Mario Sevilla Serrano | Un teatro sin identidad

Esto es lo que creo, le está pasando a este afamado y afanado coliseo.
Gracias a políticas de imberbes, neófitos, impunes y mediocres, es que se ha desprofesionalizado por completo.
Ya no es mas una fuente de oficios, como alguna vez supo ser. Actualmente da lo mismo “ocho que ochenta”.
Está desposeído de reglas y normas a seguir. Tanto para sus trabajadores, directivos y peor aún para los invitados contratados (quienes deberían acatar el “uso y costumbre” de la casa, en vez de hacer y deshacer a su antojo; por mas razones que tuviesen). Si te invito a mi casa, respetá sus costumbres y o mañas. Pero sucede que cuentan con la anuencia y complicidad de autoridades sin autoridad, ética y moral. 
Siempre tuve claro que fuera de dicho teatro había vida, también y a partir de hoy la comienzo a vivir. Después de haberle alquilado mis conocimientos por 32 años, que no son pocos (conocimientos y años), los cuales  supieron desperdiciar. Pero sí supieron y se dedicaron a denostarme, desestimarme y descalificarme, valiéndose de la injusta justicia y una gran soberbia dictatorial.
Mucho he visto y vivido, a lo largo de mi trayectoria. Gente que con solo ser un triste percusionista, dirige. Oficinistas que tenían sede en el bar “Metro” hoy son directores técnicos. Coordinadores que traicionaron y serrucharon el piso de sus propios hermanos. Jefes asentidores, obsecuentes e impresentables y mucho practicante de reverencias y pleitesía injustificadas
Todos ellos tienen el tupé y la regalia de “cortar el bacalao” en el Teatro Colón. Hago cargo de todo este padecer a la falta de público melómano, políticas neófitas, sindicatos traidores y a trabajadores en desidia.
                              Mario Sevilla Serrano

[recibido por correo electrónico]

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Un comentario en “Mario Sevilla Serrano | Un teatro sin identidad

  1. Estimado Mario ;
    No te conozco pero me solidarizo con tu pena. Tu visión del teatro actual se ajusta a la realidad de los hechos con amarga certeza. En realidad se puede decir que el Teatro Colon de la fama y la gran tradición ya no existe y que hoy vivimos la caricatura de aquella orgullosa casa. Cosas han ocurrido para llegar a este presente, la mayoría de ellas previsibles, pero justo es reconocer que la presión de los mediocres, la infamia de los traidores y el temor de los demás facilitaron el trabajo de los García Caffi y compañía que circunstancialmente han triunfado. A los que vienen les queda la tarea de refundar el Teatro. No será sencillo pero seguro que van a necesitar, otra vez, de tu esfuerzo.

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