NOS DISPARAN DESDE EL CAMPANARIO: Se dice que la cultura es todo lo que el hombre hace…y que hay muchas (¿?) culturas

NOS DISPARAN DESDE EL CAMPANARIO: jueves, 23 de octubre de 2014
Se dice que la cultura es todo lo que el hombre hace…y que hay muchas (¿?) culturas
Pensamientos encontrados en los artículos titulados Esa Cosa Llamada Cultura I y II de fines del 2011
El sábado 10 de Diciembre del año 2011, durante la emisión del prestigioso programa Testigos de Privilegio por la AM 1470 La Dorrego, la Directora de la cartera de Cultura Municipal afirmó ciertamente convencida que cultura es todo lo que el hombre hace. No me llamó la atención lo dicho, su gestión no dejó dudas al respecto; sí me sorprendió que tal conceptualización no haya motivado algún cosquilleo o cierto pensamiento crítico por parte de nuestra inteligencia vernácula.

Tal vez nuestra intelectualidad haya optado por no exponerse al ruedo debido a lo inútil de la empresa a sabiendas que el debate incluye la riesgosa demolición de determinados sofismas demagógicos que los mostraría erróneamente sectarios y excluyentes; de modo pues, desde esta humilde y limitada tribuna, asumimos el convite como sensibles y sinceros amantes de las artes, de las ciencias y el conocimiento. A priori se presume que la excelencia no contiene signos populares, que popular es todo aquello cuya simpleza y llaneza contempla gustos y  preferencias mayoritarias. Ese prejuicio mantiene encubiertos dos elementos substanciales: En primer término ahorrarse el esfuerzo de proponerle a la sociedad elementos culturales desconocidos, que involucren ser pensados, ser elaborados; y como segundo punto la facilidad que resulta, desde el poder, subestimar la inteligencia de los ciudadanos achicando los niveles de sus aspiraciones a favor de no comprometerse en los engorrosos caminos de la complejidad; recorridos que necesariamente exigirán intelectualmente al funcionario que desafíe dicha complejidad. La cultura tiene dos interpretaciones notoriamente enfrentadas. Afirmar que es todo lo que el hombre hace comprende la faz antropológica del asunto; su forma de alimentarse, sus creencias, los rituales en honor a sus antepasados, su ordenamiento social, el entretenimiento y el ocio, todos elementos derivados de los usos y costumbres y no tanto como actividades susceptibles de ser elaboradas a partir del pensamiento complejo. El estudio y la comprensión de esta faz incluyen un innegable proceso cultural. Seamos claros y precisos: Desarrollar hipótesis con respecto al canibalismo constituye un apartado de investigación cultural insoslayable por parte de la ciencia; lo que no es posible de considerar es al mismo canibalismo, de modo aislado, como un evento cultural en sí propio. Lo mismo ocurre con cientos de actividades, costumbres y hábitos que el género humano ha manifestado desde su nacimiento. Algún desprevenido puede llegar a considerar entonces que Auschwitz constituyó un evento cultural de la sociedad alemana si nos ceñimos a la afirmación de la funcionaria de cultura saliente: Darle al pueblo lo que pueblo pide sin elaborar si aquello solicitado encierra promover un ejercicio inteligente, a favor del pensamiento crítico, analítico, apuntando al desarrollo y al estudio de las artes y las ciencias. Y aparecen aquí, a mi criterio, los elementos distintivos que constituyen la segunda concepción desde lo que podría encuadrarse como una verdadera política cultural. El fomento y la promoción de actividades que encierren un desarrollo individual y colectivo de la sociedad a través de mecanismos que incentiven elevar la base de conocimiento presente; tarea que debe ser constante y que no debe rehuir a los desafíos que impone el prejuicio que la complejidad ostenta por determinación de los funcionarios a cargo. Cada actividad cultural discrimina y eso resulta inevitable, pero es tan abrumadoramente diverso el menú de la ilustración que finaliza incluyendo a todo el espectro social. El tema es darle la posibilidad a toda la sociedad para poder acceder a esa diversidad que la misma actividad cultural posee. Para llegar a la excelencia como concertista de Guitarra son necesarios muchos años de estudio, esfuerzo, dedicación, inversión de capital y alguna dosis no menor de talento. Elementos que discriminan per se. Lo mismo sucede con la pintura, la literatura, las artes plásticas, el baile, la actuación, el canto y también las ciencias; esto es, ir complejizando el conocimiento requiere de una inevitable evolución hacia la erudición; de ningún modo puede efectivizarse lo dicho acotando las percepciones colectivas, menguando las concretas posibilidades de curiosidad. ¿Quién es entonces el qué determina la popularidad o masividad de cada actividad si paralelamente nada se hace para su difusión y desarrollo? Además ¿Por qué la popularidad o la masividad tienen que ser justificación suficiente para desarrollar una actividad cultural? Para el caso, el prejuicio, la desidia y la propia mediocridad conceptual sobre el arco iris que propone la actividad cultural laboran como aliadas indispensables. El no comprender que política cultural incluye  necesariamente la profundización constante, casi fundamentalista, de la ilustración resulta un moroso legado que le estamos dejando al futuro. Un almuerzo organizado para una determinada colectividad no es un evento cultural en sí mismo. Es un simple y básico evento social, no constituye un suceso que promueva a la complejidad, que pellizque a la inteligencia, que tienda al crecimiento de su conjunto. Distraer presupuestos en ello reviste a mí entender el nudo del equívoco. Presentar eventos que nada tiene que ver con la cultura como culturales es también una política cultural, es subestimar a la población utilizando sus propios desconocimientos a favor de no ascender el tenor de los contenidos.

El Físico italiano Strato afirmó que sin pensamiento nos es imposible percibir la belleza que atesora la complejidad. Estando de acuerdo con la cita se puede afirmar que cuanto más fronterizo es el menú artístico a percibir menos necesidad de elaboración inteligente requiere. Si yo, como funcionario de cultura, priorizo en mi grilla anual artistas de notoria mediocridad el nivel de exigencia popular no se verá comprometido, en consecuencia la comodidad en la gestión encontrará su clímax y beneficio. Cuestiones de pertenencia política y cuestiones de resignación artística hacen a la problemática cultural. Ambas conspiran contra la posibilidad de educar y formar al soberano, de elevar el tenor conceptual, de familiarizarse con la hermosa desmesura de la complejidad, por encima de conformarse con la vulgaridad rutinaria que nos ofrece la seguridad de lo probadamente digerible. Como amantes de las bellas artes en todas sus facetas y disciplinas, estimo que algunos se deben sentir parias, como diabéticos en dulcería, mal aceptando que su distrito mantiene como contrato social un formato liso y llano, más cercano a lo mercantil y mediático, muy alejado de lo que puede llegar a conmover al espíritu y a la inteligencia.

Bonus Track

En todo estas vos, menos en Cultura

La Cultura en C.A.B.A

por  Fabiana Lozano – 28/11/2013 Diario Registrado

La Ciudad de Buenos Aires es reconocida en todo el mundo como una de las capitales culturales más atractivas para el turismo por su oferta cuantiosa y sobre todo rica en términos de contenido. Sin embargo desde 2007 con la asunción del actual jefe de Gobierno Mauricio Macri, cada vez es menor la posibilidad de acceso a dichas ofertas para los propios habitantes de la ciudad, y en ese sentido existen dos factores centrales: la desigualdad y la concentración de la oferta cultural.

Tomemos como ejemplo inicial las salas de cine. Los datos del Sistema de Información Cultural de la Argentina – SINCA-, muestran que la Comuna 1 posee el 38% de los cines de la Ciudad, mientras que las comunas 4, 8, 9 y 10 (ubicadas en el sur y oeste de la Ciudad) no tienen ningún cine en todo su territorio. Con respecto al teatro pasa algo similar, nuevamente la Comuna 1 conjuga el 36% de los teatros, y las 5 primeras comunas con mayor oferta, también ubicadas en las zonas centro y norte, concentran el 80% de las salas. El negativo de esto, es que las comunas 8 y 9 directamente no tienen ni un teatro para sus habitantes. Debe tenerse en cuenta que la extensión de la ciudad, y las dificultades de movilidad y transporte, hacen de la cuestión de la accesibilidad un problema para las comunas o barrios más apartados.

Uno podría pensar que esta tendencia resulta histórica y hasta estructural en la Ciudad de Buenos Aires, pero justamente frente a legados históricos y a preferencias de inversión del sector privado, es el Estado quien debería asumir funciones de regulación y promoción para, al menos, atenuar esta desigualdad tan marcada. La inacción del Gobierno de la Ciudad favorece la concentración de la oferta, y como consecuencia, la cultura se vuelve menos accesible para la mayoría de los porteños y las porteñas.

Aquello puede observarse claramente si uno analiza la utilización del presupuesto destinado al Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires (y al Teatro Colón). Si bien dicha suma aumentó considerablemente entre 2005 y 2012, no se refleja en una política cultural de fomento a la cultura ni promoción de las identidades locales. Por el contrario, prioriza la promoción de la Ciudad como destino turístico, la industria inmobiliaria y la radicación de empresas privadas, potenciando la desigualdad y concentración de la oferta. El Distrito Audiovisual y el Distrito de las Artes que tienden a la concentración sistemática de las actividades y benefician a las empresas que en ellos se radiquen, son muestras de una política orientada claramente a una minoría, en desmedro de los circuitos públicos.

Asimismo si bien el nivel de gasto público en cultura presenta una tendencia en constante aumento desde 2005, en los últimos años se observa una leve reducción: pasó de 3,82% en 2008, a 3,14% en 2012. Uno de los mayores afectados en este sentido es el Programa Cultural en Barrios, que se trata de una política que, desde el retorno a la democracia a través de los Centros Culturales Barriales que dependen del Gobierno,  pretende descentralizar la actividad cultural en los distintos barrios y comunas de la Ciudad. El presupuesto para dicho programa osciló entre 2008 y 2012 en torno al 2%.

Justamente ante la ausencia de ofertas culturales privadas en muchos sectores de la ciudad, los Centros Culturales Barriales nacen naturalmente como una opción concreta de acceso libre y gratuito a la cultura. Pero el funcionamiento de estos centros dependientes del Gobierno de la Ciudad muestra la misma tendencia centralizadora.

Desde la asunción de Mauricio Macri se ha producido una notable disminución de la cantidad de actividades que allí se realizan: de 3.250 en 2008 a 2.641 en 2012. Aquello es consecuencia directa del desfinanciamiento de más de la mitad de los talleres gratuitos que funcionaban en la Ciudad, y el desalojo violento de más de 20 centros culturales.

Al mismo tiempo, el “megaevento” es la única actividad que aumentó sus asistentes en estos años: su convocatoria ascendió de 34.094 en 2008 a 418.673 en 2012. El ejemplo más reciente es la creación del “Buenos Aires Rock”, en el histórico predio del Parque de la Ciudad, donde se llevó a cabo el Quilmes Rock 20113, que benefició exclusivamente a la empresa Siberia SA, que por solo ciento ochenta mil pesos  accedió a un negocio con el que recaudó 22,5 millones de pesos.

Evidentemente las políticas que viene ejecutando el Gobierno de la Ciudad no afectan la centralización de la oferta, aumentan la desigualdad de oportunidades, y hacen que la cultura resulta cada vez menos accesible para la mayoría de los habitantes. Lamentablemente todo aquello es parte de un proceso de mercantilización y de vaciamiento de espacios tradicionales de la cultura popular porteña.

NOS DISPARAN DESDE EL CAMPANARIO: Se dice que la cultura es todo lo que el hombre hace…y que hay muchas (¿?) culturas

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2 comentarios en “NOS DISPARAN DESDE EL CAMPANARIO: Se dice que la cultura es todo lo que el hombre hace…y que hay muchas (¿?) culturas

  1. Si «cultura es todo lo que el hombre hace», según aseguran algunos irresponsables pretendiendo con ello amparar su total desaprensión por lo que significa «hacer cultura», eso quiere decir que las drogas pesadas son parte de la cultura. Lo cual en definitiva acaso sea cierto. Lo cual no nos habilita a defender el narcotráfico como un bien cultural, ni nombrar a un narcotraficante como representante destacado de la cultura. Sucede que ese significado sociológico del término «cultura» no se condice con el sentido que ha de tener este mismo término para los responsables de gestionar cultura, en especial si se trabaja desde el Estado, que tiene la responsabilidad y el deber de generar una cultura deseable, y no de reproducir esa cultura amplia de la cual habla la sociología, sin detenerse a discriminar qué parte sea deseable o nociva. Por lo demás, partes hay de esa cultura que no necesitan ser asistidas desde el Estado, pues se autorreproducen con facilidad a instancias del mercado, y otras que por el contrario sí necesitan de su amparo. Pero tener que estar explicando todo esto sólo significa una cosa: hay funcionarios que no tienen la menor capacidad para estar frente a un sistema de gestión cultural. Son aquellos que eligen a los Elegidos y las Elegidas del Teatro Colón, los que nombran embajadores culturales a Violeta o a Tan Bionica, personalidad destacada de la cultura a Marcelo Tinelli, o embajadoras de la cultura popular argentina a las tetas de Isabel Sarli.

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  2. Claro, como no pueden justificar racionalmente el premio a Tinelli como personalidad destacada de la cultura, apelan a silogismos tramposos ( «Todo lo que el hombre hace es cultura, Tinelli es un hombre y por lo tanto hace cultura») con el único propósito de confundir y nivelar todo hacia abajo, su hábitat natural del que nunca podrán salir. Siguiendo este supuesto absurdo, si «la cultura es todo lo que el hombre hace», los barrabravas y vándalos del fútbol son también cultura y
    el famoso motochorro de la Boca que dicho sea de paso se paseó por todos los canales de televisión cobrando por su «actuación», también es cultura. No mientan más!, no mezclen negocios privados, intercambio de favores y beneficios económicos con el arte y la cultura. Santos Discépolo en su inmortal Cambalache: «La Biblia y el calefón, Primo Carnera con San Martín» los retrató con alta definición…

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