Tiempo de Música : “Werther” de Jules Massenet : Atracción fatal

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“Werther” de Jules Massenet : Atracción fatal
La ópera inspirada en la novela de Goethe —y que el Teatro Colón ofrecerá desde el 14 de abril— muestra una doble atracción: la de una relación insatisfecha, propia del Romanticismo, y la de encontrar una nueva manera de plantear el drama lírico francés. Por Luciano Marra de la Fuente
Algo que caracterizó a los compositores del fin del siglo XIX francés fue el romper las convenciones de los géneros operísticos que hasta ese entonces eran rígidas y excluyentes. Si la ópera francesa durante la primera parte de ese siglo se dividía, como en compartimentos estancos, en grand-opéra —de carácter, concepción y puesta en escena monumental— y en opéra-comique —de argumento más popular, con inclusión de partes habladas—, sería un grupo de compositores jóvenes los que lograrían difuminar esos límites, Jules Massenet a la cabeza.

Jonas Kaufmann (Werther) y Sophie Koch (Charlotte) en el primer acto de Werther,
producción de Benoît Jacquot, Opéra-Bastille, 2010 / Fotografía de Élisa Haberer

Profesor de composición en el Conservatorio de París a sus treinta y seis años, este creador ya había experimentado con diversa fortuna en esos géneros por más de diez años: las opéras-comiques La Grand’ Tante (1867) y Don César de Bazan (1872), las grand-opéras Le Roi de Lahore (1877), Hérodiade (1881) y Le Cid (1885). Su primer avance en romper con esos límites lo hizo con Manon (1884), donde corroe el formato de la opéra-comique: le quita la liviandad y lo decorativo del género al apostar a un argumento íntimo y trágico, pero sobre todo busca una continuidad musical que evita la idea de número cerrado generando una escena compleja que podría incluir partes habladas sobre música, el paso natural de lo hablado a lo cantado o de un recitativo a un arioso.

Una instancia similar ocurre con Werther, su siguiente obra, concebida como drame lyrique hacia mediados de la década de 1880 y que sería estrenada, aunque en alemán, recién el 16 de febrero de 1892 en la Ópera de Viena. La obra ya terminada había sido rechazada hacia 1887 por el director de la Opéra-Comique, León Carvalho, argumentando que su temática era demasiado triste para su escenario. El hecho de designarla como drame lyrique tiene mucho que ver con la atracción que la obra de Richard Wagner generó en los jóvenes compositores europeos de fines de siglo y que, sin dudas, Massenet no pudo estar indiferente. El francés había asistido en 1883 a la interpretación completa de El anillo del nibelungo en Bruselas y, ya avanzada la composición de Werther, en 1886 viajaría a Bayreuth para el estreno de Parsifal, además de conocer las obras anteriores del autor alemán.

Ludovic Tézier (Werther) y Jennifer Larmore (Charlotte) en la escena final de Werther,
producción de Guy Joosten, Teatro de la Monnaie, 2007 / Fotografía de Johan Jacobs

La continuidad musical, ya buscada en Manon, se acrecenta en Werther, donde la sucesión de escenas, totalmente cantadas, adquieren un progreso dramático como nunca antes había experimentado la producción de Massenet. Más allá de poseer momentos solistas para el lucimiento de los cantantes, el compositor aplicará algunos progresos del drama musical wagneriano: borra los límites entre escenas evitando cadencias finales, construye escenas sobre “prosa musical” —la música atiende la prosodia del texto sin un esquema impuesto— y crea una intensa red de motivos recurrentes que se asocian a personajes o situaciones, contenida en un cuidado discurso sinfónico.

Junto a su don melódico característico, Massenet hace uso en Werther de un cromatismo más pronunciado, heredero del lenguaje musical de Tristán e Isolda, tal vez buscando la sensación de inestabilidad, tensión y ambigüedad que corresponden a la insatisfacción del protagonista ante la no correspondencia de su amada Charlotte.

La caída del poeta insatisfecho

Gustavo López Manzitti en el primer acto de Werther, producción de Rita Cosentino,
Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2004 / Fotografía de Liliana Morsia

La idea de trasladar la novela epistolar Los sufrimientos del joven Werther (1774) de Goethe a la escena lírica surgió en 1879 por parte del escritor Paul Milliet, colaborador de Massenet en Hérodiade. Tras cuatro años de elaboración, con objeciones y aportes de Georges Hartmann (editor del compositor), se sumó a Édouard Blau, libretista de Le Cid, para realizar el libreto final con el cual Massenet trabajaría desde 1885. La adaptación lírica concentra las acciones del libro de una manera muy teatral, además de dar sustancia dramática a personajes como el de Charlotte, que en la novela sólo es conocido a través de los ojos de Werther.

La ópera, que se estructura en cuatro actos —aunque el último se interpreta sin pausa luego del tercero—, muestra el progreso desesperado del protagonista que culminará en el suicidio, a través de monólogos que expresan su conflicto interior y dúos con Charlotte que van revelando en cada acto las diferentes estados de su relación. Ese nudo dramático de la obra es complementado por otras escenas que distienden la tensión principal y que aportan un color local un poco estereotipado de la Alemania de fines del siglo XVIII.

El segundo acto es un claro ejemplo de esto, tal como observa Steven Huebner en su libro Ópera francesa en el “fin de siècle” (1999), ya que allí se dan cita la música de órgano que proviene de un templo protestante bajo los tilos y el brindis en pseudo-canon de Johann y Schmidt —ya aparecido en el primer acto— en honor a Baco y a los cincuenta años del matrimonio del pastor, antes de ingresar a una taberna, donde seguramente chocarán sus jarros de vino.

Ramón Vargas (Werther) y elenco en el segundo acto de Werther, producción
de Alberto Negrín, San Francisco Opera, 2010 / Fotografía de Cory Weaver

También Huebner identifica algunos elementos que provienen de la opéra-comique y que se integran al drama lyrique para contrastar con la intensidad de la trama principal. La música para el personaje de Sophie, la hermana de Charlotte, se puede identificar con la sencillez propia de la opéra-comique —tanto en su aria del segundo acto “Du gai soleil” como en las intervenciones que tiene en el diálogo con Charlotte en el tercero—, pero también la primera escena, donde los niños ensayan un cántico de Navidad con el Alcalde, es característica por presentar de manera animada a personajes secundarios y elementos corales, aunque en Werther sólo sea un coro de niños.

La evolución dramática y musical que tiene la pareja de Werther y Charlotte, solos, entre ellos y con los demás personajes, es lo más interesante de este drame lyrique massenetiano. Ya desde la escena de entrada del protagonista —uno de los roles para tenor emblemáticos dentro del repertorio— se ve la maestría del compositor para caracterizarlo: el aria “Ô nature pleine de grâce” lo muestra melancólico, un aspecto del personaje que dominará toda la obra, además de remarcar su relación estrecha con la naturaleza, una unión propia del Romanticismo. La desesperación se va acrecentando en cada parte solista que posee Werther. Su monólogo del segundo acto culmina con el aria “J’aurais sur ma poitrine”, agitada, apasionada y cuya tensión llega a un clímax vocal y orquestal.

Para Charlotte, Massenet elige el registro de mezzosoprano, una elección poco habitual para la protagonista femenina de una ópera. Su sonoridad más oscura que la de una soprano se asocia, como hacen notar algunos estudiosos, con el carácter maternal del personaje, en especial en las primeras escenas de la obra. Su evolución dramática pasa de la idealización de su relación con Werther en el primer dúo de clima nocturno, exquisitamente orquestado, a la angustia con la cual comienza el tercer acto, la famosa escena de las cartas: sola, en la víspera de Navidad, relee las cartas de Werther reconociendo el lugar que él ocupa en sus sentimientos, en un arioso desgarrador con un entramado sinfónico protagónico. Ese ánimo sombrío culminará, tras un diálogo con su hermana Sophie, en el “Aria de las lágrimas” que posee un expresivo solo de saxofón alto.

Marcelo Álvarez (Werther) y Elīna Garanča (Charlotte) en el tercer acto de Werther,
producción de Andrei Serban, Ópera del Estado de Viena, 2005

El corazón de toda la ópera se encuentra en el tercer acto, un nuevo enfrentamiento de la pareja que se desarrolla en una escena compleja integrada por diferentes momentos dramáticos en continua progresión. Un monólogo de Charlotte, agitado y a toda orquesta, invocando a Dios para que le ayude a superar su enamoramiento, precede al diálogo íntimo y tranquilo, evocando recuerdos del pasado, con un Werther medido. Finalmente él desahoga su pasión contenida al leer los versos de Ossian en el fragmento más célebre de la ópera, “Pourquoi me réveiller”, un aria sumamente expresiva con forma de lied en dos estrofas. Su sensual melodía no se detiene y es la constante en el apasionado diálogo que le sigue con Charlotte y que finaliza con un nuevo rechazo de ella. Werther, en un breve monólogo sobre el motivo musical de la evocación de la naturaleza del primer acto, toma la decisión de quitarse la vida.

El último dúo de la pareja, él desfalleciente y ella arrepentida y reconociendo su amor, es una escena de gran aliento que posee un entramado sinfónico que apela a motivos anteriores y marcados cromatismos, generando una tensión creciente ante la agonía del protagonista. El despreocupado cántico de Navidad, por los niños y Sophie fuera de escena, aumenta aún más el contraste con el tono melancólico y fatal con el cual llega la despedida de Werther, con un solo expresivo del violín. Así, Werther finaliza con la voz desconsolada de Charlotte, enfrentada nuevamente a las voces de los niños, sobre un angustiante acompañamiento de trémolos en las cuerdas, generando una expectativa que, más allá del acorde final, dejará un vacío imposible de llenar.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Abril 2015

Para agendar
El Teatro Colón presenta Werther como apertura de su temporada lírica desde el martes 14 de abril con dirección musical de Ira Levin, producción escénica de Hugo de Ana y el reparto encabezado por Mickael Spadaccini (Werther), Ana Caterina Antonacci (Charlotte), Jaquelina Livieri (Sophie) y Hernán Iturralde (Albert). Este elenco volverá a presentarse el viernes 17, domingo 19 y martes 21, en tanto que habrá dos funciones, el jueves 16 y el sábado 18 protagonizado por Gustavo López Manzitti (Werther), Clementine Margaine (Charlotte), Oriana Favaro (Sophie) y Cem Beran Sertkaya (Albert). Las localidades ya se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 y los domingos de 10.00 a 17.00 horas, o ingresando a www.teatrocolon.org.ar Entradas desde $100.

Este artículo se basa en el escrito por el autor, publicado en el programa de mano para las funciones de esta ópera en julio y agosto 2012 del Teatro Argentino de La Plata.
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Publicado el 14/04/2015

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