Nadia Muzyca, la bailarina que llevó la danza argentina a lo más alto | Infobae

Infobae | Sociedad | domingo 14 de junio 2015
Nadia Muzyca, la bailarina que llevó la danza argentina a lo más alto
Por: Christian Nobile cdnobile@infobae.com
Es la primera figura del ballet del Colón. Comenzó de muy pequeña y jamás paró de bailar. Su infancia, los viajes alrededor del mundo y la exigencia de ser la número uno, en una charla íntima con Infobae
El primer recuerdo que tiene es de estar junto a la estufa, de madrugada, poniéndose la ropa de baile, mientras su madre termina de hacerle el rodete. Nadia es aún una niña, tiene tan sólo 9 años, pero cada mañana sale de su casa junto con su madre a tomarse el colectivo que la llevará desde Quilmes a Plaza Constitución, y luego al Teatro Colón. Es chiquita, pero sabe lo que quiere.

Hoy esa niña ya es una mujer que logró una destacada carrera dentro de la danza, disciplina que la llevó a bailar en los teatros más importantes de Buenos Aires y el mundo.
Sin embargo, lejos de sentirse ajena a su entorno, sigue viviendo en el mismo barrio de siempre, y sueña con terminar la escuela de danza que está construyendo con sus propias manos para que niños y niñas que compartan esta vocación puedan tener un lugar en el que concretarlo.
-¿Alguna vez te preguntaste por qué bailás?
La verdad es que todo se fue dando naturalmente. De muy chiquita encontré mi vocación, a los cinco años empecé con la danza, cerca de casa, en Quilmes. Mi profesora vio que tenía muchas condiciones, como que me lo tomaba distinto. Quizá las nenas iban a jugar, pero para mí era algo serio, y eso que era muy chiquita. A los 9 años, la profesora habla con mi mamá y le dice que por qué no me presentan en el Teatro Colón.»Tiene buen pie, tiene el físico lindo, estilizado, de típica bailarina, y se nota que le gusta y se lo toma en serio». En casa ni idea sobre el Colón, no había antecedentes de bailarinas, pero mi mamá decidió llevarme y fui pasando los exámenes eliminatorios en el instituto del Colón. Y de repente estaba inmersa en ese mundo tan distinto. Ahí fue que nació mi vocación, de muy chiquita, con tan sólo nueve años.
-Mencionás que sos de Quilmes. ¿Hasta qué punto esto te marcó como persona y sobre todo en tu carrera?
Cuando me presenté en el instituto, veía que las chicas de Capital estaban como más «afiladas», y yo era una chica más de barrio, que había aprendido con una docente de la zona. Yo sabía lo justo y necesario, pero lo que sabía, lo sabía bien. Eso fue lo que creo me hizo entrar al Colón.
-¿Tenés recuerdos de niña? Eras chiquita, venías de un barrio, estabas en el Colón y encima te estaban evaluando…
En esta carrera te evalúan constantemente, es el día de hoy que soy primera bailarina y me siguen evaluando. Me acuerdo de las sensaciones que me llevan a esa época; el viaje tan largo, ir paradas en colectivo con mi mamá. Me levantaba muy temprano, casi de noche. Ella me dejaba la ropa preparada junto a la cama y yo me cambiaba al lado de la estufa, me hacia el «rodetito» y nos íbamos a Constitución y de ahí al teatro. Después volvía a Quilmes para ir a la escuela y muchas veces tenía que volver por la tarde a Capital para tomar clases. Iba y venía. En la escuela, era la «bailarina». A la distancia, lo recuerdo con mucho cariño. Hoy yo veo a las nenas de nueve y pienso » cuánto esfuerzo», pero bueno, de alguna forma, a esa edad yo dejé las muñecas y me metí en este mundo maravilloso.
-Me comentaste que te había salido un viaje a Grecia de un día para el otro. ¿Te siguen sorprendiendo estas cosas que te pasan o ya son parte de tu rutina?
Este particularmente fue un viaje muy sorpresivo. Estaba un domingo en casa tomando mate. De repente me llega un mensaje de Maximiliano Guerra, nuestro director del Teatro, en el que me contaba que me habían pedido de Grecia, del National Opera Ballet, para bailar Cenicienta. La bailarina de allá se había lastimado y la obra se tenía que estrenar el viernes. Lo leí pensando que había posibilidades, pero quedó ahí. El lunes me llama el director del Ballet de allá y me dice: «Nadia, por favor, necesito que vengas». Si bien yo la había hecho esa coreografía, tenía que volver a recordarla y hacerla con un partenaire nuevo.
-Además, la situación de tener que irte de repente…
Claro, yo tengo una vida armada acá, con una agenda bastante movida, y me dice el director: «¿Podés viajar hoy a la noche?». «Y… la verdad que no», le respondo, «tengo las cosas en el teatro…», además ese día tenía una reunión. Imaginate que para viajar a la noche, tengo que ir con tiempo a Ezeiza. ¡No sabía ni dónde estaba mi pasaporte! Me insiste: «Nadia, mañana al mediodía, te lo pido por favor». Y bueno, así fue como el martes estaba viajando de Ezeiza a Roma, y de Roma a Atenas. Llego al hotel y me dan una hora para prepararme, dejo mis cosas y me llevan al teatro. Me prueban el traje, conozco a mi compañero, nos ponemos de acuerdo, y a las dos horas, ensayo pre-general con la orquesta. No solo eso, ¡con vestuario! Yo les decía: «¿Es necesario? Acabo de llegar, hace veinte horas que estoy viajando…»; y sí, había que hacerlo porque necesitaban fotos para prensa… Después salió todo genial.
-¿De dónde creés que sale toda esa fortaleza que tenés?
Creo que tengo un físico privilegiado, igual estuve todo el viaje con el DVD recordando la coreografía, pero Cenicienta fue de cuento, porque por ese mismo ballet fui nominada a los premios Minua, de la danza, como mejor bailarina en Moscú el año pasado. La verdad es que Cenicienta no me deja de sorprender.

Nadia Muzyca.jpg

Nadia interpretando a «Cenicienta», en Greek National Opera Ballet.

-Para alguien que no es del ambiente, la danza parece un ámbito súper competitivo y hasta un poco hostil. ¿Es exagerado esto?

Hay mucha exigencia y competencia. Si bien yo tengo la categoría de primera bailarina, como te decía, es una carrera que siempre está siendo juzgada; los coreógrafos, en cada ensayo, si esta bien el paso, el equilibrio. Estamos muy expuestos todo el tiempo. De todas forma, lo tomó como libertad, porque si no creo que enloquecería, aparte me gusta eso de salir y estar.

-Ahora, más allá de todos los reconocimientos y lugares en los que has bailado, estás con un proyecto personal distinto
Sí, estoy formando mi escuela en Quilmes, mi estudio, con mucho sacrificio, no tengo ayuda de nadie. Lo estoy haciendo como «capital», con buen nivel, donde voy a dar clases. Con camarines, piso flotante, todo lo que se necesita para hacer bien esta carrera. En zona sur no hay escuelas, yo toda la vida tuve que viajar y me pareció bueno hacer algo por allá. Tengo a mi marido que me ayuda, invertimos nuestros ahorros ahí y a mí me gusta viajar por el interior dando clases. Veo la repercusión que tiene, la gente interesada… Es muy a pulmón.

-¿Te imaginás la escuela con una función más social?
Seguramente, la danza hace tan bien, tanto para los chicos como para los grandes, porque hace tan bien a la gente para liberarse.

-¿Qué son los sueños para vos?
Yo creo que cuando uno sueña algo tiene que ir detrás de ellos, muchas veces se cumplen, otras no, pero en el camino se presenta aquello que tenía que ser para uno. Yo creo mucho en el destino, creo que todo pasa por algo. A veces uno desea mucho algo y no se da o se da algo distinto. Lo importante es estar en positivo y no dejar de soñar y que la vida nos sorprenda. Yo vivo soñando, y uno de los grandes sueños que tengo es poder terminar este estudio, este va a ser mi sueño cumplido. Con cariño y paciencia, se puede. El tema es vivir y transitar las cosas tranquila. La vida nos va llevando

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