Paloma Herrera: "No vivo dentro de la burbuja del tutú" – 02.10.2014 – lanacion.com

NOTA DEL BLOG: El artículo no menciona que estaba programado Romeo y Julieta, de MacMillan, y así se vendieron los abonos; el título fue cambiado por Giselle sin ninguna explicación oficial.

lanacion.com | Espectáculos | Jueves 02 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa
Paloma Herrera: “No vivo dentro de la burbuja del tutú”
A un año de su anunciado retiro, la bailarina argentina que brilla en el American Ballet Theater está en Buenos Aires para hacer Giselle
Por Constanza Bertolini | LA NACION
Paloma Herrera está en Buenos Aires. Siempre se está moviendo de acá para allá, sin que se le preste particular atención, excepto cuando -justamente- quiere que así sea, porque dará una función de ballet. Como esta semana, en el Colón, que hará Giselle. En el mismo teatro, hace unos días, la gente que caminaba los pasillos en plena visita guiada se paraba a observarla posar para unas fotos junto a la escalera; igual ella podría haber salido por la puerta de Cerrito y cruzado la 9 de Julio sintiéndose libre de confundirse en la marea de las 17, excepto por su elegante total black y un par de altísimos tacos.

“Hola, yo también soy bailarina”, le dice una nena, en el bar del Paseo de Carruajes.

-¡¿Sí?! ¿Y estudiás acá?

-No, voy a un lugar que se llama Vip, en La Plata.

-Ah. ¿Y vos sabés cómo me llamo?

-Sí, Paloma. Y yo me llamo Francesca.

-Tal vez algún día bailes acá, Francesca.

Paloma es sencilla; no tiene dobleces. Desde hace 30 años hace cada día lo que le da felicidad, una premisa que a priori todo el mundo compartiría, ¿o no? Pero si eso significara no asomarse a ver qué hay para mañana, si quisiera decir que es sin estrategia, que es solamente entrega. Cuántos podrían deshacerse de la ansiedad, del cálculo, la especulación, el miedo y confiar en la única decisión que tomó en su vida: que siempre es hoy. Cuesta creer que simplemente sea así, porque uno es desconfiado por naturaleza, pero habrá que creerle. No es una mujer exitosa más, que se queja de lo atribulado que está su país mientras comenta lo fantástico que es vivir en el Upper East Side de Nueva York. No presume de sus logros ni exhibe sus títulos (y tiene montones). Está en lo más alto, podría volar si quisiera, pero va con los pies en la tierra. Es serena, tiene la sonrisa generosa y transmite armonía. Al que lo deje tranquilo, que crea que es un poco ingenua por eso de mirar el vaso medio lleno. Está en su eje y tiene un equilibrio de hierro.

Hace cuatro o cinco meses, una madrugada, cuando llegó a su casa después de una gala impecable, con bailarines de diferentes compañías, presionó send. A la mañana siguiente, sus contactos teníamos en la bandeja de entrada del mail una big news: esta temporada 2014-2015 será la última; después, dejará los escenarios. De hecho, a estas alturas, ya pasó su último Lago de los cisnes, su último Don Quijote… “Happy tears”, ríe ella.

-Falta un año completo (o más) de bailes y despedidas, pero ya tomaste la última decisión de tu carrera, la más importante en 30 años.

-Creo que nunca en mi vida tomé decisiones, todo se fue dando. Hasta esto. Siempre sentí que mi vida me fue llevando, jamás tuve que pensar, no sé, es rarísimo. Esa cosa mía de dejarlo fluir. Me hablan de “la decisión que tomé al irme a vivir a Nueva York a los 15años, sola”. Yo no la tomé, era obvio, me dieron un contrato en el ABT y firmé. Para mí, era lo más normal del mundo.

-Después sí, a tus 20 o 30 años, elegiste seguir en este exigente camino, postergar una familia, la maternidad.

-Tampoco fue una decisión; no se dio. No fuerzo las cosas. Nunca me dije: voy a dejar mi carrera en espera para formar una familia, ni al revés. Estuve un montón de años en pareja, fantástica, y pensé que seguramente iba a quedarme en Nueva York. Después no funcionó, y volví a estar en pareja, creyendo que, bueno, tal vez entonces me venga a Buenos Aires. Fue pasando. Estoy abierta como siempre lo estuve. Es un poco con todos los ejemplos igual.

-¿Te analizás?

-Sí. Jamás me planteé a futuro absolutamente nada. Soy feliz así. Lo que es la libertad, y qué loco que mis papás me pusieran Paloma: la libertad pura. A mí me sirve no estar atada a planes, a tiempos. Siempre que a mí me llene, funciona.

-Habiendo sido tan feliz en un mundo de mucha disciplina, ¿no te da vértigo salir de ese corsé?

-Tengo ganas. Un poco por eso mismo. No quiero que nunca me llegue el momento de quejarme, o que me pese una clase, una función, una gira. Estoy feliz con el trabajo, pero es hora también, porque es una vida superdedicada, una carrera en la que nunca llegás. Todo el mundo te pregunta: “Pero cuándo vas a llegar, porque se supone que sos una primera bailarina. Y una muy buena”. Pero no, resulta que, aunque tengas la función de tu vida, la próxima querrás que sea un poco más.

-¿De qué tenés ganas?

-De poder decir ok. No vivo dentro de la burbuja del tutú y el grand plié, pero tengo ganas de disfrutar más de mis afectos, de mi tiempo libre. Me di cuenta de que soy muy feliz del otro lado del escenario. Me encanta ver talento.

-Nos sorprenderíamos si supiéramos que Paloma Herrera.

-Que puedo estar sin hacer nada. Estoy siempre a full porque amo lo que hago, pero cuando estoy acá, en Buenos Aires, por pocos días, me encanta levantarme y acostarme tarde. Sentarme a leer, pasar la tarde escuchando música, charlando de la vida con gente profunda.

A sus 38, Paloma hace una reflexión generacional y de pronto se entiende mejor por qué le llegó su momento. Por un lado, aun cuando nunca le importó ser distinta -y, desde los 8 años, claro que lo fue-, a ella, que adora el rito del ballet, que tiñe con té las cintas que luego cose dedicadamente en sus zapatillas de punta (puntas que, además, maquilla para que tengan el mismo color de su piel), esta segunda década del siglo XXI la encuentra desencantada con opciones de vida más light en todos los niveles. Por ejemplo, en el estudio, zapatillas de plástico porque son más cómodas, ensayos con teléfono celular. “No es eso el ballet. No era eso el ballet. No comparto, no pertenezco, prefiero llevarme un recuerdo maravilloso.” Por otra parte, adonde sí pertenece es a esa “época de oro del American Ballet”, la de Ángel Corella, José Carreño y Roberto Bolle, sus compañeros. “De pronto, leés la biografía de Misty Copeland [actual solista del ABT] y entendés cómo uno puede cambiarles la vida a unos chicos cuando están creciendo. Te tienen en un video que ven y ven, sos un modelo a seguir y no tenés conciencia de lo que has sido para ellos.” El libro Life in motion: an unlikely ballerina comienza narrando el día en que Copeland, una joven de Kansas con una historia fuerte desde el minuto cero -historia de pobreza, inseguridad emocional e incomprensión- se convierte en la primera mujer negra en protagonizar El pájaro de fuego, de Stravinsky, con coreografía de Alexei Ratmansky, en una de las compañías más prestigiosas del mundo. Si el relato en primera persona es emotivo para cualquier lector, está claro por qué esta charla concluye con la bailarina argentina diciendo: “Mi trabajo está hecho. Me puedo retirar”. Con lápiz negro, en diferentes capítulos del libro, aparece subrayada una parte de esta recompensa insospechada: “Recuerdo a Paloma Herrera bailando su pas de deux en Don Quijote. Al final del ballet, ella no se toma de la mano de su partenaire. Feroz e independiente, se queda aparte y hace equilibrio sola. Yo supe entonces que eso era lo que tenía que hacer, recuperarme, sostener mi cabeza en alto y hacer equilibrio sola.”

Funciones del más romántico de los ballets

Giselle, en versión de Lidia Segni, según Petipa

No será ésta la última danza de Paloma Herrera en Buenos Aires, sino más bien uno de los primeros puntos del full circle que describirá hasta diciembre próximo la despedida de una de las bailarinas principales del ABT. Desde hoy y por cuatro funciones (pasado mañana, el miércoles y el sábado 11), Herrera bailará, con Juan Pablo Ledo en el rol de Albrecht, el más emblemático de los títulos románticos del ballet: Giselle. De la campiña al plano fantástico donde habitan las willis, la versión coreográfica de la directora de la compañía del Teatro Colón, Lidia Segni (según la original de Marius Petipa) contará con producción integral de la casa y la participación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. En el segundo y tercer reparto, los roles principales quedarán a cargo de Nadia Muzyca (3, 5 y 9 de octubre), Federico Fernández (3 y 5) y Edgardo Trabalón (9)..

Paloma Herrera: “No vivo dentro de la burbuja del tutú” – 02.10.2014 – lanacion.com

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