Clarín | Entre fantasmas y ráfagas

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Entre fantasmas y ráfagas
La expectativa fue cumplida: sin caer en sinfonismos, el bicolor revalorizó su repertorio.
25.09.2013  Por Federico Monjeau
El arribo de Charly García al Teatro Colón fue comprensiblemente precedido por una profusa propaganda, libro incluido. No se lo presentó como un recital de Charly en el Colón, sino como un complejo emprendimiento que sólo merecía concretarse en el templo mayor de la música sinfónica, para lo cual Charly mismo se enfrascó en un cómico esoterismo pitagórico y una improbable teoría de las paralelas musicales, que en el mejor de los casos actuó como una fórmula poética, pero que no tuvo ningún correlato con lo que se oyó en el Teatro. En rigor, nunca podría haberlo tenido porque se trataba de algo bastante delirante. Pero tampoco se puede decir que el artista haya engañado o faltado a la verdad. Al fin de cuentas, lo irrealizable se asumía ya desde el nombre: Líneas paralelas. Artificio imposible.

Lo de las “líneas paralelas” pareció más que nada una idea escenográfica de Renata Schussheim, idea que no careció de atractivo. Vista desde arriba (una segunda fila de tertulia lateral fue el sitio curiosamente asignado por la prensa de este show para el comentarista de Clarín), la superficie del escenario parecía una pista de aterrizaje, aunque desde esa misma perspectiva no alcanzaba a verse absolutamente nada de lo que se proyectaba detrás del escenario. Tal vez la idea de una pista o de una carretera le sirvió también a García para distribuir los músicos con un criterio adecuadamente espaciado y estereofónico.

Los “conceptos” compositivos de Charly eran bastante nebulosos, pero tal vez haya sido mejor así: mejor un sinfonismo intangible que uno avant la lettre . Finalmente Charly renunció a la orquesta de 50 músicos y se quedó solamente con dos cuartetos de cuerdas, que junto con el saxofonista Bernardo Baraj formaban una de las dos bandas del recital, Kashmir. La otra, The Prostitution, que también incluye cuerdas (chelo y dos violines), la completan sus históricos Carlos García López en guitarra, Fabián von Quintiero en teclados, Fernando Samalea en bandoneón y percusión, Kiuge Hayashida en guitarra, Carlos González en bajo y Toño Silva en batería, más Rosario Ortega en voces, y eventuales intervenciones del actor Jean Francois Casanovas y el vocalista Bernard Fowler.

El chelista Patricio Villarejo figura en el programa como responsable de la “transcripción a partituras”. Presumiblemente, esto implique también los arreglos, que son muy buenos; más cerca -como lo había anticipado Charly mismo- del enfoque cuartetístico de los Beatles que de los colchones del rock sinfónico, como se puso especialmente de manifiesto en Desarma y sangra, uno de los grandes momentos de todo el recital: no las notas teñidas de mullidos acordes, sino las notas más breves y ágiles que confieren tensión además de armonía.

En verdad, el “Artificio imposible” es simplemente un recital de canciones con algunos intermedios instrumentales muy breves, que actuán como separadores. El ajuste de la banda es bueno; la sala es lógicamente inmejorable, y el sonido no es malo a pesar de algunos acoples. La voz de Charly no se oye (y cuando se la oye, canta de una manera “aproximada”), pero esto último no es un problema de sonido. La voz de Charly es algo del pasado. Y no es el único recuerdo en este show: promediando la segunda mitad del recital se escuchará la voz grabada de Mercedes Sosa en una hermosa interpretación de Cuchillos.

Aunque no todo es fantasmal. Cuando llega el turno de Yendo de la cama al living la voz de Charly tampoco se oye muy bien, pero de todas formas lo que ocurre allí es extraordinario. En todo caso, la voz de Charly es una capa entre otras capas de esa composición maravillosa, sin duda una de las mayores de todo el rock. Aun con la defectuosa voz de Charly, hay en esa ejecución algo que permanece asombrosamente intacto, como un puzzle genial. Pero no es lo único asomboso de la velada, atravesada por potentes ráfagas de la música más hermosa que se haya escrito alguna vez.

Más allá de su voz Fue una capa instrumental más. / PRENSA TEATRO COLON

Más allá de su voz Fue una capa instrumental más. / PRENSA TEATRO COLON

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