Elena Obraztsova: una voz oscura y un recuerdo claro – 14.01.2015 – lanacion.com

lanacion.com |  Espectáculos | Miércoles 14 de enero de 2015 | Publicado en edición impresa
1939-2015
Elena Obraztsova: una voz oscura y un recuerdo claro
Por Jorge Aráoz Badí | Para LA NACION
En octubre de 1989, cuando cantó el personaje de Amneris en la versión de la ópera Aida realizada por el Teatro Colón, los melómanos argentinos entendieron con claridad las razones que justificaban la tan singular celebridad de la mezzosoprano rusa Elena Vasilievna Obraztsova, que anteayer murió en una clínica alemana, a los 75 años. Apenas salió de su país, donde se la aclamaba como la dramática más notable de su cuerda, buena parte de los críticos europeos y norteamericanos se fueron hasta extremos inusuales con sus alabanzas.

Este hecho rodeó a la cantante de un clima polémico y polarizó la rivalidad entre aquellos que insistían en llevar demasiado lejos sus percepciones y razonamientos y quienes los acusaban de aturdirse con la exageración. La situación parecía recrear el caso María Callas. Pero lo cierto es que cuando no tenía roles protagónicos (como fue su memorable Dalila en la ópera de Saint-Saëns) y debía asumir papeles laterales de la figura principal (como Amneris) apenas aparecía en escena se apoderaba de la atención del público y su actuación se convertía en el mayor atractivo de cualquier función.

Esto no sucedía porque Obraztsova pusiera en funcionamiento su divismo, sino por imperio de sus cualidades artísticas, por la gradación de su importante volumen vocal, el brillo de su timbre obscuro, umbroso y a veces insondable; el impecable manejo de la emisión, su afinación invariablemente precisa, su óptimo fraseo, la estabilidad y la distinción de su ritmo escénico, siempre tan apropiado.

Obraztsova nació en Leningrado acompañada de la Segunda Guerra, en junio 1939, y vivió su infancia con todas las penurias de los sobrevivientes de esa tragedia. Los signos tempranos de sus tendencias musicales no fueron menospreciados en un hogar identificado con esta vocación, pero la inestabilidad, los urgentes cambios de residencia y la ausencia del padre no contribuyeron al desarrollo de su formación. No obstante, al término de la guerra ya quedaba claro el objetivo de esa adolescente, a partir de su participación en coros, clases con distinguidos maestros, premios en festivales juveniles y concursos, que en 1964 cristalizaron cuando fue reclutada por la compañía del Bolshoi. Con ella obtuvo uno de sus primeros éxitos con la María de Boris Godunov y la joven viuda Marfa de Kovántchina, de Mussorgsky, papel que también asumió en el Colón, en 1982.

Obraztsova dejó uno de los más voluminosos prontuarios artísticos de una carrera cruzada por intereses que ella supo esquivar y de triunfos con los que muy pocas mezzosopranos pudieron competir. Prácticamente no quedó una sala lírica importante del mundo en la que no haya cantado y alguna ópera que haya dejado de interpretar: 40 de todos los repertorios, especialmente el ruso.

Al margen de la estadística, de la singularidad de su instrumento vocal, de su inolvidable sentido estilístico y buen gusto, lo que la colocaba a Obraztsova entre las primeras de su cuerda era una personalidad artística excepcional, eso que le queda a la gente cuando recuerda a quienes dejaron señales profundas en su experiencia..

Foto: LA NACION 

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