DE LO POSIBLE SE SABE DEMASIADO: ATAHUALPA YUPANQUI

DE LO POSIBLE SE SABE DEMASIADO | lunes, 11 de noviembre de 2013
ATAHUALPA YUPANQUI

LOS EJES DE MI CARRETA

Porque no engraso los ejes
Me llaman abandonao …
Si a mí me gusta que suenen,
¿Pa qué los quiero engrasaos ?
Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella,
demasiao largo el camino
sin nada que me entretenga.
No necesito silencio.
Yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
ahura ya no pienso mas.
Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar…

Atahualpa Yupanqui es el seudónimo de Héctor Roberto Chavero Haram.
El nombre artístico supone un homenaje a Atahualpa, el último jefe inca trágicamente asesinado por los españoles, y Yupanqui es un vocablo que significa «el que viene de lejos».
Nació en el Campo de la Cruz, en Juan A. de la Peña, partido de Pergamino (al norte de la provincia de Buenos Aires) el 31 de enero de 1908.
A su padre, empleado ferroviario, le corría sangre india de varias generaciones, aunque el apellido Chavero es de origen gallego. Su madre era una guipuzcoana que emigró a Argentina.
Inicialmente estudió violín con el Padre Rosáenz, el cura del pueblo. Más tarde aprendió a tocar la guitarra en la ciudad de Junín con el concertista Bautista Almirón, quien sería su único maestro.
Atahualpa Yupanqui descubrió la música de Albéniz, Granados y Tárrega, y también las transcripciones para guitarra de obras de Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann.
«La música es una de las cosas que puede salvar al mundo, porque un hombre que busca y encuentra y se solaza horas y días y años y años luz, a través de generaciones, con la belleza, ¿qué otra cosa puede querer que un mundo mejor?»
Compositor, guitarrista, cantante y escritor, ha dejado una obra cuyo conocimiento es esencial para acercarse al paisaje musical argentino, así como a sus costumbres, su entonación y su memoria. Yupanqui interpretó sus canciones no solo en Argentina, cantó con Edith Piaf en París en el año 1948 y dio cientos de conciertos en varios países europeos.
Atahualpa Yupanqui falleció en Nimes, Francia, el 23 de mayo de 1992. Se encontraba en la ciudad francesa para recibir un homenaje. Sus restos descansan en el Cerro Colorado, Provincia de Córdoba, República Argentina.
Sus canciones revelan un claro compromiso con la realidad sociopolítica.

EL POETA

Tú piensas que eres distinto,
porque te dicen poeta,
y tienes un mundo aparte,
más allá de las estrellas.
De tanto mirar la luna,
ya nada sabes mirar.
Eres como un pobre ciego,
que no sabe adónde va.
Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan,
por un pedazo de pan.
Poeta de tiernas rimas:
vete a vivir a la selva,
y aprenderás muchas cosas,
del hachero y sus miserias.
Vive junto con el pueblo;
no lo mires desde afuera,
que lo primero es el hombre,
y lo segundo, poeta.
De tanto mirar la luna,
ya nada sabes mirar.
Eres como un pobre ciego,
que no sabe adónde va.
Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan,
por un pedazo de pan.

Su hijo, Roberto Chavero, habla de su padre…
Lejos del camino fácil del panfleto, Yupanqui mostró, en un profundo lenguaje poético y musical, que «se es libre a partir de saber relacionarse con los demás, desde lo mejor de cada uno».
El amor que significa conocer profundamente nuestra tierra, nuestras costumbres, nuestra historia de sangre, para ir limando todas aquellas facetas o tendencias a aprovecharnos de nuestras ventajas intelectuales o físicas para someter a los demás. Todo esto conformaba el espíritu de su persona y de su obra.
Aquel hombre de rasgos indígenas, expresión reconcentrada, serio, de pocas palabras y a veces gesto adusto que podía intimidar, era sin embargo,  sumamente cariñoso, afectuoso y con gran sentido del humor. Era vital, de sangre caliente, de estar siempre atento a todo lo que sucedía y de intervenir apenas lo necesario. Prototipo del criollo pero con una formación intelectual sólida.
Atahualpa Yupanqui estudió guitarra de manera ortodoxa. Conocía los rudimentos técnicos, pero decidió tocar como un paisano. Conocía la música clásica, el respeto, la delicadeza, la búsqueda de lo estético de cualquier obra y trasladó esos conceptos a la música criolla. Logró que obras de origen popular tuvieran una estatura artística equivalente a cualquier obra de la música clásica. Toda su creación transcurrió por esos carriles. También la literaria. Su poesía estuvo centrada siempre en el hombre, su paisaje y los vínculos profundos con la tierra.
Yupanqui, consideraba que la única forma de encontrar un mundo de fraternidad e igualdad era a través de eso, del vínculo profundo con la tierra; de comprender lo que significa la tierra para el hombre. 
Se preocupó más por ser un hombre íntegro que por ser una figura famosa. Su preocupación fue poder traducir, del mejor modo, lo mejor de la cultura que lo parió, que lo acunó. Encontraba en ella los valores necesarios para conformar esto que anhelamos todos y que es un mundo mejor.

Siempre fue reacio a todo lo que rodea a la fama y el éxito, tal como se concibe en el mundo de la música. Desestimó, por ejemplo, tocar en el Teatro Colón, o en el estadio Luna Park porque decía que no eran lugares para su guitarra. Rechazó los atajos que plantea el sistema de los medios de difusión. Con una guitarra, sus canciones criollas y su forma de pensar y decir lo que pensaba, terminó siendo reconocido en el mundo sin apoyo oficial, sin apoyo de las compañías discográficas.

Transitó por el sistema sin que el sistema lo comprara ni lo pudiera negar y se concentró en hacer las cosas con profundidad, esmero y entrega, buscando comunicarse con lo sensible de cada persona del público.
No buscó gloria, ni ganar dinero. Simplemente sintió la necesidad de trasmitir determinadas cosas que sentía que debían ser la vida».
No es fácil saber cómo se comportan las nuevas generaciones ante la vida y la obra de Atahualpa Yupanqui. Su hijo, que además de ser músico dirige la fundación que lleva el nombre de su padre, suele dar charlas y conferencias a niños y jóvenes de todo el país.

El primer deber del hombre es definirse.
Ubicarse como testigo de un viejo pleito
entre la mentira y la verdad.
Y exponer, testimoniar.
Para llegar a esto debemos despojarnos de miserias interiores.
Tenemos que barrer el patio del fondo.

 

EL ÁRBOL, EL RÍO, EL HOMBRE

  Al árbol ya cortado
  No lo claves en tierra
  Porque su copa seca
  No engañará a los pájaros
  Al dique que discurre
  No le levantes vallas
  Que allá en el aire libre
  Cabalgarán las nubes
  Al hombre desterrado
  No le hables de su casa
  La verdadera patria
  Caro la está pagando
  El árbol ya cortado
  El río que discurre
  Y el hombre desterrado
  Caro lo están pagando
  Tanto vivir entre piedras
  Yo creí que conversaban
  Voces, no he sentido nunca
  Pero el alma no me engaña
  Algún algo han de tener
  Aunque parezcan calladas
  Temblor, sombra o qué se yo
  Igual que si conversaran
  Ojalá pudiera un día
  vivir así, sin palabras
  Al hombre desterrado
  No le hables de su casa
  La verdadera patria
  Caro la está pagando.

CAMINO DEL INDIO

Caminito del indio
Sendero colla
Sembrao de piedras.
Caminito del indio
Que junta el valle con las estrellas.
Caminito que anduvo
De sur a norte
Mi raza vieja;
Antes que en la montaña
La pachamama se ensombreciera.
Cantando en el cerro,
Llorando en el río,
Se agranda en la noche
La pena del indio.
El sol y la luna
Y este canto mío
Besaron tus piedras,
Camino del indio.
En la noche serrana
Llora la quena su honda nostalgia
Y el caminito sabe
Quién es la chola,
Que el indio llama
Se levanta en el cerro
La voz doliente de la baguala
Y el camino lamenta
Ser el culpable
De la distancia.
Cantando en el cerro,
Llorando en el río,
Se agranda en la noche
La pena del indio.
El sol y la luna
Y este canto mío
Besaron tus piedras,
Camino del indio.

GUITARRA DÍMELO TÚ

Si yo le pregunto al mundo,
el mundo me ha de engañar.
Cada cual cree que no cambia,
y que cambian los demás.
Y paso las madrugadas,
buscando un rayo de luz.
Por qué, la noche es tan larga,
guitarra, dímelo tú.
Los hombres son dioses muertos,
de un templo ya derrumbao.
Ni sus sueños se salvaron,
solo una sombra ha quedao.
Y paso las madrugadas,
buscando un rayo de luz.
Por qué, la noche es tan larga,
guitarra, dímelo tú.

Se vuelve cruda mentira,
lo que fue tierna verdad
y hasta la tierra fecunda,
se convierte en arenal.
Y yo le pregunto al mundo,
y el mundo me ha de engañar.
Cada cual cree que no cambia,
y que cambian los demás.
Y paso las madrugadas,
buscando un rayo de luz.
Por qué, la noche es tan larga,
guitarra, dímelo tú.

EL ALAZÁN

Era una cinta de fuego,
galopando, galopando.
Crin revuelta en llamaradas,
mi alazán te estoy nombrando.
Trepo las sierras con luna,
cruzó los valles nevando.
Cien caminos anduvimos,
mi alazán te estoy nombrando.
Oscuro lazo de niebla
te pialó junto al barranco.
¿Cómo fue que no lo viste?
¿Qué estrella andabas buscando?.
En el fondo del abismo,
ni una voz para nombrarlo.
Solito se fue muriendo,
mi caballo, mi caballo.
En una horqueta del tala
hay un morral solitario,
y hay un corral sin relinchos,
mi alazán te estoy nombrando.
Si como dicen algunos,
hay cielos pal buen caballo,
por ahí andará mi flete,
galopando, galopando.
Oscuro lazo de niebla
te pialó junto al barranco.
¿Cómo fue que no lo viste?
¿Qué estrella andabas buscando?
En el fondo del abismo,
ni una voz para nombrarlo.
Solito se fue muriendo,
mi caballo, mi caballo.

 

VASIJA DE BARRO

Yo quiero que a mí me entierren
como a mis antepasados
en el vientre oscuro y fresco
de una vasija de barro.
Jorge Carrera Andrade

Cuando la vida se cubra
tras una cortina de años
vivirán a flor de tiempo
amores y desengaños.
Hugo Alemán [Cuando la vida se pierda / tras una cortina de años
/ vivirán a flor de tiempo / amores y desengaños.]
Arcilla cocida y dura,
alma de verdes collados.
Sangre y sueño de mis hombres,
sol de mis antepasados.
Jaime Valencia [Arcilla cocida y dura / alma de verdes collados
/ barro y sangre de mis hombres / Sol de mis antepasados.
De tí nací y a tí vuelvo,
arcilla, vaso de barro.
Y en mi muerte yazgo en tí,
en tu polvo enamorado.

Jorge Enrique Adoum  

 

 

De su eterna compañera, la guitarra, Yupanqui dijo:

«Este instrumento se hizo presente en mi vida desde las primeras horas de mi nacimiento. Con el sonido de la guitarra alcanzaba el sueño. Eran vidalas o cifras que tocaban mis padres y tíos y que conformaban el marco sonoro que me acompañaría toda la vida. Porque además de aquellos a los que estaba unido por el extraño vínculo de la sangre, estaban los otros… los que la vida colocaba en el camino. Los que se reunían en torno a un fogón amistoso con un canto concentrado, serio, que tenía una magia especial.

EL ARRIERO

En las arenas bailan los remolinos
el sol juega en el brillo del pedregal
y prendido a la magia de los caminos
el arriero va
el arriero va
Es bandera de niebla su poncho al viento
lo saludan las flautas del pajonal
y animando a la tropa por esos cerros
el arriero va
el arriero va
Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda
Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda
Las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas
Las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas
Un degüello de soles muestra la tarde
se han dormido las luces del pedregal
y animando a la tropa, dale que dale
el arriero va
el arriero va
Amalaya la noche traiga recuerdos
que hagan menos pesada la soledad
Como sombra en la sombra por esos cerros
el arriero va
el arriero va
Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda
Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda
Las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas
Las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas
Y prendido a la magia de los caminos
el arriero va
el arriero va

Publicado por marian

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