Página/12 :: Algunas preguntas sobre el Colón

Página/12 :: Sábado, 7 de junio de 2014
MUSICA › OPINION
Algunas preguntas sobre el Colón
Por Diego Fischerman
El próximo 11 de junio, Cacho Castaña actuará en el Teatro Colón, junto a una orquesta sinfónica dirigida por el hermano del actual director de la sala, Juan José García Caffi. La producción, como en el show Las elegidas y en el proyecto de presentación en esa sala de Charly García junto a Andrés Calamaro, es del ex diputado del PRO Avelino Tamargo. Como cada vez que un artista de tradición popular actúa en ese escenario, arrecian las discusiones acerca de la pertinencia o no de esa programación. Pero hay, también, otras cuestiones.

No es que esas polémicas no deban tener lugar. De hecho, la cuestión de para qué debe ser un teatro que el presupuesto estatal –en este caso de la Ciudad– sostiene con el esfuerzo de los contribuyentes, está lejos de ser un tema menor. Se trata, no obstante, de una cuestión difícil de dirimir, que requiere argumentaciones cuidadosas y una precisa discriminación entre lo prejuicioso (la identificación de lo “popular” con lo pasatista y de lo “clásico” con lo espiritual y profundo) y lo verdadero (tradición de la sala, funcionalidad, defensa del patrimonio cultural de la humanidad, entre otras consideraciones posibles).

Por otra parte es habitual, también en otras grandes salas del mundo, su alquiler para actividades masivas, con el fin de solventar los gastos de otras, a las que se considera importantes pero que, claramente, son incapaces de generar ganancias comparables. Algunas preguntas entonces –las que atañen a cuestiones estéticas– son sumamente complejas. Otras –las que incumben a lo económico– son, en cambio, extremadamente sencillas. Tanto que, de no ser contestadas espontáneamente, bien merecerían la intervención de los organismos de control correspondientes, como la propia Secretaría de Hacienda de Buenos Aires o, llegado el caso, la Auditoría General de la Ciudad.

Podrían postergarse los cuestionamientos acerca de la adecuación de Cacho Castaña a la programación del Colón y la naturaleza de los objetivos que la actual administración de este bien público define para él. Podría pasarse por alto el hecho de si el Colón es el lugar más apropiado para festejar el Día del Peluquero o para entregar los Martín Fierro, por ejemplo. Lo que no debería dejar de ser tenido en cuenta es si en estos casos hubo beneficios económicos significativos para el teatro y su programación (o aunque más no fuera para las arcas generales de la Ciudad), o si se trató de meros intercambios de favores con amigos y benefactores, o crasos actos políticos donde un bien público fue utilizado con fines privados o partidarios.

Las preguntas sencillas, las que deberían ser contestadas, son, en rigor, unas pocas. La primera de ellas es cuánto dinero ha obtenido el Teatro Colón en cada uno de los casos en que su sala fue utilizada para eventos ajenos a su programación. La segunda es si cualquier empresa productora de espectáculos, incluso las que no pertenecen a políticos o empresarios ligados al PRO, tienen las mismas posibilidades de contar con esta sala emblemática para sus emprendimientos. La tercera pregunta se relaciona con el hecho de que la dirección de la orquesta que acompañará a Cacho Castaña haya sido encomendada al hermano del director del Colón. No se discuten, desde ya, los antecedentes artísticos de Juan José García Caffi, que en su momento compuso la música para la película Nazareno Cruz y el Lobo, dirigida por Leonardo Favio en 1975, sino la cuestión de si verdaderamente era el único director posible, o el más conveniente entre ellos. Y, desde ya, los términos económicos de tal contratación.

La programación de un teatro es, naturalmente, atribución de su director. Pero en las salas estatales, este director administra bienes que no le pertenecen y a los que debe cuidar encarecidamente. El derecho de imprimirle a la programación sus conocimientos y sus gustos personales está acompañado de la responsabilidad de dar a los bienes administrados el mejor uso posible. Y de la obligación, en el caso de utilizar la sala para fines comerciales, de que los negocios resultantes sean tan transparentes como ventajosos para el Estado.

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6 comentarios en “Página/12 :: Algunas preguntas sobre el Colón

  1. Dice este crítico musical: «Se trata, no obstante, de una cuestión difícil de dirimir, que requiere argumentaciones cuidadosas y una precisa discriminación entre lo prejuicioso (la identificación de lo “popular” con lo pasatista y de lo “clásico” con lo espiritual y profundo) y lo verdadero (tradición de la sala, funcionalidad, defensa del patrimonio cultural de la humanidad, entre otras consideraciones posibles)». Si piensa que Wagner, Verdi Puccini y tantos otros pues compartir un espacio con Cacho Castaña está muy confundido o el «espítiru posmoderno» le arruinó la cabeza. Por sus cavilaciones inadmisibles, debería dedicarse a otra actividad.

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  2. El señor Fisherman denuncia claramente cual es el sentido de la política de estado del pro. Se trata de utilizar los bienes del estado para fines propios. Lo mismo ocurre con el proyecto de dotar a los espacios públicos de servicios de bares o quioscos. Someten a la presión del consumo a quien decide descansar en un parque, como si no tuviéramos suficiente ofertas de compra en la TV, diarios, etc.
    Los aguerridos comerciantes del pro cuando encuentran una veta de negocios van hasta el hueso. Eso es lo que pasa en el Colón, organismo presuntamente cultural carente de proyecto educativo y sometido a la depredación que le impone la familia Caffi.

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  3. «Podrían postergarse los cuestionamientos acerca de la adecuación de Cacho Castaña a la programación del Colón y la naturaleza de los objetivos que la actual administración de este bien público define para él. Podría pasarse por alto el hecho de si el Colón es el lugar más apropiado para festejar el Día del Peluquero o para entregar los Martín Fierro, por ejemplo. Lo que no debería dejar de ser tenido en cuenta es si en estos casos hubo beneficios económicos significativos para el teatro y su programación (o aunque más no fuera para las arcas generales de la Ciudad), o si se trató de meros intercambios de favores con amigos y benefactores, o crasos actos políticos donde un bien público fue utilizado con fines privados o partidarios.»

    Eso, es justamente lo que no hay que hacer ya que, si abrimos la puerta a considerar las actividades del Colón en función de su rédito económico, estamos desnaturalizando la escencia misma de este teatro, que es un teatro público, y muy difícilmente podremos cerrrar esa puerta.
    Lo paradójico es que esta administración (léase Macri) dotó al Colón de la única ley en la historia de la institución, que define, caracteriza y limita las actividades que se pueden llevar a cabo en nuestro Primer Coliseo. Efectivamente la ley 2855 de Autarquía del Colón en su artículo 2º expresa: «El Ente Autárquico Teatro Colón es el organismo público que tiene la misión de crear, formar, representar, promover y divulgar el arte lírico, coreográfico, musical -sinfónico y de cámara- y experimental, en su expresión de excelencia de acuerdo a su tradición histórica, en el marco de las políticas culturales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.»
    Obviamente es esta misma gestión (léase ahora Macri-Caffi) es la que se encarga de violentar y violar sistemáticamente dicha disposición. Por ello, resulta un tanto pueril la sugerencia del cronista de pedir la intervención de organismos como la Secretaría de Hacienda de la Ciudad o bien de la Auditoría General de la CABA. Recordemos que éste último organismo produjo un informe del Colón durante el ejercicio 2010 que fue lapidario y escandaloso sin que por ello sucediera absolutamente nada.

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  4. Coincido en que el tema da para más.
    Tengo, por supuesto, amigos y amigas que no gustan de la música clásica y que me han pedido a ver si puedo conseguirles una entrada (?) para ver a Cacho Castaña, porque les gusta Cacho Castaña y porque lo ven como una posibilidad de conocer el Teatro Colón. Posibilidad que les está vedada por los precios que, coincidimos, deberían ser más bajos y porque, y creo que acá está la clave, no hay una política de incentivación para que otra gente, no amante de la música clásica, se interne en ella y vaya al Colón porque allí escucharán la música que ahora les gusta.
    No hay políticas culturales que hagan que las personas puedan crecer espirtualmente, desde hace muchos años, no sólo es de esta gestión. Lo cultural ha quedado como sinónimo de espectáculo masivo; en lo posible, bien masivo. Si existiese una política de sembrar; en este caso, que hubiera más cursos como los que yo doy (bien, mal o más o menos) de introducción a la música clásica y a la ópera, más gente se sentiría con deseos de ir al Colón, sin necesidad de poner cantantes populares, que pueden gustarnos o no.
    Creo que Alagna tuvo que pedir permiso en su mismo recital al director del teatro para cantar algo que no era estrictamente de ópera cuando estuvo acá hace no mucho tiempo. Eso indica que hubo un criterio que se desvirtuó.
    No obstante, sigo pensando que lo necesario es sembrar; crear nuevos públicos, que los hay. Para eso, es necesario campañas de difusión, ganas de que la gestión sea cultural realmente y que se sienta que lo que se está haciendo es algo que le quedará a cada persona, que la ayudará a tener una vida más linda, más plena, y que no solamente, pasará una o dos horas viendo un espectáculo que sólo le dejará un recuerdo.

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    • En general, el costo de las entradas no implica un impedimento para conocer el teatro, ya que existen diversas funciones gratuitas.

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      • Existen funciones gratuitas de música de cámara a telón cerrado los domingos a la mañana solamente. No hay funciones gratuitas de ópera, ballet o conciertos sinfónicos, ni funciones a precios populares como en otras épocas.

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