Madama Butterfly: Clásicos rituales de oriente

Clarin.com | Extra Show | 25/11/14
Madama Butterfly: Clásicos rituales de oriente
Desde hoy, en el Colón
El régisseur Hugo De Ana habla de su puesta, que sube hoy a escena en el Colón, del clima político del país y de la actualidad del teatro.
Sandra de la Fuente
Dos años después de haber llevado adelante la dirección de escena y el diseño de escenografía, iluminación y vestuario de La Forza del Destino, de Giuseppe Verdi, el régisseur argentino Hugo De Ana vuelve a Buenos Aires para cerrar la temporada lírica del Colón con Madama Butterfly, del compositor italiano Giacomo Puccini, uno de los títulos más queridos del repertorio.  

Formado primero en el Instituto Superior de Arte del Colón y en la Escuela de Arte Ernesto de la Cárcova, tiempo después, De Ana desarrolló desde muy joven una carrera en Europa, circunstancia que lo llevó a residir en la preciosa Madrid, a unos pocos pasos de la Puerta de Alcalá. Sin embargo, hoy evalúa la posibilidad de conseguirse un pied-à-terre en Buenos Aires. No es para menos: luego este cierre pucciniano, De Ana tendrá que trabajar en su puesta de Los Troyanos, de Hector Berlioz, para la apertura de la temporada 2015.Reconoce que el estreno de la obra del compositor francés lo tiene ansioso: es difícil desde todo punto de vista, pero siempre deseó hacerla, contará más tarde.  

La entrevista con Clarín interrumpe una reunión con la gente del taller de escultura del teatro. Una figura humana hecha en un material que simula ser piedra concentra la atención del grupo. Alrededor de ella, varios artesanos escuchan indicaciones y sugieren soluciones. De Ana, con su finísima corbata de seda desanudada alrededor del cuello, saluda y pide unos segundos más. Debe aprovechar la visita de los escultores antes de sentarse a conversar sobre su concepción de Madama Butterfly.   

Unos minutos más tarde la charla comienza y, como últimamente sucede con casi todos los artistas que vienen al país, el comentario sobre el malhumor que sobrevuela el ambiente político se impone sin remedio. “Se siente la tensión, se percibe la falta de libertad, el temor”, dice.

Está difícil, cualquier comentario que en otros tiempos hubiera resultado intrascendente hoy cobra una dimensión enorme.

Es que a veces hay que ignorar un poco el mundo si uno quiere vivir tranquilamente en él. Comprometerse excesivamente con lo que sucede nos impide hacer cosas, sobre todo si uno es una persona sensible.

El que del mundo quiera gozar debe de ver, oír y callar, dice el refrán. Un modo de no ganarse enemigos y de no comprometerse con nada.

Pero a veces el tener enemigos habla de la honestidad con la que te plantás frente al mundo. No hay que desesperarse por eso: no todo el mundo te puede amar. Lo que pasa es que hoy parece que la opinión honesta está devaluada. Yo me encuentro con que la gente dice que es libre de expresarse en su arte o en lo que piensa, pero en realidad se limita. Y yo también lo hago porque no he aceptado dar todas las entrevistas; tengo miedo de que se malinterpreten mis palabras.

Bueno, entonces aprovechemos que me hayas dado la oportunidad de entrevistarte para conversar sobre tus dos puestas, “Madama Butterfly” y “Los Troyanos”. ¿O preferirás un nuevo encuentro para hablar de Berlioz?

Ahora hablemos de Butterfly y más adelante sobre Los Troyanos, cuando las cosas estén más avanzadas. 

En ese caso, ¿cuáles son las características salientes de esta puesta de la obra de Puccini?

La puesta es de una gran abstracción. En la escena habrá sólo tres cubos. Quise sacarle el aspecto puramente decorativo que suele aparecer en esa ópera para mostrar la profundidad de su cultura. Para hacer esta puesta estudié mucho el teatro Kabuki, el Bunrako y el Nôh. Traté de encontrar los nudos de esa cultura y quiero mostrar esos rituales con todo su significado. La música me da bastante tiempo para mostrarlos.

Tu puesta de otro de los títulos del repertorio de Puccini, “La Bohème”, fue protagonista de la reapertura del teatro. ¿Cómo ves al teatro hoy, pasados cuatro años desde su reapertura?

Más allá de esa tontería que sucedió con la mampostería, que realmente no es nada, me encontré con una gran renovación de gente; pero quiero destacar el esfuerzo del equipo técnico. Porque hay que entender que esta gente ha perdido el lugar donde trabajaba. Los talleres del teatro se perdieron con las distintas reformas. Y nuestros talleres del Colón están trabajando en lo que llaman la nube, un sitio lejano, en Chacarita.

¿No es una tendencia general la de sacar los talleres de los teatros?

Es cierto que no todos los teatros tienen sus talleres adentro. Pero, aunque estén afuera, están bien organizados. Hace falta una central técnica. El Covent Garden tiene la suya. Lo mismo sucede con La Scala, que tiene su central técnica ubicada muy lejos del teatro, pero que incluye una sala de ensayos. Eso facilita muchísimo el trabajo.

Con los años que llevás en este oficio nunca tuviste la dirección artística de un teatro. ¿Te gustaría y no te la ofrecieron?

Cuando me lo ofrecieron, hace muchos años, no me interesó. Tengo que reconocer que muchos colegas míos trabajan porque son directores de teatros. Pero a mí no me interesa pelear con funcionarios para conseguir cosas y luego tener que conformarme con lo que hay porque el presupuesto no alcanza. No, eso no es para mí. 

Cuándo y dónde. Con puesta en escena de Hugo De Ana, dirección de Ira Levin y un elenco formado por Liana Aleksanyan, James Valenti, Guadalupe Barrientos, Sergio Spina e Igor Golovatenko, la obra va hoy, mañana, viernes, sábado y martes próximo, a las 20.30 horas, y el domingo a las 17:00, en el Teatro Colón, Libertad. Desde $100.

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Un fracaso que se transformó en uno de los títulos más apreciados del repertorio operístico.
Federico Monjeau
Madama Butterfly es otro de los casos inexplicables de la historia de la ópera. Como La traviata de Verdi, esta ópera de Giacomo Puccini es una de las más amadas de todo el repertorio, pero su estreno -el 17 de febrero de 1904 en La Scala (Milán)- fue un fracaso. Algunos sostienen que eso se debió a los simples efectos de una camarilla antipucciniana; otros, en cambio, lo atribuyen a una desproporción en la forma de la obra.

Se sabe que Puccini discutió acaloradamente con los libretistas Illica y Giacosa, incluso con el editor Ricordi, acerca de su división en dos o en tres actos. Puccini aseguraba que la división en dos actos favorecería la unidad de la obra, mientras que los otros sostenían que un único intervalo daría un segundo acto muy extenso, algo que sólo el alemán Richard Wagner podía permitirse.

El compositor ganó la discusión. Compuso la obra en dos actos, sin salirse de la atmósfera y de la estampa japonesa, que caracteriza no sólo el paisaje escénico-musical sino también su forma apaisada, una línea continua que se despliega como un gran airoso del principio al fin. Efectivamente, el segundo acto es muy extenso (su duración es de casi una hora y media), por lo cual el autor compuso un intermezzo: el bellísimo coro en susurros que resume la noche en vela que pasa Cio-Cio-San esperando el regreso de Pinkerton.

Tras el fracaso, Puccini hizo algunas correcciones y concedió dividir el segundo acto en dos partes, con lo que Madama Butterfly quedó como una ópera en tres actos, lo que seguramente no acarreó una auténtica mejora estética sino la posibilidad de que el público saliese de la sala para ir al baño, tomarse una copa o fumarse un cigarrillo. Como fuese, dio resultado: la nueva versión se estrenó en Brescia cuatro meses de estreno milanés y tuvo una muy buena acogida.

Pinkerton es un oficial de la marina estadounidense que en una estadía en Nagasaki conoce a Cio-Cio-San, una adolescente japonesa a quien se la prepara para geisha. Para Pinkerton esa relación amorosa constituye un delicioso pasatiempo que dura lo que su estadía en Japón; para Cio-Cio-San será mucho más que eso. Los dos últimos actos acaso constituyan la espera en vano musicalmente más hipnótica de toda la historia de la ópera. 

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El lado oscuro del amor. La obra refleja el dolor por lo perdido. Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli
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