Lejos de los matices de las partituras – 31.05.2014 – lanacion.com

lanacion.com | Espectáculos | Sábado 31 de mayo de 2014 | Publicado en edición impresa
Música
Lejos de los matices de las partituras
A pocos días de cumplir sus 80, Philippe Entremont, una verdadera leyenda de la música, llegó hasta el Colón para dirigir y para tocar el piano junto a la Filarmónica de Buenos Aires. La gran ovación que recibió en su ingreso en el escenario fue una muestra cabal del reconocimiento a esa historia. Sin embargo, la calidad demostrada en esta presentación ya sea como director, una faceta mucho menos conocida en nuestro medio, o como pianista distó bastante de aquella exhibida a lo largo de varias décadas y que, efectiva y merecidamente, le valieron tanto renombre.

El concierto comenzó con una muy atinada interpretación de la obertura de La flauta mágica, sin grandilocuencias, con sus célebres acordes de apertura muy afinados y con la fuga del primer tema precisa y ágil. En apenas ocho minutos se había abierto el concierto del mejor modo. Luego, lamentablemente, hubo que esperar diez minutos innecesarios, el tiempo que llevó todo el operativo que implicó ubicar al piano en el centro del escenario cuando, aún sin ser lo ideal, el instrumento podría haber estado en ese lugar antes del comienzo y se hubiera garantizada una muy necesaria continuidad. Como fuere, cuando ya se habían evaporado hacía largo tiempo las bondades de la obertura de Mozart, volvió a ingresar Entremont para dirigir y tocar la parte solista del Concierto para piano y orquesta N°20 del mismo Mozart. Pero acá ya no estuvieron las mismas certezas.

La concertación de la orquesta y el piano en esta obra no es tarea sencilla. Atravesada por contrastes palmarios entre material casi operístico y pasajes de altísimo refinamiento y no pocas alteraciones al patrón formal del concierto clásico, todo se limitó, por parte de Entremont, a un armado demasiado sencillo. La orquesta, sólo guiada por movimientos mínimos y muy generales desde el piano, no alcanzó a plasmar esas ideas que Mozart dejó en los pentagramas. Pero además, Entremont ofreció, como pianista, una interpretación poco apropiada, cargada de cierto romanticismo tanto en su expresividad como en los toques elegidos, poco claros, un tanto pesados y, ocasionalmente, empastados por un uso abusivo del pedal resonador. Poco venturosa fue la coincidencia de tenerlo a Entremont haciendo Mozart en el Colón, apenas algunas semanas después de haber tenido una inolvidable clase magistral por parte de Mitsuko Uchida haciendo el cuarto concierto para piano y orquesta de Beethoven, precisamente, con una lectura clásica impecable y contundente.

No mejoraron las cuestiones en la segunda parte cuando, mayormente con trazos gruesos, Entremont dirigió la quinta sinfonía de Prokofiev. Esta obra, claramente ubicada dentro del neoclasicismo soviético y atenida a los principios estéticos y discursivos del realismo socialista, es un muestrario cabal de los mejores logros de Prokofiev. Escrita cuando la Segunda Guerra Mundial iba llegando a su fin, en su interior conviven, sin entorpecerse sino, precisamente, potenciándose unos a otros, el heroísmo, el dolor, el lirismo, la tragedia, la fantasía y hasta el optimismo no desprovisto de esos sarcasmos que Prokofiev manejaba con sutilezas infinitas. Poder avanzar y profundizar en cada uno de esos momentos y poder extraerlos es tarea ardua. La orquesta aportó todo su oficio y su concentración, pero Entremont no pudo evadir una uniformidad inalterable que se mantuvo incólume a pesar de que la partitura iba avanzando y requiriendo distintas lecturas, tempi, dinámicas y expresiones.

La Filarmónica de Buenos Aires paseó esta misma sinfonía por numerosos teatros europeos en la gira que realizó hace veinte años. Aún cuando la planta ha cambiado en este tiempo, aquel Prokofiev de esta misma orquesta tenía vida, esplendor, sorpresas, poesía e intensidad dramática. Con otra dirección, esta misma orquesta, tal vez, hubiera podido ofrecer una lectura más satisfactoria de una sinfonía imponente, una de los más notables del siglo XX..

Entremont dirigió desde el piano a la OFBA. Foto: Teatro Colón

Concierto de la orquesta filarmónica de Buenos Aires/ Director y solista: Philippe Entremont (piano)/ Programa: de Mozart, Obertura de La flauta mágica y Concierto para piano y orquesta N°20 en re menor, K 466; de Prokofiev, Sinfonía N°5 en Si bemol mayor, op 100/ Teatro Colón.

Nuestra opinión: bueno

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2 comentarios en “Lejos de los matices de las partituras – 31.05.2014 – lanacion.com

  1. al que escribe no le gustan los viejos activos; debe pensar que estuvo bien Mozart en morirse antes de los 40. Como Gardel, supo morirse a tiempo.
    te quiero ver a vos a esa edad poniéndote las medias y atándote los cordones, eso si, con los matices correctos
    andá a c…!

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