables de un diagnóstico tan severo.

Dicen Actores
El 9 de mayo, la Asociación Argentina de Actores (AAA) se movilizó a las puertas del teatro para denunciar lo que llaman una “privatización encubierta” del San Martín y de todo el Complejo Teatral de Buenos Aires, que comprende además a los teatros De la Ribera, Alvear, Sarmiento y Regio.

Los números que difundieron en aquella marcha parecen contundentes. De 247 actores contratados en 2009 en el circuito teatral oficial porteño, según señalaron, este año se pasó a menos de la mitad: 92. Y apuntaron que, de ellos, apenas dos de los contratos que se encuentran vigentes corresponden al San Martín. Son los de Pompeyo Audivert y Horacio Peña, protagonistas de la obra El crítico.

Alejandra Rincón, de la secretaría gremial de la AAA, asegura que los datos que maneja son exactos, pues surgen del listado de los aportes que percibe el sindicato para la obra social y de las cartas de intención que los empleadores deben suscribir hasta 10 días después de iniciados los ensayos para una obra. 

Rincón también precisa la otra obra en cartel, Final de partida, no es una producción propia del San Martín sino de una “coproducción” con un empresario privado, Pablo Kompel, del Paseo La Plaza.

El mecanismo de la “coproducción” es cada vez más habitual en las salas oficiales. “En el Teatro Alvear, desde 2010, todas las obras que subieron a cartel fueron producciones privadas. Primero de Fénix Group, y luego de la mano de la productora de Cibrián-Mahler. Actualmente está Chantecler, de la cual no sabemos nada, excepto rumores. Enviamos una carta documento, pero no tuvimos respuesta. No nos enviaron ni carta de intención ni copia de los contratos” explica. Otro ejemplo es el de Pasen y vean: el Reino del Revés, protagonizada por Fabián Gianola en el Teatro Regio durante las vacaciones de invierno. Desde la autoría de la obra hasta la producción general corrió por cuenta de los integrantes de la familia Carreras, de larga prosapia en el negocio del espectáculo. “El teatro comercial y el oficial tienen finalidades muy distintas”, apunta Rincón.

Otra queja de los actores son los plazos para cobrar sus trabajos, que muchas veces se estiran hasta después de la salida de las marquesinas, y a la calidad de sus contratos, ya que todos revisten como monotributistas y deben facturar por su trabajo. Según pudo recabar Diario Z, el equipo que en noviembre del año pasado montó en el San Martín una celebrada versión de la ópera Cachafaz, de Copi, todavía no pudo cobrar sus honorarios.

Pero también quienes integran los cuerpos estables del teatro oficial se ven en apuros: es el caso del Grupo de Titiriteros, cuya labor en el Complejo Teatral es de dedicación exclusiva pero debieron sortear los meses de enero a mayo sin ver un centavo de sus haberes. “Tenemos un convenio firmado en 2011 con el ministro (de Cultura, Hernán) Lombardi que no se cumple”, señala Alejandra Darín, presidenta de la AAA. “Muchas veces los actores empezamos las obras sin haber firmado contrato, con una incertidumbre muy grande, y se nos paga hasta siete meses después de haberla terminado. Tienen que entender que somos trabajadores, no vivimos de rentas.”

Desguace de los talleres
Los talleres propios del San Martín, que siempre fueron motivo de orgullo por su prestigio internacional, cada vez tienen menos trabajo. Y no sólo por la reducción de los estrenos en una temporada “gruyère”, como la definieron las autoridades del teatro debido a los vacíos que debían dejar en la programación para dar lugar a las reformas edilicias que están en marcha. Según la Asociación Argentina de Actores, el 60 por ciento de la producción ahora se realiza fuera del teatro, a través de empresas privadas.

En el caso del taller de sastrería, aseguran que el plantel histórico de 42 trabajadores se redujo a la tercera parte, dato que Diario Z también pudo corroborar a través de otras fuentes. “A muchos de los que se fueron, se les ofreció un retiro voluntario, que consiste en continuar cobrando su salario por cinco años más sin trabajar, hasta alcanzar la edad para jubilarse”.

“La escenografía de Macbeth la hicieron afuera y luego el personal del teatro tuvo que adaptarla. Era una estructura de hierro y tenía rebarbas que lastimaban a los actores”, cuenta Alejandra Rincón. “Las máquinas y el personal están ahí, en el teatro, dispuestos para trabajar, pero aun así prefieren tercerizar”, asegura una persona que participó de un espectáculo en el San Martín hace pocos meses y pide reserva de su nombre.

El dato más insólito, de todos modos, es que parte del trabajo se terceriza con empleados que todavía revisten en el plantel activo
del teatro. Un dramaturgo de larga trayectoria y muy vinculado al teatro lo definió, con cierto pudor, como “una forma de corrupción”.

En Terapia intensiva
El estado edilicio del San Martín es desolador. La mitad de los baños no funciona y los ascensores lo hacen alternativamente. El 28 de mayo pasado, una tormenta azotó a la Ciudad. El techo de la sala Martín Coronado dijo “basta” y una catarata se descargó sobre
el proscenio. El evento fue captado por un camarógrafo amateur que lo subió a Youtube. El clip, de apenas once segundos de duración, se viralizó a través de las redes sociales. “¿Es de verdad o es un efecto?”, preguntó alguien azorado. El mismo día, el techo de la sala del Teatro Alvear tampoco aguantó más, y se anegaron los camarines y el subsuelo. Días más tarde, el 6 de junio, el Ballet Contemporáneo debió suspender una función por falta de agua caliente. Esta vez fueron las calderas del viejo teatro las que colapsaron. Dos días más tarde, la función debió cancelarse nuevamente, pero por otros motivos: el Colegio de Abogados había
alquilado la sala para realizar un congreso, desplazando a los bailarines. Poco después, el 26 de junio, le tocó a Alfredo Alcón padecer al sufriente edificio: debió levantar la función de la ya mencionada Final de partida por una falla en la calefacción de la sala. El coprotagonista de la obra, el ascendente Joaquín Furriel, se ocupó de la ingrata tarea de comunicar personalmente, y a viva voz, la mala noticia a los espectadores agolpados en el hall.

Ante la seguidilla de infortunios, Lombardi y el ministro de Desarrollo urbano Daniel Chain, junto a la plana mayor del Complejo Teatral de Buenos Aires, convocaron a los medios para comunicar un vasto plan de renovación tecnológica y edilicia que abarcaría al San Martín y también a otras salas y dependencias del circuito oficial.

En rigor de verdad, se trataba de la tercera vez que se anunciaban las mismas obras. La primera había ocurrido en junio de 2010. La segunda, en noviembre de 2012.

En 2010, Lombardi había prometido que la primera etapa de la obra estaría finalizada a fines de 2011. Con una inversión de $60 millones que saldrían de las arcas de la Ciudad, se preveía renovar las salas Martín Coronado y Casacuberta, los halls, la sala de ensayo del ballet y el bajo plaza del Centro Cultural adjunto al teatro que da sobre la calle Sarmiento. Según un informe elaborado por el equipo de asesores de la legisladora porteña Rocío Sánchez Andía (CC), “en julio de 2013, de esa primera etapa anunciada sólo se realizaron el bajo plaza del Centro Cultural San Martín, la fachada y la marquesina” del teatro.
Ahora, el ministro Lombardi se propone recuperar todo el edificio en 18 meses, a un costo de $72 millones. Cerca de $40 millones, se financiarían con la venta de 17 inmuebles pertenecientes a la Ciudad, operación que la Legislatura aprobó en agosto del año pasado.

La diputada Sánchez Andía se muestra desconfiada. Afirma que “los anuncios de Lombardi no tienen reflejo en el presupuesto”. “No tenemos información de la venta de los inmuebles. ¿Dónde se invirtió? Porque si no se invirtió en el San Martín y se invirtió poco en el centro cultural, ¿a dónde fue?”. En un arranque poético, Lombardi definió la renovación edilicia del San Martín como “una operación a corazón abierto”, esto porque se intentaría evitar el cierre del teatro.
De lo que no quedan dudas, en todo caso, es que el paciente se encuentra en estado crítico.

DZ/rg

Fuente: Redacción Z

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Un comentario en “Vaciamiento progresivo y privatización encubierta | Diario Z

  1. Por qué? Mil veces pregunto por qué? Qué nos pasa a los porteños? Vamos a perder un gran espacio cultural,orgullo de generaciones y todo por la ineficacia del Gobierno de la Ciudad que seguramente muchos volverá a votar.Despertemos !!!

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