“Buenos Aires es muy musical pero hay menos pianos”

Clarin.com | Ciudades  | 11/06/15
“Buenos Aires es muy musical pero hay menos pianos”
Una café con: Mariano Nante (cineasta).Dirigió la “La calle de los pianistas” donde juntó dos amores. “El del cine nació en Bafici y el de música, en el Colón”, cuenta.
Einat Rozenwasser
Fue el 24 de abril. Mariano Nante –porteño, 27 años, pianista aficionado, director de cine– presentó su primer largometraje, en el cierre de la 17° edición del Bafici, con una proyección excepcional en el mismísimo Teatro Colón. La particularidad era que a la película le seguía un concierto de Karin Lechner y Natasha Binder –madre e hija, pianistas–, las protagonistas. “Una cosa extrañísima, surreal. A nivel personal no era ni siquiera un sueño que hubiera tenido”, dice y abre la computadora que espera en la punta de la mesa del bar para mostrar las fotos de la sala colmada.

Ese festival, esa sala, todo junto…

Ese día dije algo que realmente terminé de procesar pocos días antes del estreno. Mi amor por el cine creció con el Bafici, fui la primera vez cuando todavía estaba en la secundaria y desde entonces voy todos los años. Y mi amor por la música creció en el Colón. Y resulta que me toca estrenar mi primera película ahí. Inmejorable.

¿Por qué ibas tanto al Colón?

Siempre me gustó la música clásica. Empecé a tocar piano de muy chiquito alentado por mi mamá, que me propuso tomar clases y dije, por qué no. Después me empezó a gustar, también la música clásica y el Colón era un lugar fijo de mi adolescencia. Cuando se cerró fue el Coliseo y otras salas, y es un programa que hago bastante seguido. Es un edificio tan increíble que podés ir todos los días de tu vida y siempre te va a inspirar respeto.

Es un lugar emblemático y sin embargo hay mucha gente que no lo conoce…

Pero no es inaccesible. Está ahí. Hay gente que piensa que es muy caro y no es tan así. En una época tenía el abono del Mozarteum para la juventud, iba con amigos o con mis padres, a veces al Paraíso y otras a ubicaciones de las buenas, pero iba, la música está ahí para escucharla.

La calle de los pianistas, la película que hoy llega a los cines (ver Extra Show), cuenta lo que sucede en la rue Bosquet, una pequeña calle de Bruselas en la que en dos edificios apenas separados por una medianera están la casa de Martha Argerich (donde además viven otros pianistas) y la familia Tiempo-Lechner (Lyl Tiempo, sus hijos Sergio Tiempo y Karin Lechner y la hija de Karin, Natasha, de 14 años).

En la película ustedes le dan cuerpo y forma a la música en el marco de una ciudad…

Es algo que estaba casi desde el principio, antes de conocer la calle. Cuando Sandra de la Fuente (crítica musical y coguionista) me contó en una sobremesa que pasaba todo esto y me dijo así, todo junto, la calle de los pianistas, yo ya veía música en una calle y los pianos que se escuchan de un lado al otro, a través de una pared o varios pianos juntos. Esa idea de especializar la música me parecía muy cinematográfica, incluso antes de conocer a Karin y a Natasha, poner la cámara y ver como interactuaban entre ellas. Había algo muy sensorial en esos sonidos que van reverberando y cambiando sus colores en función de donde están y de donde vienen.

¿Acá tenemos lugares que suenen así?

Debería pensarlo. Por supuesto, las calles suenan todas distintas y Buenos Aires es particularmente ruidosa como para que se escuche algo desde afuera. Pero eso era parte del desafío, ver cómo sonaba esa calle más allá de lo que sucedía puertas adentro.

En ciertos sectores es más común la tradición de la formación musical en la infancia…

Buenos Aires es una ciudad muy musical. Lo que me da lástima, en una cosa totalmente nostálgica de una época que no viví, es que cada vez hay menos pianos, creo que en todo el mundo, pero bueno, acá también. Hace 40, 50, 60 años toda casa con algún tipo de inclinación hacia la cultura tenía un piano, y eso se perdió. Por supuesto, viene de la época en la que no había discos y si uno quería música tenía que tocarla.

La vida moderna achica los espacios…

Totalmente, no es práctico. Pero es muy distinto crecer con un piano cerca aunque no sepas leer música. Algunos quedan en los bares históricos y a veces pregunto si lo puedo abrir porque hay algo que me gusta del fetiche del objeto, ver qué piano es, toquetearlo, te das cuenta de que no lo afinan desde hace 20 años y te da lástima. Sabés que es un instrumento lindo y que si lo hubieran mantenido alguien podría tocarlo, pero lo tienen como un mueble y es un poco triste.

Entonces, el Colón…

Lo sentí como espectador porque no lo había organizado. Y pensaba: qué genial que tuve algo que ver con esto que está pasando.

La película de Nante llegó a los cines tras su estreno en el Colón. Foto: Néstor García

La película de Nante llegó a los cines tras su estreno en el Colón. Foto: Néstor García

“Buenos Aires es muy musical pero hay menos pianos”

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