Clarín | Con una serena alegría

Clarín | Música
Energía y sutileza Zubin Mehta 
Con una serena alegría
Mehta condujo un soberbio concierto a beneficio con obras de Brahms y Dvorak.
28.08.2013 Por Sandra De La Fuente
Podrá reprocharse poco riesgo en los programas que Zubin Mehta selecciona para las giras con la Filarmónica de Israel, pero al menos habrá que concederle que esos programas suenan como hechos a medida de la orquesta y, sobre todo, diferentes a como sonarían con cualquier otra.
El tono mate de sus cuerdas conviene tanto a la Primera sinfonía de Brahms como a la séptima de Dvorak, las dos obras que Mehta dirigió en el concierto a beneficio de COAS en su segunda presentación en el Colón, un día después del recital en Puente Alsina.

La sinfonía de Dvorak y la de Brahms son piezas monumentales que tienen más que algunos puntos de contacto: es sabido que en el momento de presentar esa sinfonía, Dvorak reconoció su deuda con Brahms, y aunque sólo señaló como fuente de inspiración la Tercera sinfonía -se había estrenado muy recientemente-, no sería equivocado sumar otros opus brahmsianos, o al menos aceptar que la atmósfera del Segundo concierto para piano también resuena en la Séptima de Dvorak.

Es impensable un empaste más apropiado que el de esas cuerdas para la gran cantidad de momentos corales que contienen ambas piezas. Sobre esos colchones armónicos, serenos y graves, los vientos se mueven con un calor y libertad pocas veces escuchada.

Sin embargo, ese perfecto empaste de las cuerdas no impide que en los scherzos de ambas sinfonías se escuche una articulación trabajada al detalle, minuciosamente cuidada; y si no fuera porque la idea induciría a creer que esconden algún artificio, podría afirmarse que los pizzicati de la cuerda son tan exactos que no pertenecen a este mundo. Los scherzos sonaron como la más hermosa representación de un bailarín ya en etapa de declinación: economía y exacto sentido del tiempo en una danza que antes tuvo su condimento atlético pero que ahora se sintetiza en la entrega a cada uno de sus sutiles gestos, sazonados ligeramente con acelerandos y ritardandos.

También hay que agregar que en estas versiones no queda casi nada de la resonancia wagneriana con la que los metales dan forma a las culminaciones de estas sinfonías. Quizás sería mejor hablar de una serena alegría, de un resplandor distante, pero lo cierto es que no sobrevive a lo largo de estas versiones el brillo del triunfo. De algún modo, Mehta y su orquesta parecen no olvidar el fondo melancólico y oscuro de la humanidad aun en sus momentos más puramente afirmativos.

Con una levísima versión obertura de Las Bodas de Fígaro y un Adiós Nonino hollywoodense, la orquesta cerró su concierto.

Energía y sutileza Zubin Mehta 

Energía y sutileza Zubin Mehta 
Con una serena alegría

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