Con pasmosa naturalidad – 12.10.2014 – lanacion.com

lanacion.com | Espectáculos | Domingo 12 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa
Clásica
Con pasmosa naturalidad
Por Pablo Gianera | LA NACION
«Cada uno es lo que es, y eso se escucha», dijo hace un tiempo Sol Gabetta en una entrevista. La frase, que sería válida para todo instrumentista, lo es especialmente para ella: su repertorio es verdaderamente amplio (del Barroco al siglo XXI), pero su sonido resulta reconocible de inmediato, ya desde la primera nota. El Concierto de Camille Saint-Saëns, centro de gravedad de esta presentación en el Teatro Colón para el abono del Mozarteum Argentino, ocupa con todo un lugar especial. Fue una de las primeras obras que Gabetta tocó con orquesta en Europa y podría decirse que en cierto modo creció con ella.

Saint-Saëns desdeñó la forma clásica de movimientos tabicados y optó por un tendido ininterrumpido pleno de recurrencias motívicas. Fue notable el modo en que Gabetta volvió visible esa continuidad. Pero además de la resolución sin mácula, la chelista logró una intersección perfecta de expresividad y control, que nunca se notó más que en el lirismo de la sección central. La naturalidad de Gabetta es auténticamente pasmosa. Hubo dos piezas fuera de programa: una transcripción de «Après un rêve», de Gabriel Fauré, y «Dolcissimo», una de las dos partes de The Book, obra del letón Peteris Vasks para chelo solo que demanda que el instrumentista use su voz casi como un eco de la cuerda y que Gabetta convirtió hace rato en una breve pièce de résistance. Los músicos que no son pianistas suelen ser uno con su instrumento. Gabetta consigue siempre que su chelo cante como si formara parte de su propio cuerpo.

El concierto había empezado con el Noneto para vientos y contrabajo, de la polaca Bettina Skrzypczak. El oboe funciona como un primus inter pares y la obra se despliega a partir de una ejecución moderadamente indeterminada y de carácter cambiante que se sostiene en una fuerte interacción de los instrumentistas.

El inicio y el final quedaron anudados justamente por el oboe, tan decisivo asimismo en la Sinfonía en la mayor de Beethoven. La famosa idea de Richard Wagner según la cual la Séptima era la «apoteosis de la danza» encontró una temprana refutación por el lado menos previsto: Hector Belioz, maestro del programa, observó que «Beethoven no escribió jamás «música para los ojos»». Al frente de la Orquesta de Cámara de Basilea, Giovanni Antonini optó por no entregarse al frenesí rítmico y marcar en cambio los asombrosos atrevimientos armónicos que atraviesan la Séptima. Sin embargo, el enfoque de Antonini, tan refinado en Saint-Saëns, resultó menos microscópico en Beethoven, sobre todo en la distinción de los planos. Hubo un solo bis: una intensa lectura del último movimiento de la Cuarta, también de Beethoven.


Foto: LA NACION

Orquesta de Cámara de Basilea.Función: N° 9 del Mozarteum Argentino / Director: Giovanni Antonini / Solista: Sol Gabetta / Programa: Noneto para vientos y contrabajo, de Bettina Skrzypczak; Concierto para violonchelo y orquesta N° 1 en la menor, de Camille Saint-Saëns; Sinfonía N° 7 en la mayor, de Ludwig van Beethoven / Sala: Teatro Colón.

Nuestra opinión: Muy bueno.

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