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En Buenos Aires la música cada vez suena mejor
Por Berto González Montaner *
Al prestigio del Colón se le agregó la Usina del Arte con sus salas sinfónicas y de cámara. Y se viene el Auditorio en el edificio del Correo.
07/08/13  Buenos Aires está enriqueciendo notablemente su oferta de espacios para disfrutar de la música. En los últimos años, se restauró y reequipó completamente la legendaria sala del Teatro Colón, se inauguraron las salas sinfónica y de cámara de la flamante Usina del Arte en La Boca y, según prometieron, para el año 2015 abrirá el Auditorio del Centro Cultural del Bicentenario en lo que fuera el Correo Central. Allí, en su sala principal llamada la “ballena azul”, funcionará la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Lo más interesante, más allá de las cualidades espaciales de estas salas, es que todas suenan bien distinto. “Así es”, me lo confirmó Gustavo Basso, el reconocido especialista que intervino con el ing. Rafael Sánchez Quintana en el diseño acústico de estos templos de la música, luego de haber compartido unas piezas del joven pianista Horacio Lavandera en la sala sinfónica de la Usina del Arte. “Es que cada sala está diseñada acústicamente para responder a distinto tipos de música.” “¿Me equivoco o en el Colón el sonido suena más aterciopelado?” le pregunté. “Tal cual, me respondió, la diferencia es que la del Colón es una sala lírica, diseñada para que la voz llegue clara, y en esta sala sinfónica lo que se privilegia es que se perciba bien el timbre de cada instrumento.” Las cuatro salas tienen diseños particulares. La del Teatro Colón es un claro ejemplo de teatro italiano en herradura. Hoy es considerada como el mejor teatro lírico del mundo. Su objetivo acústico principal es lograr un adecuado balance entre los cantantes en el escenario y la orquesta en el foso. Pero según agrega Sánchez Quintana, “está en el límite entre una sala lírica y una sinfónica, lo que le permite reproducir muy bien una orquesta arriba del escenario”.

Otro tema que hace único al Teatro Colón es la extensión de la sala, una de las más grandes del mundo. Los espectáculos allí se hacen sin amplificar, por eso muchos cantantes líricos muy prestigiosos vienen a cantar por un cachet insignificante, porque demostrar que tienen el caudal de voz para “llenar” la sala les sube puntos en el mundo de la lírica.

El primer desafío que tuvieron que superar las salas de la Usina del Arte es que están construidas dentro de la carcasa de una usina eléctrica en desuso a la que le pasa raspando la ruidosa autopista Buenos Aires-La Plata. La sala más grande dedicada a la música sinfónica combina, según Basso, características propias de las salas tipo “caja de zapatos” del siglo XIX (planta rectangular y altura constante) con rasgos de diseño contemporáneo: dispositivos de acústica variable, reverberación a doble pendiente, reflexiones acústicas laterales dispuestas para aumentar la sonoridad a bajos niveles acústicos, etcétera.

En la más chica, dedicada a la música de cámara, recientemente inaugurada, el gran problema fue el ruido de fondo de la autopista. Como recuerda Sánchez Quintana “el silencio es parte de la música. Entonces nuestros silencios deben ser absolutos, sin que nada interfiera”. Para aislarla construyeron un doble muro de contención, con dobles puertas entre otros recursos. Pero además de los acústicos tuvieron que enfrentar otro desafío: la forma de su planta elipsoidal, en principio poco adecuada para esta función. “Porque la forma cóncava produce que el sonido se focalice”, aseguran. Para superarlo, dispusieron una serie de superficies reflectoras colocadas estratégicamente y la revistieron con piezas de madera de gran poder de difusión que a su vez terminaron dándole el carácter a la sala.

La futura gran Sala Sinfónica del Centro Cultural del Bicentenario, actualmente en construcción en las entrañas del ex Palacio de Correos es para 2000 espectadores. Se basa en un diseño que combina elementos de los auditorios tipo arena (Philarmonie de Berlín, por ejemplo), de las salas tipo caja de zapatos (KKL de Lucerna) y desarrollos ad-hoc contemporáneos.

Para los especialistas en acústica no solo es cuestión de oído, para ellos hay un término clave y científico que define el tipo de cada sala: la reverberación. En pocas palabras es el tiempo que transcurre entre que se interrumpe la recepción directa de un sonido y la de sus reflexiones. En una sala lírica donde se debe poder balancear adecuadamente las voces con la orquesta, la reverberación debe rondar el 1,5 segundo; el Colón tiene 1,7. En una sala sinfónica, donde deben distinguirse claramente los timbres de los instrumentos, debe llegar hasta los 2, como sucede en la sala grande de la Usina. Para la sala de cámara de la Usina eligieron un tiempo de reverberación de 1,5 segundos, pero a la hora de definirla dicen que debe producir en el espectador una mayor sensación de intimidad acústica. “Casi como si los músicos estuvieran en el living de su casa”, concluye Basso.

* Editor general ARQ

Flamante. La nueva sala de música de cámara de la Usina del Arte.

En obra. La sala fue realizada con materiales que evitan el ruido externo.
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