La ópera, sin límites – 22.12.2013 – lanacion.com

lanacion.com | Espectáculos | Domingo 22 de diciembre de 2013 | Publicado en edición impresa
Tendencia
La ópera, sin límites
La música escénica ofrece megaproducciones, trabajos independientes, versiones polémicas y la mirada de artistas de otras áreas
Por Mauro Apicella | LA NACION
Semanas atrás un entusiasta habitué de la ópera plasmaba en una carta de lectores de este diario su disconformidad con la última puesta lírica del Teatro Colón. La ópera era Un ballo in maschera , de Verdi, y el régisseur Alex Ollé, muy conocido por ser uno de los directores de La Fura dels Baus. El espectador escribió: «Una obra del siglo XIX, que habla de la traición por amor al rey, es destrozada, con una pretendida puesta modernista, la cual puede resultar para una sala alternativa, pero bajo ningún punto de vista para un teatro que es orgullo no sólo de la Argentina sino del mundo».

¿Las puestas modernistas deben estar vedadas en la sala del Colón o sólo las que «destrozan» las óperas? Más allá de lo que un teatro lírico debe o no subir a escena habrá que preguntarse primero cómo es la ópera en el comienzo del siglo XXI. ¿En las representaciones de los títulos del siglo XIX, las versiones deben ser sólo con trajes y escenografías que remitan a esa época? ¿O pueden estar representadas con elementos modernos? Si es posible con los clásicos de Shakespeare, ¿por qué no con las óperas de Verdi, Puccini o Wagner?

Una lectora fue más allá con otra carta: «Concurrí para ver y escuchar la ópera Un ballo in maschera . Realmente, Verdi estuvo sólo en el techo del teatro donde figuran los nombres de los compositores». Y un par de días después otro lector alimentó la polémica: «Las demandas más usuales del público tradicional de ópera en la Argentina son que se mantenga la fidelidad estética al siglo XIX y se evite la reflexión sobre la actualidad. Me cuesta entender que, financiado con el presupuesto de Cultura (que sale de impuestos), exijamos al Teatro Colón que nos monte entretenimientos decimonónicos de «amor y lujo»».

El crecimiento exponencial de la música escénica tiene en la comedia musical y en la ópera dos excelentes ejemplos. Y en ese crecimiento se cuela la polémica. Porque ni Un ballo in maschera , ni la versión Colón-Ring de la tetralogía wagneriana, que se estrenó en 2012, son casos aislados que levantaron polvareda. Allá por 1987 la versión de este cuarteto de óperas de Wagner que montó Nikolaus Lehnhoff (sonó a cargo de la Orquesta de la Ópera de Baviera) fue, para muchos, un verdadero escándalo. Lo contrario pasó una década después. La versión que presentó La Fura dels Baus dejó a más de uno con la boca abierta.

La ópera no vive un tiempo de actitudes iconoclastas, pero está abierta a la amplitud de criterios, tanto para las versiones como para la nueva composición y para los sistemas de producción. Nadie hubiera imaginado que para comenzar el siglo XXI la historia de una conejita de Playboy pudiera ser un tema válido para escribir una ópera. Pero así fue. Se llamó Anna Nicole, contó con música de Mark-Anthony Turnage y libreto en inglés de Richard Thomas. Y fue estrenada en febrero de 2011 en la Royal Opera House de Londres.

Tampoco deja de llamar la atención la variedad en los niveles de producción. Volvamos a Wagner. La tetralogía que el Metropolitan Opera House presentó en abril de 2012, con puesta de Robert Lepage, costó 16 millones de dólares. Y no olvidemos que el MET hace transmisiones en HD de sus óperas para 400 teatros y cines de todo el mundo. La otra cara de la megaproducción es el trabajo local: la labor (que siempre tiene como objetivo la excelencia) en las producciones de bajo presupuesto de Buenos Aires Lírica o Juventus Lyrica (en este caso también tiene un fin formativo de cantantes-actores), o el trabajo cooperativo de Lírica Lado B, que cuando arma una producción a veces apuesta a la voluntad solidaria de quienes quieran ayudar; como los pedidos por mail de elementos de jardinería para una puesta de Il Sogno di Scipione , de Mozart. Además, desde hace un par de años, en la órbita estatal funciona el Plan Federal de Ópera y Danza, que gira por todo el país y aumenta paulatinamente su producción.

La ópera parece un terreno tan interesante en los últimos tiempos que cineastas y teatristas se volcaron a este género que, contando desde el estreno de Orfeo, favola in musica , de Monteverdi, ya tiene más de 400 años de vigencia. Alex Ollé puso rumbo hacia la ópera. «Hoy en día, las propuestas más interesantes en cuanto a puesta en escena están pasando en la ópera. Hay una razón clara: hay más presupuesto en ópera que en teatro. Y es donde más gente externa a la ópera se ha puesto a trabajar. Gente del cine, del teatro, de las artes plásticas y el video», dice Ollé, que ya tiene en su haber una docena de trabajos operísticos.

«Creo que hay mucho camino por recorrer -apunta el director-. El formato Fura de crear óperas en espacios alternativos donde el público pueda estar de pie, o que la orquesta rodee al espectador, o que el músico se mueva por plataformas móviles para aumentar la capacidad sensorial, por ejemplo. Por supuesto que sigue quedando gente que no quiere que la ópera cambie. Pero también sigue habiendo gente que no quiere que cambie la cantidad de dinero que hay en su bolsillo. Es gente inmovilista. Pero está en todos lados. Quizá la ópera sea el espectáculo por antonomasia de clases burguesas. Pero a partir de gente como Gerard Mortier y otros programadores que han sabido ser más agitadores culturales que directores o programadores esto ha ido cambiando. Y lo ves en festivales. Allí todo es más contemporáneo, moderno y audaz.»

Lo que Ollé destaca es la buena hechura, por encima del carácter vanguardista o clásico de una producción. «A veces veo óperas con decorados muy antiguos que si están bien hechas tienen un valor. No creo que la ópera deba romper con todo, creo que debe haber diversidad. Hay cosas modernas que son una porquería infumable de presunta intelectualidad.».


Plácido Domingo (casi irreconocible), personificando a Siegmund, de La Valquiria, de Wagner. Foto: LA NACION
La ópera, sin límites – 22.12.2013 – lanacion.com

2 comentarios en “La ópera, sin límites – 22.12.2013 – lanacion.com

  1. El problema con la mayoría de las puestas «modernistas» es que no están hechas con talento. Muchos regiesseurs intentan transformarse en estrellas únicas de un espectáculo colectivo como lo es la ópera, menospreciando la labor de sus colegas músicos y cantantes y usando la obra para transmitir un «mensaje» que la mayoría de las veces está artisticamente muy por debajo de la propia obra utilizada. Mientras que en la faz musical las últimas décadas han visto un camino hacia el respeto más riguroso del autor, en las puestas en escena el camino ha sido totalmente el opuesto desarrollando un vedetismo muy pernicioso por parte de los directores de escena. Dado que la mayor parte del repertorio usual en ópera tiene al menos 100 años, suele producirse una fractura estética grande entre la música y el argumento por un lado y lo que se representa por el otro. Que un cantante llame a su caballo y aparezca una motocicleta o que amenace que va a matar con sus espada y esgrima un revolver son ejemplos minusculos de estos desatinos. Recuerdo hace unos cuantos años el estreno en el Colón de la ópera Fuego en Casabindo de Virtú Maragno (estreno mundial), quien había fallecido poco tiempo antes y que trascurre durante la colonia española; y la puesta, en su estreno, había transformado las espadas en sevillanas y los soldados en matones. Eso no quiere decir que no pueda experimentarse o crear en las puestas pero los directores debieran comprender que su labor debe estar al servicio de la obra y el autor y no de ellos mismos.

    Responder
  2. En este tema de las puestas en escena de óperas, debe tenerse en cuenta que hay ya instalada una tradición que comienza con la célebre puesta de Patrice Chereau del «Anillo» wagneriano en 1976 (que siguió hasta principios de los ’80s) en Bayreuth. Existen casos anteriores (en nuestro medio, la «Tosca» que puso Tito Capobianco en la década del ’70 en el Argentino de La Plata, que trasladó la acción a la época de Hitler), pero la tendencia tiene fecha de inicio en 1976, en Bayreuth . Esta tradición consiste en re-escribir el libreto (total o parcialmente), cambiando drásticamente (en algunos casos) lo que idearon libretista y compositor. Se puede criticar esto, pero la tradición ya está instalada y todo parece que, por el momento, goza de buena salud. Coincido sí con Augusto en el sentido de preservar el buen gusto y sobre todo criterios estéticos y artísticos. Han habido excesos en esto, como es el caso, por ejemplo, en las regies del catalán Calixto Bieito (autor de la discutida puesta de «Pepita Jiménez» de Albéniz en nuestro medio, el año pasado), que resultan reprobables. En este contexto, la puesta de la Fura del «Ballo in Maschera» del Colón no merecía la repulsa de parte del público el día de la premiere, ya que tuvo coherencia, estilo, buena presentación escenográfica e ideas interesantes, (algunos detalles «granguiñolescos» en la marcación de cantantes en el segundo cuadro del II acto, no empañan la labor general).

    Responder

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s