“El compositor de alma todos los días cree que va a hacer su mejor canción” – Tiempo Argentino

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21.01.2014 | ENTREVISTA A LITTO NEBBIA
“El compositor de alma todos los días cree que va a hacer su mejor canción”
Cumplió 50 años con la música y tiene más de 1000 composiciones. Esta semana abrirá el año con un recital en Río Negro donde empezará su gira por la Patagonia. Su trabajo como productor y el desempeño al frente de su sello Melopea.
Por: Maby Sosa
Sacame una foto con el famoso”, le pide una mujer a su marido mientras pasea por las cataratas del Iguazú y se sorprende además con los tucanes. El famoso es Litto Nebbia quien cuenta divertido la anécdota que lo tiene a él mismo como protagonista. A Nebbia, el padre del rock argentino, poco le importa a esta altura si la gente lo reconoce en la calle, porque lo único que a él le importa es la música.

Sigue componiendo como si estuviese por hacer su primera canción, pero ya tiene más de mil. Su mundo son las melodías, los instrumentos, los ritmos. No dice más de dos palabras que no estén relacionadas a eso. Su hogar es un paraíso para cualquier melómano y claro, para cualquier músico. Guitarras, pianos y varios instrumentos de percusión están distribuidos en una sala que tiene muchísimos discos. Todo indica que es el lugar más habitado de la casa.
El músico integra actualmente un trío con el que viaja por todo el país y algunas salas de Capital mostrando su música. No para ni de componer ni de tocar en vivo. Habla como si no fuera el hombre que le abrió el camino al rock en castellano. Como si no fuera el que pobló de grandes canciones la música popular. Como si no hubiera creado el sello que apostó en un sinfín de artistas de todas partes del país. Nada indica que es él. Atiende con calidez, sonríe con dulzura y habla, habla sin parar de una vida entera con ese tan maravilloso oficio, el suyo, el de músico.
–¿En qué momento se te hace el clic y asumís que sos un referente?
–Soy bastante particular en eso. Laburo todo el tiempo, me levanto y toco el piano o la guitarra todos los días de mi vida. Por ejemplo hoy, a las 7 ya estaba tocando el piano… A lo mejor me sale una canción. El tipo que es compositor de alma y con gran vocación, todos los días cree que va a hacer la mejor canción de su vida y todo lo que hizo antes ya lo hizo. Imaginate que tengo más de 1200 canciones escritas, algunas de ellas son muy populares pero nunca me he quedado anclado en las cosas. Por supuesto que soy consciente de lo que significo históricamente, de lo que he hecho y de lo que hago pero estoy siempre en constante búsqueda de otras cosas, sin perder la onda, sin perder el estilo. Hago de todo con buen gusto, con lo que me gusta, me he pasado la vida luchando para poder hacer nada más que lo que me gusta que parece una posición egoísta pero no lo es. Este laburo como cualquiera de esta profesión tiene sus cosas, no es que te levantás a la mañana y decís quiero tocar con la Sinfónica y ya tenés todo.
–¿Te pasó de pensarlo así?
–No, pero he tenido momentos en que por mandarme en onda de música con más refinamientos, con más cosas, no he tenido aceptación en muchos lugares. O viste que ya salen de un sector y te critican, te dicen que sos raro, que es difícil lo que hacés… Y nada es difícil todo está en el ánimo y voluntad que vos le pongas. Tampoco soy el tipo de músico que voy a tocar un chingui chingui para que todo el mundo mueva las patas.
–Siempre estás tocando, ¿cuántos recitales hacés al año?
–Hago muchas giras por el interior toco 80, 90 veces al año. Esto hace que esté siempre en constante movimiento. Lo disfruto más en el inicio porque ya tengo una experiencia y un relax que no tenía antes. Ahora voy tranquilo, armo mi recital y ya está. El público que va a verme es una gran mezcla generacional, va porque sabe lo que yo hago. Este año estuve tocando mucho el álbum que grabé hace 40 años y que salió reeditado: Muerte en la Catedral que en su momento era un álbum de vanguardia pero que resulta que si lo escuchás hoy, también es un disco de vanguardia. De pronto, había un montón de tipos de mi generación o menos pero que habían comprado ese disco en su momento. Pero también había un montón de pibes de 20 años que no sabían qué carajo era Muerte en la Catedral y lo escucharon ahí por primera vez. Por eso está buena esa dinámica. Siempre pensé eso de la música.
–De todas formas, ese disco que mencionás sigue siendo de vanguardia, ¿cómo vivís eso?
–Eso no es responsabilidad del disco. Es responsabilidad de la industria de la música. Para mí desde mediados de los ’80 al mundo en general le agarró un ataque de capitalismo salvaje y empezaron a aparecer en el arte, en la música, en el cine, unas cosas más complacientes porque predominó con una gran excitación la idea de que la tenés que pegar y tenés que tocar solamente en lugares donde hayan 100 mil personas. Y otra cantidad de cosas que tienen que ver con el dinero y no con el arte. En ese disco, yo recién cumplía 26 años y ahora hay tipos que tienen 40 y tocan todo en un solo tono, que parece de monitos… Sin faltar el respeto a nadie. Pasa eso con la música. Si vos tenés una música que la podés seguir oyendo parece que fuera de vanguardia. Pero tampoco es que sea una propuesta, no es que uno se levanta a la mañana y dice “hoy voy a hacer un disco de vanguardia”, a vos te sale por tu sensibilidad. Si te dedicás a estudiar determinada cosa con la música y te dedicás a eso te salen unos moños musicales porque está dentro de tus conocimientos. Empecé a componer cuando tenía 12 o 13 años y entonces sí, eras un genio. En Los Gatos tenía 17, era un genio, hasta ahí está bien era un genio. Ahora qué pasa, si yo me hubiera quedado en eso, y ahora siguiera componiendo esas canciones, esas letras, ya ahí en vez de genio soy un boludo. Porque decís “mirá un tipo de 60 años escribe eso”. Este disco fue una ruptura porque todavía quedaba una horda de fanáticos de Los Gatos que se había terminado en los setenta entonces ellos me decían “este tipo se volvió loco”.
–¿Cómo te pegaron las críticas a esa edad?
–Mi viejo me decía: “Cuando venga un tipo y te diga que lo que hacés es una mierda, no le des bola. Cuando venga un tipo y te diga que sos un genio, no le des bola, ese es el equilibrio.” Es decir, seguir adelante con lo que uno siente de vocación, de pasión, con lo que hacés de alma y no estar esperando de que a todo el mundo le tiene que gustar porque sí. No deprimirte porque a uno no le gustó y tampoco creerse que sos dios.
–Cualquiera de las dos reacciones es desmedida.
–Claro. A veces he tenido que oír comentarios, boludeces de cosas sobre la música y me digo que hay que esperar. Mirá, es típico en la música en general, no es nada lo que me pasa a mí, mirá Piazzolla, 30 años discutiendo si el tango si no es tango y su música es hermosa. El tango es un ambiente muy lindo, de bohemia y todo pero tiene su atmósfera ortodoxa, como pasa en el folklore y está pasando ahora en el rock. Tenés rockeros ortodoxos también que si no tocás una cosa dura te dicen maricón. No sé, son taradeces.
–Pero también ha cambiado mucho a nivel comercial.
–Sí, es feo eso. Yo siempre hago un chiste y es que si ahora surgieran los Beatles estarían esperando que los atienda un gerente a ver si pueden grabar, porque la urgencia es “una que sepamos todos” pero y qué hacemos con eso. Tampoco eso te asegura que vas a ser millonario pero en los sectores comerciales, la pega un tipo. Por ejemplo, hay un montón que lo copian a Julio Iglesias, pero el único que se hizo millonario es Julio Iglesias, te guste o no te guste. Mirá la cantidad de tipos que la rebota mal.
Nebbia recorre el estudio, busca discos, regala alguno de ellos, muestra los instrumentos de su estudio y se sienta otra vez a tomar café. Como si fuera una necesidad vital, toma antes una guitarra y la acaricia antes de seguir hablando.
–¿Qué fue lo que te permitió poder hacer lo que te gustaba?
–Es una sumatoria de cosas. La educación que tuve con mis viejos que siempre fue muy firme, anárquica, bohemia, muy loca pero firme, buena. Esa educación. Después el destino de cada uno y yo soy muy cabeza dura, muy laburador y así me fui haciendo de un espacio. No hay otra cosa, como la suerte. Suerte tenés si jugás a la lotería, pero en las cosas de la vida no. Después no sé cada uno tiene una manera de encarar las cosas de plantarse. Yo conozco históricamente un montón de músicos buenos con talento pero que se quebraron a mitad de camino por equis razones. Siempre he tenido un impulso muy firme con lo que yo creo del arte y de actitud frente a la vida. Cuando vivía con mis viejos vivíamos en una pensión en una pieza sin baño, no teníamos para comer. Pero era una vida de cagarnos de risa, porque estábamos siempre rodeados de cine, música, boludeces de arte. Y no teníamos para comer y mi vieja no me dejaba que vaya a buscar un trabajo. Por eso, te digo que desde chiquito yo me fui fortaleciendo con una idea y, a lo mejor, en otros hogares no pasaba eso. Tuve estos dos viejos tan reventados. Al dedicarme con ese afán a los 17 ya estaba en el grupo y empecé a ganar unos mangos, eso confirmó que estaba haciendo bien lo que hago.
–¿Te cansó algo de esta profesión?
–Lo único que me cansó alguna vez en la vida fue cuando no tenía laburo o no tenía donde tocar porque no sonaba el teléfono o no podías. Entonces te sentís cansado de no hacer nada de lo que te gusta, hubo épocas muy jodidas. Ahora hay más fervor, no conmigo, con todos. La gente sale a tomar algo a escuchar. Pero hubo una época en la que no era así, bueno, yo me tuve que exiliar (ver recuadro). Era muy duro.
–¿Cómo ves hoy el rock, teniendo en cuenta que sos el que abriste la puerta para ese movimiento?
–El asunto de abrir puertas es algo que hago con naturalidad. Me sorprende lo otro, que haya gente, músicos con mucha guita que después no ayuden ni al kiosquero de la esquina. Eso está bravo. Yo vivo bien pero jamás me olvido del origen, de donde vengo y cómo lo conseguí. Cuando se acerca algún tipo trato de darle una mano dentro de mi posibilidad. No soy ese tipo de productor que descubre gente y la hace famosa, lo que hago es a veces posibilitar el tema artístico musical, después que hagan su vida. Después sí, me arrepiento de gente que es desagradecida, yo produzco o produje gente que leés hoy su currículum y parece que bajaron del cielo y aparecieron en todos lados. Yo llegué acá por un montón de gente que me ha dado una mano, que me ha ayudado que ha pujado, empezando por mis viejos, por amigos. Este ambiente tiene aquella cosa medio jodida… Imaginate 600 álbumes en 23 años, pasaron 3000 músicos más o menos. De esos, 400 se portaron mal.
–Charly García va a dar un nuevo recital en el Teatro Colón, ¿a vos no te dan ganas de hacer algo así?
–No, mirá yo hago cosas que están a mi alcance dentro de lo que yo pueda producir.
–Pero bueno, si te lo proponés, ¿vos creés que no vas a poder?
–A mí no me gusta tener que estar pendiente… A los lugares donde voy, donde toco, me contratan, no tengo que estar pensando si fueron 100 personas o 2000. No estoy en ese business, no me gusta me pone nervioso, no lo sé hacer, me pone mal. Entonces, no voy a llegar a esos lugares. No produzco un espectáculo, ejecutivamente. El que lo hace tiene una agencia por detrás, yo trabajo solo, independiente, como el sello. Eso tiene la alegría para uno, la libertad de lo que uno hace pero también hay lugares donde no entrás.
–Entonces no es algo que te interesa tanto tampoco.
–No. No me interesa la carrerita esa de quién es este y quién es el otro. Igual ya me conoce todo el mundo, no pasa nada. Las veces que toqué en lugares masivos fue porque me invitaron. Los otros días toqué con Calamaro, viste él tiene otra movida. El tipo toca una vez al año un solo recital, van 27 mil personas y después se borra. Él me invitó y toqué cuatro temas y muchos temas míos conocidos, la gente los escuchaba por primera vez, porque era –claro– el público masivo de él. También me invitó Fito (Páez), pero no, no me tiraría a hacer algo así. Como invitado está bien, pero no me gusta tener que planteármelo. Yo digo que muchos chiquitos hacen un mucho. En todos los lugares en que toco hago mi laburo. Son pequeños, están siempre llenos, sueno bien, antes de tocar está la plata. No me pasan cosas que me pasaron en otras épocas de mi vida, de cosas ambiciosas que he quedado varado en hoteles que los representantes me han estafado, cosas que me pasaron 15 años atrás.
–¿Te costó mucho organizarte solo con la plata?
–Sí, pero porque en la primera época me cagaron, no te imaginás cómo. No sé cómo sobreviví. No tenía un peso partido por la mitad porque yo firmé a los 17 años los contratos más mierda, ¡cómo me engañaron!, no tenés idea. Y después cuando volví de México ya con treinta y pico de años, empecé a tomar las riendas de esto y ahí me dije que esto era un camino de más sacrificio pero no te afana nadie. Son nuestros, no te lo afana nadie. Mirá, Los Gatos se supone que vendimos 5 o 6 millones de discos, yo no tengo nada acá que me haya comprado con ese dinero. En los Estados Unidos un tipo que vende eso ya es millonario. Y bueno, Spinetta tampoco tenía un mango. Tenés que independizarte. Ahora, cuando te independizás se corre la bolilla de que sos bravo, de que sos un ogro malo, pero la realidad es que le estás parando el carro a los hijos de puta, y no te llaman nunca más. A mí no me hace ningún problema. Nunca estoy en los festivales, en la Coca Cola, en la Pepsi, pero también sé cuánto le pagan a los pibes que van a tocar. A algunos le pagan la combi y ya. Para ser famoso así… «

la melodías que siempre están a su lado

Folklore, jazz, rock, música brasilera y discos de todos los tiempos acompañan a Nebbia. Además de sus melodías, toda esta música habita la casa del compositor.
–¿A qué música volvés siempre?
–Lo que me gusta en general… Viste lo que es esto… Tengo 26 mil discos. Tengo música de todo el mundo, conozco todo y escucho todo, tengo mi sección de Inglaterra, mi sección de pianista, de bajista, de Brasil, tengo de todo. Y es una ficción que he llevado siempre, especialmente escucho mucho cuando viajo. Trato de que la música que hago tenga mi estilo pero que no la puedas encasillar en ningún género. Por eso a veces agarro la guitarra criolla y algunos te dicen “ah, ahora hace folklore” y no, no estoy haciendo folklore. O me siento al piano y dicen “ahora hace jazz” y tampoco estoy haciendo jazz. Siempre los cargo a los tipos porque dicen que los acordes que yo hago son raros y no, no es que son raros es que ellos no lo conocen. Son acordes que están en todos los libros, pasa que hay que mover un poco las bolas y estudiarlos, nada más. Cuando pasa el tiempo, trato que el background que hay en una canción tenga un sostén ya sea en el bajo o en la percusión que no se pueda encasillar.

melopea: el desafío
del sello propio

Registrando colegas. “Me gusta registrar las cosas que estén piolas. En Melopea tenemos 23 años, hicimos 600 álbumes que es un montón si pensás que somos unos ratas. Seiscientos todos de música que nos ha gustado que se ha vendido y divulgado poco. La idea del sello es esa la de documentar cosas buenas musicalmente y después viene el pensar quién va a difundir. Y eso ha cambiado. La mayoría de las radios grandes tienen campañas pagas o sea vos tenés que pagar para que pasen lo que producís. Yo no pienso pagar aunque fuera multimillonario porque me parece que es una locura ideológicamente. No tenemos el aparato de un tipo que saca un disco cualquiera en la industria. Pero ya lo sabíamos porque no somos bobos. Hay miles cosas que han cambiado, ponele que en el interior había cien disquerías donde llegaban cositas de Melopeas y ahora debe haber 20 porque quebraron. No se pueden bancar, quebraron porque las grandes de monopolio arrasaron y las obligaron a las otras a quebrar, pero las grandes de monopolio no venden más que mierda. Entonces te va cerrando el camino porque el negocio mismo te lo va cerrando.”

Reediciones

Nebbia de nuevo en las bateas Melopea. Los primeros lanzamientos de una serie que prevé más de 40 discos, incluyeron un testimonio de sus actuaciones en Brasil y el tributo a la obra de Carlos Gardel y Alfredo Lepera. La lista se abre con 3 noches en La Trastienda (1983), acerca de su encuentro con Saluzzi y Baraj, En Brasil aquí y ahora (1985) y Bazar de los milagros (con Daniel Homer y Mirtha Defilpo).
Entre las otras reediciones estarán Homenaje a Gardel-Le Pera, Esperando un milagro, 1992, Las aventuras de Domingo Cura & Litto Nebbia, Las aventuras de Nebbia & Rada, Musiqueros (Nebbia-Baraj-González), Las tres corazonadas (Nebbia-Baraj-Borda) y Definitivamente vivo Vol. 1, completan la inauguración de este rescate.

ese espantoso asunto del exilio: méxico

Luego de sufrir la censura durante la última dictadura militar, Nebbia partió a México de donde regresó apenas comenzados los ’80. “Me fui cuando terminó el Mundial del 78 porque no tocaba en ningún lado, estaba prohibido y además me perseguían por la calle. La llamaban a mi vieja y le decían que me iban a matar. El día que terminó el Mundial, el 21 de julio me llevaron preso y salí muy violento y pensé que me iba a morir, que me iba a dar un ataque de nervios, hacía un año que no tocaba, había vendido cosas, sólo me quedaba un piano eléctrico y un sintetizador. Lo vendí a otro músico y me fui a México, me podría haber bajado ahí o en Alaska.”
–Durante el exilio tuviste que ver la forma de sobrevivir, entonces cómo venía el momento creativo, cómo hacías.
–Siempre ha sido a full. Ha sido una canalización escribir. He escrito canciones cuando estaba triste, cuando estaba alegre, cuando estoy gordo, cuando estoy flaco. Canciones que narran cosas en las letras que es lo más personal lo más directo yo las disfrazo y las cuento en tercera persona pero siempre son cosas personales que me pasan a mí. Hice pilonazos, “Sólo se trata de vivir”, “Para John”, “No importa la razón”, todo eso lo hice en México en el departamentito en el que vivía.

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